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OPINIÓN POR BOUZA POL
Los 'medidores' de la Moncloa
Pues parece que se dedican a 'tomar medidas', por paquetes...,
29/03/2009
BURBIALIDADES
...aunque muchos pensamos que lo que más toman es el pelo, y el nombre de España en vano. No llevan mono de trabajo, ni lápiz en la oreja, ni metro, ni nivel, ni plomada, ni escuadra, ni compás…, pero son los “medidores”, los famosos Medidores de la Moncloa.

Antes, cuando los profesionales tenían su aquel y los menestrales eran verdaderos maestros que se desvivían por su trabajo y por enseñar, “tomar medidas” era un arte, tarea esencial, asunto serio y de gran responsabilidad en el que no se permitía equivocación, incluso midiendo “a ojo de buen cubero”. Pero ahora ¿qué?, ¿qué medidas pueden tomar estos “aprendices inexpertos” que nunca “han dado el callo” y pasaron del colegio privado al “chollo público” por el artículo 33, que es el que sigue al 32 y precede al 34? (lo explico para ver si lo asesores lo entienden).

Mis carísimos lectores saben que me gustan las cosas claras, y el chocolate espeso y muy caliente, sin churros y sin porras. Y conociéndome como me conocen, no osarán tomar a rechifla este artículo (brillante como todos), porque es serio. Muy serio, sobre todo ahora al comprobar que España está plagada de expertísimos economistas de secano y, a medida que profundiza el desastre, van surgiendo más y más “talentos”, lumbreras que me cuentan y explican lo de la crisis, y lo bien que ellos la vieron venir.

Yo (perdón por decir yo), que pudiera parecer “duro”, soy en realidad un alma cándida, sensible, delicado y generoso con todo quisque (aunque el quisque sea necio). Prefiero perder de mis derechos antes que molestar al que no sabe, y digo: «¡Qué razón tienes, Paquita!» Luego, para consolarme un poco, vengo y escribo aquí “lo que no está en los escritos”, en los escritos de esos “listillos” que han oído el sonido de las campanas y no saben que son bronces. Si tan “enteraditos” estabais, ¿por qué no lo habéis dicho antes…? Si tan sabios sois, ¿por qué os embarcasteis en un piso de 40 millones de pesetas, como inversión, que cuando sea vuestro, después de 20 años, os habrá salido por 60 y no valdrá ni 30?

En cuestiones económicas, la inflación es como la tensión arterial en el organismo humano: mala cuando está muy alta, y tan mala o peor cuando está muy baja, siendo fatal de necesidad cuando además está descompensada. (¡Conchó, brillante me ha salido este párrafo, seguro que la Facultad de Económicas y Empresariales de la ULE lo incluirá en las “lecciones magistrales” que imparte a sus alumnos, es probable que incluso quieran invitarme para conocerme más de cerca!)

Hemos pasado de una inflación por los cirros (pongo cirros para no ser vulgar, pues también son nubes, pero muy altas), a una inflación a la “bajura del betún” (esto no lo explico), lo que se puede considerar: Deflación, o estrellamiento (esto sí que se sabe). La culpa, casi toda la culpa es culpa del “mal de altura”, que no sólo afecta a los alpinistas escaladores, sino también y de forma muy especialmente peligrosa y dura a las economías de ciencia ficción, raquíticas, mal preparadas para dar el tipo, y competir.

Lo peor de esta deflación es que ha llegado por la inanición del enfermo, y no obedece a medidas o recetas paliativas y correctoras contra su antagonista: la inflación. Aquí no ha habido medidas monetarias porque no puede haberlas, gracias a Dios y al Euro de Aznar; aquí la caída del crédito y del consumo no es consecuencia ni del alza ni de la bajada de los tipos (encefalograma plano); aquí no ha habido, ni hay, ni habrá ninguna medida fiscal, seria y efectiva, que anime al enfermo. En realidad, lo más razonable sería pensar que a la economía española se le puede aplicar perfectamente aquel dicho referido a los glotones tragaldabas que se forraban y ponían “moraos” en los bodorrios y fiestorras: «De grandes harturas están llenas las sepulturas».

Si los expertos creen que bajando artificialmente los tipos van a solucionar algo, apañados vamos: será peor el remedio que la enfermedad. Tipo cero es garantía segura de desastre.

Pero de esto escribiremos en otra ocasión. Mientras tanto, una sugerencia: «Los necios, cuantas menos medidas tomen mejor».

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