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Y así hoy es el día, mil cien años después, en que la simple mención del Reino de León, su existencia y su valiosa aportación a la unidad de España, ha sido borrada de los libros de texto y, lo que aún resulta más insultante, se editan publicaciones con errores o falsedades que llevan el visto bueno de los organismos oficiales especialmente de los autonómicos.
León es en la actualidad una de las provincias españolas que con mayor rapidez avanza hacia el envejecimiento de su población, por lo que malamente pueden imponerle memorias históricas o escolares que aún mantiene vivas. Como aquel mapa geográfico que en los libros de texto de toda España recordaba la extensión que llegó a alcanzar el Reino de León. O la posterior división geográfica por regiones que obligaba a estudiar primero y a recitar de memoria después que el Reino de León lo integraban las provincias de León, Zamora, Salamanca, Valladolid y Palencia. Incluso más tarde, y por el mismo procedimiento político del ordeno y mando del momento, se redujo dicha relación a León, Zamora y Salamanca.
Hasta llegar al actual, caótico y ruinoso estado de las autonomías que todo el mundo critica pero nadie se atreve a reformar, y donde el dedo político dictó a su antojo autonomías uniprovinciales que comparativamente no se sostienen. Logroño, Pamplona, Murcia, sí; pero León no. A unas provincias se las permitió decidir en las urnas su futuro, a León no. Con promesas y mentiras mil veces denunciadas León fue incluída en Castilla.
Entre otras justificaciones oficiales y para tratar de hacer callar a decenas de miles de leoneses manifestándose en la calles, se anunció que la capitalidad, las sedes del gobierno y de las cortes, sus consejerías, serian repartidas entre León y Valladolid. El paso del tiempo, la pasividad, el conformismo y los intereses partidistas cuando no personales de la mayoría de los políticos leoneses hicieron el resto. Hoy llaman pesado a quien recuerda las aberraciones sufridas.
Decíamos al principio que vamos a conmemorar los mil cien años del Reino de León y resulta que nos encontramos con el mismo desinterés o desconocimiento de nuestros dirigentes políticos. Porque mal se puede entender que en el solemne acto inaugural de tal conmemoración se les olvidara colocar la bandera de León junto a las de España y la autonómica. Cuando de sobrar alguna sería esta última.
Poco se puede esperar de unos políticos municipales que desfilan por las calles de la capital del viejo Reino de León, en corporación y bajo mazas, luciendo sobre su pecho una bandas con los colores de la bandera nacional, cuando su representación y autoridad, y de lo que debieran sentirse orgullosos, se limita única y exclusivamente a su ciudad. Nada más y nada menos.
Hay amores que matan, y los de nuestra clase política a la vista están.
