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“Sabemos lo poco que vimos en el periódico. Está bien. Hubo bastante gente… mucha gente. Esa ayuda viene bien”, ha relatado desde el interior del pozo José Antonio Pérez, uno de los siete mineros encerrados. Su día empieza con un desayuno a base de café, leche y cruasanes, pero también con la cabecera de los principales periódicos de la provincia, que sus compañeros desde el exterior les hacen llegar.
“Vimos lo de Montoro. Vaya bajón más grande”, asegura Pérez en referencia al encuentro entre el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, con el ministro de Hacienda, que volvió a reiterar que no hay dinero para el carbón. “Teníamos una pequeña esperanza puesta en este hombre”, reconoce, aunque advierte que están dispuestos a aguantar. “Vamos a estar aquí hasta que nos saquen con los pies por delante”.
"Dicen mucho, luego nada"
A través de leonoticias.com, los mineros del pozo ya conocen las últimas declaraciones de otro ministro, José Manuel Soria, titular de Industria, que en la sesión de control al Gobierno también ha insistido en que no habrá modificaciones en los Presupuestos Generales del Estado para el sector del carbón. Y también el desalojo de los representantes sindicales, que exhibieron este martes una camiseta de apoyo a la minería del carbón en la Cámara Baja, por lo que fueron expulsados.
“Lo que estamos viendo estos días es que todos los políticos nos apoyan todos, pero a la hora de la verdad aquí no hay nada. Nada de nada. Dicen mucho, luego nada”, lamenta José Antonio. Ahora, esperan que a partir del día 18, cuando comienza el periodo de enmiendas en el Senado a los PGE “alguien dé una solución”. Incluso ya, de forma desesperada, “un plan de cierre o algo”. “Ahora no sabemos nada, sólo que por un lado nos fastidian, y por el otro también”, comenta el minero desde el teléfono interior de la mina, hacia donde deben caminar entre los túneles de las entrañas de la tierra durante 15 minutos.
Mientras tanto, las esperanzas a tres kilómetros de profundidad se desvanecen. “Llevamos 24 días aquí. Aguantaremos lo que haga falta, aunque cada vez tenemos menos esperanzas. Hay dinero para otras cosas, pero no para lo nuestro. Y tampoco es un dineral. ¡Es la ostia! Yo no sé si Soria es humano o le han lavado la cabeza…”, comenta.
"Esto se hace eterno, incluso dormir"
Mientras tanto, la rutina en el interior de la mina se hace eterna. Las 24 horas del día “parecen el doble”. Duermen, se levantan, desayunan, leen la prensa, pasean, comen, juegan a las cartas o el dominó, algunos duermen la siesta, otros pasean, cenan, juegan a las cartas y al dominó, duermen… La única nota positiva que rompe el ritmo automático de la jornada es cuando el teléfono suena y, al otro lado del hilo, la voz de un familiar les insufla aliento.
“Esto se hace eterno, incluso para dormir. Estar jugando todos los días a lo mismo y haciendo todos los días las mismas cosas. Ya te aburre todo”, confiesa José Antonio que asegura que su mujer y sus “niños” están “alucinando” con su fortaleza y la de sus compañeros. “Todos los días hablo con ellos. Me preguntan si he comido, si duermo bien… Es la ostia estar aquí y hablar con ellos. Lo pasamos mal, cada vez peor”.
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