Opinión
OPINIÓN POR LUIS ARTIGUE
Los abuelos o razones por las cuales últimamente la actualidad me aburre
Iban, venían, subían, bajaban pero siempre intentando coincidir. Se comían a miradas, que no a besos, porque entonces besar era un rito privado. Con sus encuentros furtivos forjaron un puente que una vez cruzaron y tuvieron seis hijos. Él era cubero y ella oficiaba de columna, o algo así, ya que realmente sujetaba la casa...
09/10/2013
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LA NOTICIA ILUMINADA DEL DIA

... Trabajaron duro en aquellos años duros y entonces supieron del hambre como motor y brújula que va diseminando a las personas por el mapa. Pero sorprendentemente el hambre no les dio resentimiento sino arranque y les dotó asimismo de una cierta solidaridad y empatía para con los que sufren, y eso lo conservaron siempre. 

Él había ido a los frailes, estuvo en la guerra de África, leía lo que podía, era republicano y quería que sus hijos estudiaran. Ella no estaba tan instruida, creía que ser republicano consistía en no ir a misa, de la guerra sólo pensaba en los muertos, y les quería a todos ellos, y le quería a él…

Oh, de los abuelos ahora me ha llegado eso, pedazos de frases a medio coser y suelo en el que apoyarme.    

Su historia se cuela hoy en mi cuaderno para que no se me olvide que todas las historias pueden ser La Historia. Desde esta biografía a vuelapluma o a partir de cualquier otra, se puede hablar de cualquier tema de actualidad     –perdónenme pero ya habrán notado que últimamente estoy muy revelador y muy soñador porque la actualidad me aburre- pero siempre quedará un espacio para la ternura.

Al final y después de darlo todo ella se durmió en ese sueño no elegido mientras él, con su llanto de orujo, no dudó en seguirla lo mismo que un sonámbulo poco tiempo después –bello gesto de amor y sobre todo de costumbre-. 

Recientemente visité su vieja casa, ahora deshabitada, y rejuvenecí mirando el columpio, en el patio. Y el pozo. Las herramientas oxidadas por un olvido lento. Entonces me dio por recordarles como si aún estuvieran por allí –dignos sobrevivientes de si mismos- como si me escucharan. 

Al irnos y cerrar el portón de la calle –quién sabe por cuánto tiempo- la noche invernal de Grulleros nos saludó tan limpia que casi parecía poder leerse el número y el nombre de todas sus estrellas, como dice Neruda en un poema.

Entonces me propuse escribir su historia para no olvidarla. Y firmar la opinión de que en esta sociedad moderna se pondera tanto la juventud, la inexperiencia, la vanidad, la pose, la tontería, la falta de alma en cualquier caso, que mirar hacia atrás empieza a ser no solamente necesario, sino acaso la única función perdurable de la literatura. 

Ahora dos sillas vacías en casa de mis padres recuerdan a los abuelos. Y yo pienso de nuevo que mirar atrás con los ojos abiertos es mirar más allá, recontar huellas, hacer sincero acopio de lo nuestro y por tanto de nosotros; es poseer la capacidad de conocerse y, creo yo, de anticiparse. 

Ahora y siempre, al lado de todo lo que escribo, de mi vida,  del estrés, del mobbing laboral, de mi felicidad a pesar de todo entendida ésta no como obra sino como procedimiento, están los abuelos con su paso lento, sus pequeñas cosas, la mirada espesa que en realidad no estaba para guerras ni paces... 

Pensar en ellos al final de una columna que rescribe su vida es destilar la eternidad así, día a día o grano a grano, siempre aprendiendo, y por eso al recordar su vida la muerte parece más que nunca una interrupción estúpida; como si alguien desenchufara la radio en medio de una canción.

Él era cubero y ella era columna. 

A mí me gusta su historia de papel de estraza porque podría ser la de todo León.  

Luis Artigue

www.luisartigue.es

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