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Aquí en León los jóvenes tenemos mucho que decir, reivindicar injusticias que cada día se comenten, sobre todo en la política. Ayer el secretario provincial del PSOE de León y candidato número dos al Congreso de los Diputados dimitió de la política debido a las presiones que se habían hecho contra él por la prejubilación desorbitada que va a cobrar.
¿Cómo alguien socialista va a cobrar tal cantidad de dinero y encima va a ir al congreso de los diputados? Se preguntaba la ciudadanía. Efectivamente no ha ido, ha renunciado, pero seguirá cobrando la prejubilación de Caja España, que pese a ser criticable, no es ilegal.
Muchos esperaban este anuncio, llevan deseándolo mucho tiempo, incluso aquellos que estaban en su entorno y se hacían llamar críticos. Me supongo que ahora estos tendrán tiempo para lo que de verdad debe importar a los socialistas, que es la victoria de Rubalcaba en las próximas elecciones generales.
Quizás ahora se olvide a Francisco Fernández, pero con el tiempo en León se le recordará como alguien que impulsó la ciudad y la elevó hasta la categoría que se merecía. Los cambios son visibles: soterramiento del cruce de Michaisa, eliminación del paso nivel, creación del INTECO, llegada del AVE... A pesar de este progreso los leoneses decidieron castigarle en las pasadas elecciones municipales.
Y ahora, con ese sueldo de 520.000 euros, el PP de León ha hablado. Piden que renuncie a él, pese a no ser ilegal. Puede que no sea lo adecuado, y menos en tiempos de crisis, pero tampoco es algo ilegal, cosa de la que la señora Carrasco no puede decir lo mismo.
¿Se acuerdan de que esta mujer cargó a Caja España kilómetros como si se hubiera desplazado con su vehículo particular, cuando en realidad usó el vehículo oficial de la Diputación? Ingresaba en su cuenta personal dinero obtenido con el uso fraudulento de bienes públicos. ¿No es esto acaso ilegal? ¿A que espera esta señora? ¿Por qué la sociedad leonesa no le dice nada?
Afortunadamente hay personas que saben rectificar y apartarse cuando lo creen oportuno por el bien de sus compañeros, hay otras sin embargo que se aferran al poder igual que al matrimonio: hasta que la muerte los separe.
