Preparar para imprimir  Imprimir      Enviar por correo  Enviar por email         Cambiar tamaño de texto
OPINIÓN POR BOUZA POL
Las vueltas que da la historia
Ahora que, felizmente, ya tenemos a...
12/02/2011
BURBIALIDADES
...nuestro Bellido Dolfos justamente restituido en su honor y grandeza como héroe leonés en el Sitio de Zamora;  en aras de la verdad, debemos seguir denunciando la mentira cobarde, cruel, e injuriosa de esa infamia conocida por la Jura de Santa Gadea de Burgos y, con ella, las burdas patrañas del romancero castellano, de “Vuestro Cid” (que no mío), engendrado y parido y divulgado para escarnio de la verdad y del buen nombre y nobleza de los leoneses.

Conocemos el manuscrito de la Historia Roderici hallado por el padre Manuel Risco en 1785 en la Colegiata de San Isidoro de León, producido hacia el año 1233, y depositado desde 1852 en la Real Academia Española de la Historia. Sin embargo, hay que hacer constar que, a través de los tiempos, la figura  de Rodrigo Díaz de Vivar (y hasta su misma existencia) ha sido puesta en duda por algunos de los más prestigiosos eruditos, historiadores e investigadores.

Parece claro que el “Campeador” nació, vivió, y murió en el siglo XI, siendo contemporáneo súbdito del esclarecido y valiente rey de León Alfonso VI. Sin embargo, no es menos cierto y evidente que ningún cronista de la época lo menciona ni se refiere a él para nada. ¿Cómo es posible…?

Es a partir de la Crónica General de España del rey Alfonso X El Sabio, muy adelantado el siglo XIII, cuando nace con fuerza la verdad o la leyenda de sus hazañas guerreras contra los sarracenos, si bien es posible o probable que ya se viniera hablando de él algunos años antes, con todo el entusiasmo y la alegría que suele poner el vulgo a la hora de cantar y contar gestas épicas que le llegan por vía oral (hoy conocida como “radio macuto”), con la solemnidad y grandeza de los versos sueltos, o cosidos en los famosos romances castellanos.

En el siglo XVI el Monasterio de Cardeña publicó “Crónica del famoso caballero Rui Díaz de Vivar”, que procede casi en su totalidad de la ya citada Crónica General de España, pero aporta además la novedad escrita de, al parecer, un criado del Cid llamado Aben-Alfange, sobrino de Alfataxi, pero sin noticia ni rastro de ella en ningún otro documento escrito en la época. Recuérdese que el famoso Poema de Almería es, como mínimo, medio siglo posterior a la supuesta fecha en que se dice que murió el “mercenario” castellano.

En este estado de cosas, con mucha confusión y contradicción entre los escritores, no se encontraban huellas de tantas batallas ganadas ni de tantos reyes moros destrozados, y surge una nueva disputa, muy enconada, entre cronistas eruditos de Navarra, Cataluña y otras latitudes patrias, por empeñarse en defender y magnificar a sus respectivos príncipes, condes y monarcas del pasado efímero. En esto andaban, liados y enzarzados, cuando en 1792 el padre Manuel Risco (continuador de la España Sagrada del padre Florez), publica el libro “La Castilla y el más famoso castellano”, para intentar zanjar las disputas diciendo él la última palabra.
Entonces, para impresionar y aplastar a todos los ignorantes anteriores, “se sacó de la manga un supuesto códice latino que había descubierto entre los manuscritos de la gran biblioteca de San Isidoro de León, que se suponía escrito en la época del Cid, con apariencia de crónica, pero tan lleno de sucesos tan exagerados e increíbles que no podían tomarse en serio”, casi como las novelas históricas de hoy en día, digo yo.

Así, casi textualmente, se manifestó, una y otra vez, el erudito sabio catalán Masdeu que, lanzándose a la palestra, publicó su “España crítica”, y, en el tomo XX, impreso en 1805, arremetió con todas sus fuerzas y saberes contra “La Castilla y el más famoso castellano” del padre Risco. Masdeu vino a vivir a León y aquí estuvo algunos años, sin encontrar rastro de tal joya en forma de códice, que había desaparecido sin que nadie supiera nada de él…

A partir de aquí sigue aún más el “lío”. Le salen al paso de Masdeu muchos eruditos castellanos, que defienden la existencia real del Campeador y del “salvador manuscrito hallado en León” (¡qué casualidad, leches…!) Incluso Pedro José Pidal y Juan Eugenio de Hartzenbusch publican artículos en la prensa de entonces arremetiendo contra la “incredulidad” del catalán.

Luego, Conde, investigando documentos árabes en España, creyó encontrar pruebas fehacientes acerca de un gran guerrero al que los cronistas musulmanes llamaban Cide.

Yo, en esto, como en otras muchas cosas, pinto menos que “la blanca doble” en el dominó. Pero afirmo con rotundidad que aunque no existiera el Cid sí existieron sus hijas Sol y Elvira, y que fueron tremendamente maltratadas por un par de canallas castellanos, “fillos de mala nai e ainda moito peor pai “, conocidos por el impío nombre de los Condes de Carrión.

“Rodrigo se quedó de piedra”.

Más o menos fue así.

Y así os lo cuento, con toda burbialidad.
 

Más artículos del autor:
    Genialidades
    El Buscador
    Ciscando van
    Elemental...
    Mal de fondo
    Retrasadines
    Ingratitud
    La columna
    Varietés
    Bouza family
Compartir noticia:            
Preparar para imprimir  Imprimir      Enviar por correo  Enviar por email         Cambiar tamaño de texto
Todas las noticias
Todas las noticias
Diseño WebGrupoSolnet Powered by
SPC v2009 ®