Opinión
OPINIÓN POR LUIS ARTIGUE
 Las ventanas de invierno
Las ventanas de invierno. Francisco Onieva, con dibujos de Jacobo Pérez-Encisco. Editorial La Oficina. Premio Internacional de poesía Cáceres Patrimonio de la Humanidad. “Un hombre mira la lluvia que cae. / La lluvia es del tamaño/ del hombre/ que refugia su silencio/ en ella”…
21/08/2013
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LA NOTICIA ILUMINADA DEL DIA
En el prólogo a su biografía literaria de Valle-Inclán, recién reeditadaahora en la impagable colección Austral, Francisco Umbral se atreve a decir que a “ya los mejores críticos saben que no existe la Generación del 98 porque todo es Modernismo”. Asimismo creemos que en la actualidad ya los mejores críticos saben que no existe la llamada poesía de la experiencia porque todo lo lírico es, en rigor, poesía de la experiencia…

Miren sino el último libro de poemas de FRANCISCO ONIEVA (Córdoba, 1976) titulado LAS VENTANAS DE INVIERNO.

Se trata de una colección de poemas figurativos que parecen instantáneas del yo, casi fotografías de la emoción, poemas que son retratos de uno mismo en segunda o tercera persona para forjar la conveniente distancia meditativa y alegórica, todos con un tono melódico y con lenguaje directo, comedido, profundo, con voluntad de precisión en el adjetivo, con magnetismo y capacidad de fascinación en lasprolijas metáforas y sin embargo también con ese ritmo clasicista de música de cámara que una parte de la poesía actual toma de Gil de Biedma y Ángel González…

Pero, como los anhelos y los sueños en la vida, las metáforas de alta resolución en la poesía siempre vienen del lado de Góngora y las Vanguardias, y hacen por eso que los poemas rebasen la etiqueta experiencial: “Te mueves como orfebre del silencio. Tus pasos sin destino /recorren un lugar misterioso a diario,/ hasta que son devueltos/ por una mano a tu silla de arena”…

Asimismo recorre todo el libro un paisajismo frío y conmovedor que, lejos de remitir al frío existencial de Antonio Gamoneda, viene en este caso de Yves Bonnefoy, el poeta francés amigo del lirismo sobrio y la inventiva disciplinada, el autor del inolvidable libro Principio y fin de la nieve: así se manifiesta aquí en poemas como En la casa nevada, El invierno pasado, Las ventanas de invierno, Nocturno, Parque invernal, Nubes de invierno. Mis ventanas de invierno y, sobre todo Los relojes de sombra: “Una mujer/ arrastra/ una maleta,/ llena de inviernos,/ por el andén”… Parece un frío como espejo de un mundo donde nada es grandilocuente, donde sólo el minimalismo emocional es esplendoroso, donde el poeta logra emocionarnos no a través del confesionalismo o la revelación íntima sino a través de la autenticidad y el sentimiento alegóricamente expresados ambos con transgredida sobriedad….

Cada estrofa pretende ser un punto de partida para la meditación, como en el zen.

Por lo demás se trata de un libro con querencia por las anécdotas emocionales y la sentenciosidad aforística, el cual en su conjunto nos envuelve en un halo de sentimentalidad poco acuciante, trascendental, casi budista a la hora de contemplar el real y simbólico advenimiento del invierno. Tal ejercicio de contemplación reconstituyente del ser que supone la lectura de este libro no sólo nos pondrá en alma en suspensión, sino que además nos llenará la mente de atesorables sensaciones impagables.

De vez en vez vuelve a llamar a nuestra puerta la poesía para devolvernos a lo que somos.

Gracias.

Luis Artigue

www.luisartigue.es

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