Opinión
OPINIÓN POR BEATRIZ SAN MILLÁN PÉREZ
Las vacaciones, el tiempo libre y sus beneficios
Las vacaciones son ese período de tiempo que deseamos que llegue durante todo el año y que, cuando llega, sucede tan deprisa que apenas nos permite acariciar la sensación de libertad de horarios y de responsabilidad en nuestra vida. Tanto es así que puede llegar a causarnos una depresión al volver al trabajo.
14/08/2014
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LA NARANJA MECÁNICA
¿Son necesarias las vacaciones? Todos, sin lugar a dudas, diríamos que sí. Pero, lo cierto, es que muchas personas no tienen vacaciones o creen que no se pueden permitir unos días de descanso. Este es el caso de personas que tienen trabajos inestables o que están desempleadas o, incluso, quienes se encargan de la casa, es decir, los amos y las amas de casa.

Las vacaciones son un tiempo para desconectar de nuestras rutinas diarias y de nuestras preocupaciones. Pasamos las semanas yendo a trabajar o planificando nuestras horas para que nos dé tiempo a cumplir con todas nuestras obligaciones semanales: el trabajo, las compras, la casa, los hijos, etc. Sólo pensamos en el fin de semana que pasa como un suspiro y muchos tan siquiera lo pueden disfrutar porque sus horarios incluyen estos días entre su jornada laboral. Así es que la vía de escape se sitúa en las vacaciones. 

Ponemos todas nuestras expectativas en el periodo de las vacaciones porque son más días y podemos llevar a cabo todo aquello que nos gustaría hacer y no podemos durante el resto del año. 

Por un lado, pensar en las vacaciones nos aporta un punto de evasión en medio del estrés diario porque pensamos que todo el esfuerzo que estamos haciendo a diario tendrá su recompensa. Esto nos motiva y nos da fuerzas para continuar con las rutinas semanales mientras planeamos qué nos gustaría hacer cuando tengamos nuestro periodo de descanso bien merecido.

Por otro lado, cuando llegan de verdad podemos abandonar nuestros horarios estrictos, muchas de nuestras responsabilidades y nuestra planificación milimetrada. Es como si dejáramos de presionar a nuestro cerebro con los deberes de cada día, le quitáramos la correa y le dejáramos campar a sus anchas. Esta es una de las razones por las que a veces nos duele la cabeza en nuestro tiempo libre, lo que se denomina cefalea de fin de semana. Se produce un efecto rebote al pasar de niveles elevados de estrés a un estado de calma mental absoluta.

En nuestro tiempo de descanso no necesitamos ir a otros lugares si no podemos aunque cambiar de escenario también nos ayudará bastante. Lo que de verdad importa es cambiar nuestro ritmo de vida a uno que nos permita relajarnos.

Podemos aprovechar para hacer actividades que en otros momentos no podemos por falta de tiempo o incompatibilidades horarias. El ocio pasa a ser la prioridad y las exigencias quedan a un lado. Podemos olvidarnos de planificar cada segundo de las siguientes veinticuatro horas y dejarnos llevar un poco más por la improvisación. Es el momento perfecto para comer cuando nos apetece, olvidarnos de la hora de ir a la cama, desconectar el despertador, pasar el tiempo que queramos en la cama… Cada día puede ser una aventura o un tiempo lleno de experiencias positivas.

Además, las vacaciones son un tiempo perfecto para retomar el contacto con personas que nos resulta difícil ver durante el resto del tiempo o conocer a otras personas, compartir momentos de ocio e intercambiar ideas y experiencias que nos ayudar a contemplar otros puntos de vista.

Es más recomendable tener unas vacaciones activas, en las que nos movamos que quedarnos en casa a descansar todo el tiempo porque si bien el cuerpo descansa nuestra cabeza no. Si no tomamos contacto con otros aspectos de nuestra vida no romperemos con la rutina y no nos servirá de descanso. La falta de estimulación y de experiencias gratificantes nos llevará, inevitablemente, a nuestra propia rutina apática de la que nos resultará difícil salir hasta que terminen las vacaciones y volvamos a nuestro día a día. 

Además, la inmovilidad hace que no percibamos una sensación de descanso completa porque perderemos resistencia física. Cada vez necesitaremos más descanso físico y cuando tengamos que movernos nos costará más, con lo que la sensación de cansancio irá en aumento.

En resumen, para aprovechar mejor las vacaciones lo ideal es romper con las rutinas y horarios, aprovechar para entrar en contacto con otros aspectos de nuestra vida tanto en cuestión de actividades como de entorno social y tratar de evitar la completa inactividad que nos lleve a la apatía.

Beatriz San Millán Pérez

@PsicoBSM 

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