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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Las trolas que no molan
Conocí a un pobre hombre que se creía sus propias mentiras...
08/09/2009
CON VENTANAS A LA CALLE
...Mentiras tremendas, inconexas, imposibles, bárbaras. Bueno, casi como las trolas que nos mete todos los años en Rodiezmo el tío Zapatero, a la sazón, presidente del Gobierno, los primeros domingos de septiembre. Qué le vamos a hacer. No voy a caer en la tentación de comentar las susodichas mentiras presidenciales, porque eso sería dar pábulo y tres cuartos al pregonero que, este año, no se unció con el pañuelo de la rojería rampante según se pueden constatar las fotografías publicadas en los distintos rotativos. ¿Por qué será?

Aquel pobre hombre de triste recuerdo en nuestro pueblo, vivió su aburrida vida pensando y engarzando sus batallitas mentirosas que, después, soltaba con gran desparpajo entre los que le aguantábamos sus disertaciones. “Oye, fijaos lo que me pasó esta mañana”, comenzaba su cuentacuentos. “Subí en bicicleta a la estación a buscar un paquete y, al llegar de nuevo a la Plaza Mayor, me di cuenta que la bicicleta no tenía cadena”, sentenciaba después de extenderse en un anecdotario recurrente y desesperante a los escuchantes, para apoyar su hazaña, mentía el endino.

Algo parecido a lo del domingo en Rodiezmo protagonizado por don presi: “Seguiremos gastando el dinero público porque aún hay mucho margen para endeudarnos”. O “subiremos un año más las pensiones”. De tu bolsillo no, querido don José Luís, sino del nuestro. Y, además, por ley. La bicicleta sin cadena, ¡oye!

Un día, aquel pobre hombre mentiroso de mi pueblo hizo esperar a unos técnicos de Telefónica, mientras por el aparato parloescuchante contrataba montones de negocios, compraba barcos enteros de hierros, mil mercancías y otras bagatelas.

Hasta que al salir de la oficina y preguntar a los que esperaban, qué deseaban, estos hombres le contestaron que venían a instalarle el teléfono.

Una especie de pasar todo lo anterior a limpio en las campas de Rodiezmo, cuando el primer domingo de septiembre los mineros se reúnen en  torno a los presidentes socialistas y llenan de demagogia barata la campiña, para acompañar las viejas fiambreras romeras, como si fuera el pan nuestro de cada año.

Una mañana de verano, cuando había salido de mi casa con la moral por las copas de los árboles, me encontré con aquel pobre hombre mentiroso compulsivo y me espetó sin apenas haberme dado los buenos días, que para probar su nuevo coche (un viejo ‘ochocientoscincuenta’ de segunda mano), iba a ir a Bilbao, “porque a las tres quiero estar de vuelta en casa”.

Me cagüenlaleche, casi lo mismo dijo el domingo en Rodiezmo el Zapatero, con eso de que en enero estará solucionada definitivamente la problemática del carbón. Una cabronada más en las que está enredado el Gobierno.

Las anécdotas de aquel pobre trolero son infinitas y en mi pueblo, La Bañeza. Las conocíamos todos. Allá por los comienzos de la década de los años 60 del pasado siglo, cuando los autobuses apenas sobrepasaban los doce o treces metros de longitud, nuestro hoy protagonista mendaz nos anunció, en medio de la Plaza Mayor bañezana, que había visto en León un autobús de 25 metros de largo.

En aquel momento, un conocido y campechano abogado de mi pueblo se desenmarañó del grupo que escuchábamos la trola, apoyados en la piedra de la farola (“Esta piedra funeral / representa en La Bañeza / la descomunal cabeza /  de un ilustre concejal” rezaba un cartel cuando descubrieron el monumento el día de su inauguración) y empezó a contar los metros con largas zancadas. Cuando cumplió los 25, se dio la vuelta y vociferó: “No me jodas, fulano (aquí dijo el nombre del mentiroso al que yo no hago referencia porque tengo la vergüenza ajena patasarriba), que esto es una exageración”.

Y yo me pregunto: no hay aún alguien en el partido socialista o entre la camarilla que escucha todos los días a Don José Luís Rodríguez Zapatero, algo parecido a lo que le dijo aquel viejo abogado a nuestro trolero, hoy protagonista de la columna. Al menos cuando hace referencia a los más de cuatro millones (ya veremos la Encuesta de Población Activa dentro de unas semanas) de parados: “No me jodas, José Luís, que esto es una exageración”.

Pero al final, todo habrá que darlo por bueno. Hasta la salsa demagógica de los primeros domingos de septiembre en Rodiezmo. Porque enfrente, en la oposición del Partido Popular, nos han salido ahora con que son creadores de sueños. Toma ya, calamar. Ya se lo hizo decir Don Pedro Calderón de la Barca al Segismundo: “Que toda la vida es sueño / y los sueños, sueños son”. Se baja el telón. Silencio del respetable. Los tomates están muy caros para tirarlos al escenario.
 

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