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—Nada es igual, nada es parecido, nada, nada…
— ¡Sigue, sigue, me encanta, ¿y tú has dicho que no eres poeta…?!
—Soy poeta, sí, sólo por tu culpa.
— ¡Ya será menos, exagerado, mentiroso…!
— ¿Mentiroso…?
— ¡Sí, mentiras bonitas, pero mentiras, siempre mentiras…!
—Jamás le he mentido a una mujer hermosa…
— ¡Y yo que me lo creo…!
—No he mentido nunca, y, a ti, sería imposible además…
—También dices que no te gusta el vino, ¿cómo es posible siendo tan del Bierzo, con tus antecedentes familiares, los Bouza, que llevaron la vid al Nuevo Mundo?
—A mí me gustas tú, que me embriagas y alegras mucho más… (esta es una tontería clásica, imperecedera, pero que hace su efecto.)
— ¡Reconozco que me encanta lo que dices, pero…!
— ¿Pero qué, qué más puedo decirte…?
— ¡Dime lo que quieras, ya puestos, tú a hablar y yo a escucharte…!
— ¿No te gusta, te mareo…?
— ¡Sí, hombre, que sí, pero…!
— ¿Pero qué…?
— ¡Dímelo más cerca, al oído…, a ver si me voy enterando poco a poco…!
—Esto está mejor, muchísimo mejor, maravilloso. Ahora incluso puedo atreverme con una de Fito y los Fitipaldis, ¿quieres…?
— ¡Lo que tú digas, cántame lo que quieras, Carlos…!
—Oh, qué bien suena mi nombre en tu rica boca. Ya sólo falta que me llames “meu rey”, y sería perfecto.
— ¡Pues te lo llamo, Carlos, mi rey…!
—Ves que bien, esto sería imposible si fueras de izquierdas y republicana pero, deliciosamente, eres muy de derechas, y monárquica…
— ¡Cántame, muy bajito, la del Fitipaldi!
—No digas «del Fitipaldi». Di mejor Don Fito y los Fitipaldis, los maravillosos, los mejores músicos, las mejores canciones: «Me equivocaría otra vez», «La casa por el tejado», «Siempre estoy soñando (lo más lejos a tu lado)».
— ¡Tantas canciones sabes de esos tíos…, pues, venga, cántamelas suavemente…!
—«Si un día te atreves a quererme, yo te estaré esperando».
— ¡Precioso!
—«Aún espero el beso que nunca me diste…»
— ¡No desesperes…!
—Mi corazón, mi cerebro, mis manos, mis ojos verdes, todos, todos, todos te quieren…, y yo mucho más, muchísimo más, infinitamente más que todos ellos juntos, los muy tunantes, ¿sabes…?
—Quisiera saberlo, ¡explícamelo, anda…! (Continuará, a lo mejor).
