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El problema, grave problema, es el de siempre: baja el consumo en las “clases humildes” y se mantiene derrochador en las “clases orgullosas”, que no paran de consumir “lujos orientales” a costa de las necesidades básicas e imprescindibles de las personas normales.
Que el señor presidente diga: «Si por algo se caracteriza este gobierno es por el gran desarrollo de las políticas sociales y de solidaridad», paréceme una blasfemia. Blasfemia laica tal vez, pero blasfemia al fin y al cabo, que no admite ni tiene ningún tipo de atenuante. Pero, ¿qué política social han hecho…? Todo eso, que está en el confundido ánimo de la “borreguearía” en general, no pasa de ser una “vulgar estafa” de charlatanes de feria. No se ha mejorado sustancialmente ninguna de las cinco áreas esenciales: Sanidad, Educación, Justicia, Seguridad, Empleo. No quiero excluir de responsabilidades a las Comunidades Autónomas, pero la mayor culpa en el desastre general la tiene el Gobierno Central Monclovita, donde el señor presidente debería “licenciar”, sin galones y sin paga, a todos sus asesores. La “bicha” no es la supuesta política neo liberal –como se empeñan en despachar algunos-, sino las personas y los equipos de mequetrefes. Estos sí que son neo, nuevos necios que pisotean impunemente las cabezas, y los callos, de los sufridos y desasistidos trabajadores.
No hay mejor política social que la que consigue dar trabajo digno a todos los que quieren trabajar, respetando sus derechos, sin menoscabo de la salud, de la libertad, de la seguridad y de la independencia. Lo demás, señores, son paparruchadas y batallitas del abuelo.
No hay que endurecer las condiciones de trabajo, hay que mejorarlas. Los empresarios, en este punto, no tienen ninguna razón razonable. El despido ya es libre, y barato. Lo ha sido siempre, pero ahora, con la CRISIS, es mucho peor, pues la burocracia administrativa humilla despiadadamente a los desempleados y los deja en la indefensión total y absoluta.
El 22-2-1999 La Crónica de León publicó mi artículo: «León, el factor humano», que dice: «…nuestros hijos tendrán que pelearse para conseguir un empleo, igual que los perros vagabundos lo hacían antes por un hueso o un mendrugo de pan. De nada sirve proclamar los derechos humanos si el más principal y fundamental de todos ellos, el derecho al trabajo, no se cumple. El trabajo es el núcleo, el corazón y el fundamento de la vida. Quien tiene trabajo lo tiene todo: ilusión, salud, independencia, seguridad, libertad, poder, y conciencia y dignidad del mundo y de sí mismo. Quien no tiene trabajo no tiene nada. Por eso, el trabajo, el pleno empleo, no puede ser jamás una utopía irrealizable. El trabajo hace al hombre más civilizado y más feliz. Y un hombre feliz no es malo…»
Al desastre made in spain –en el cual el Banco de España colabora decididamente-, hay que sumarle las malas influencias de los organismos parasitarios internacionales, cuyos funcionarios, de mucho predicamento y aun mayor sueldazo, deberían estar todos “encausados” judicialmente por un tribunal popular internacional que les abriera de par en par las puertas de la cárcel. Las madres no tienen culpa.
¡El Papa los excomulgue a todos! Una excomunión general, urbi et orbe, sería un buen ejemplo y el consuelo moral de muchos menesterosos. Como hay Dios.
