Viernes 10 de febrero de 2012 | Actualizado a las 22:16 h.
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![]() Francisco Javier Rodero, director general de las bodegas Pago de los Capellanes firma el convenio de colaboración |
Lo que se hará desde el Instituto de la Viña y el Vino de la ULE será poner en conocimiento de la empresa las características técnicas y sanitarias de los suelos en los que se cultiva la uva, así como de las propias plantas, para poder aconsejar posteriormente sobre las mejores actuaciones en este terreno. Una vez analizada su composición, se buscarán las mejores dosis y las características más adecuadas para su incorporación a los viñedos.
El director del Instituto de la Viña y el Vino, Enrique Garzón, expresó su satisfacción por poder trabajar con esta nueva empresa y explicó los cuatro pilares básicos en los que se sustentan los grandes vinos, como son el clima, la planta, el suelo y el manejo, un elemento éste último en el que puede intervenir el hombre. “Es el único aspecto en el que podemos ayudar para que cada vez los vinos sean mejores”, dijo.
Por su parte, el director general de las bodegas Pago de los Capellanes, Francisco Javier Rodero, reconoció que lo que se intentará es mejorar la producción a través del estudio de las características de la tierra para conocer las posibilidades de superación y buscar la fórmula más adecuada para conseguir “una calidad excelente”, dijo. “Ésta es una investigación y desarrollo muy importante para nuestra bodega” que permitirá que los enólogos puedan conocer mejor el fruto “según sus características”, añadió.
El convenio que hoy suscribieron ambas partes tendrá una vigencia de un año, aunque podrá prorrogarse una vez que concluya y si ambas partes están de acuerdo. Además, el acuerdo contempla la constitución de una comisión mixta formada por dos representantes de las bodegas y otros dos de la ULE que se encargará del estudio y las propuestas de los proyectos, así como de las actividades que se pueden desarrollar.
La bodega Pago de los Capellanes está en las inmediaciones de la localidad burgalesa de Pedrosa de Duero. Su producción reducida permite el estricto control de la calidad final del producto, así como un seguimiento personal de todas las partidas embotelladas. En los viñedos de la bodega tan sólo se permiten 5.000 kilos de uva por hectárea, por debajo de los 7.000 kilos permitidos por el Consejo Regulador de la Ribera del Duero.
