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Con unas temperaturas más propias de enero que de abril, también la lluvia hizo sufrir a los papones que con tanta ilusión anhelaban el momento de su procesión. La Pasión del lunes no pudo salir a la calle y sus tres pasos tuvieron que quedarse en Santa Nonia, pero el día que mas daño hizo el agua fue el Viernes Santo por la tarde, día grande por excelencia, que impidió que procesionara las Siete Palabras e hizo retirarse apenas iniciada la del Santo Entierro, en lo que parece que fue un acto visceral y poco cerebral del abad de Angustias.
No es ninguna tara para nadie que, en su abadía, una procesión no salga porque el tiempo aun no lo domina el hombre y debe ser más importante cuidar el patrimonio, la salud de los papones y del público de las aceras, que desfilar presidiendo cualquier cortejo. Con todo ello el balance debe ser muy positivo para la ciudad que ha estado colmada de visitantes, establecimientos llenos, hoteles hasta varios kilómetros sin una plaza libre, etc.
Aunque de los hosteleros hay mucho que decir pues ellos son los grandes beneficiados de esta gran semana a la que con tan poco contribuyen. Colocar carteles en sus cristaleras y hacer tapas especiales es muy escasa aportación para con unos pocos días que les ayudan a conseguir una buena parte de sus ingresos anuales. Los medios de comunicación locales si que apoyan y prestan un magnífico servicio con la difusión e información cultural de todos los actos, tal vez por eso llama la atención que dos presentadores de la tele local llamasen uniforme a la túnica y gorrito al capillo, o que la procesión del Entierro, la organizara este año, Minerva. Son detalles que deberían cuidar más porque en otros espacios de la misma cadena si ha habido verdaderos expertos informando cuidadosamente.
Confieso que hay una noche en la que me encantaría que lloviera toda el agua posible, hasta las seis de la madrugada. Es la noche del Jueves al Viernes, cuando unos irreverentes celebran un botellón gigante que disfrazan de recuerdo a un patético personaje al que ninguno de los que asisten a ella conoció y muchos dudan de su misma existencia.
La verdad es que toda la noche lloviendo sería poco castigo para esa turba de colgados que se desplazan hasta la Carretera de los Cubos, aunque supongo que la inclemencia meteorológica la tratarían de combatir bebiendo en los bares de la zona. La verdad es que conocidos los antecedentes del homenajeado, putero y borrachín, tal vez alguno acuda a ese bodrio pseudofestivo, pensando en encontrarse con sus ancestros familiares.
El colmo de la cosa casposa es atribuirle a ese pobre hombre hasta tres milagros al menos. Dos de ellos, el que habla de la retirada de la puta que lo encontró moribundo y el de la pifia de un portero de fútbol para ayudar a la Cultural en un ascenso, tienen la misma credibilidad que la de algún alcalde leyendo la epístola en una misa de boda. Del tercero que dicen ayudó a nuestro paisano a ganar las elecciones del año 2004, si pudo considerarse un milagro, pero no gestado entre dos cubos de la muralla.
Sigo esperando que el próximo año se cumpla mi deseo y esa noche caiga la mundial en forma de agua y deje de hacerlo con tiempo suficiente para que la procesión de Los Pasos, salga a engrandecer la Semana. Yo seguiré levantándome a las seis, para acudir puntual a la salida de mí procesión y cruzándome en la calle con indeseables que tras la noche de orujo y limonada, te lanzan gritos o insultos, eso si, en grupo, porque de uno en uno les falta valentía.
También pido perdón a los hermanos de la Ronda por si esa noche se mojan en su recorrido protocolario, pero ellos con dos o tres paraguas lo tienen arreglado y además pueden saltarse la parada en la Diputación, porque no van a encontrar a su Presidenta ya que ella prefiere vacacionar en esas fechas. Este año para recibir el otoño argentino y ¿el próximo?
