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Me acordé de esta anécdota el pasado viernes, dentro de la Jornada de Debate sobre las Comunicaciones entre Portugal y León, celebradas en La Bañeza. En un momento dado, el presidente del Círculo de Empresarios de León y buen amigo, Domingo Fuertes sacó a relucir un dicho de hace más de 50 años, el cual apuntaba que los que más supieron de caminos y de rutas eran los estraperlistas. Y citándonos a Chencho y a mí, más por la edad que por las conocencias, matizó que la carretera C-622, entre León y Bragança siempre fue la ruta de los estraperlistas. Todo ello, como aseveración a su tesis, dentro de la ponencia que desarrolló en la mencionada jornada.
La ruta de los estraperlistas, con parada y fonda en Calabor, donde se realizaban las transacciones de café, carne, toallas, etc. Hoy en busca de su desdoblamiento en autovía. Esa es, desde hace casi 20 año, la aspiración de un montón de municipios, asociaciones empresariales y técnicas y gentes entre León y Bragança, con extensiones a O'Porto (en el Atlántico) y Gijón, Santander y Bilbao (en el Cantábrico), pasando por el Páramo y la Valdería, en León y la Carballeda y la Sanabria zamoranas.
Cerca de un centenar de técnicos, profesores de universidad, periodistas, concejales, alcaldes y políticos en general salimos convencidos de la necesidad de esta Autovía León-Bragança, después de un día de comunicaciones y trasvases de información entre los asistentes de los dos países. Todos (o casi todos), con el propósito de la enmienda de presionar a las administraciones (Central y Regional) de iniciar los trámites y el expediente, para llevar a buen término esta ruta necesaria, barata y competitiva para España y Portugal.
Casi convencidos y temerosos, como después de una tanda de ejercicios espirituales para adolescentes en los años 50 del pasado siglo, tras el axioma jesuítico de "mira que te mira Dios, mira que te está mirando, mira que vas a morir, mira que no sabes cuando", que desembocaba en la frase lapidaria aquella de "tate, tate pecador, que en el infierno no hay bomberos ni extintores", para más acojono y dejar de pecar. Mi filosofía sobre esta iniciativa quedó plasmada en un artículo, publicado en este periódico digital el día 11 de noviembre del pasado año, y en el que aún está colgado, bajo el título 'León-Portugal, lo más corto, por La Bañeza'. Unas tesis que, el último viernes quedaron corroboradas en casi su totalidad.
Lo jodido va a ser, cuando toda esta unanimidad política, empresarial, universitaria y asociativa se rompa en el primero de los extremos, el político. Dios no lo quiera. Pero no soy nada optimista. Los propósitos de la enmienda se rompen a poco que la tentación se ponga a bailar alrededor. Una tentación que, en este caso, vendrá dada por la disciplina de partidos (PP y PSOE), cuando alcaldes, concejales y políticos en general asistentes a la jornada, intenten presionar respectivamente, para sacar adelante el proyecto. Un proyecto que, en el lado del Portugal, ya está en marcha.
El aviso quedó dado en palabras de varios ponentes universitarios: "Aquí tenían que estar el concejero Antonio Silbán y alguien del Ministerio de Fomento" (no se atrevieron a nombrar a la titular Magdalena Álvarez, por aquello de que su gafe y mal fario hace descarrilar hasta la traviesas de las vías). El aviso lo ya matizaba yo hace dos meses con otras palabras. Porque el PP de la Junta de Castilla y León ya dijo entonces al procurador leonesista Joaquín Otero, que la autovía León-Bragança no era necesaria, por boca de su presidente Juan Vicente Herrera. Y el PSOE, que la prometió en la campaña electoral del 2004, no ha movido ni una pluma para empezar los papeles. Y con ello vendrá lo del padre jesuita de los ejercicios espirituales: "Tate, tate, pecador, que en el infierno no hay bomberos ni extintores".
La vieja ruta de los estraperlistas, convertida en autovía, sería la mejor solución en las comunicaciones entre Portugal, León y Europa, con todo lo que ello conlleva para los pueblos por los que pasa su trazado, tanto en el desarrollo empresarial, como en el turístico, patrimonial y cultural. A la vez que enlazaría otras vías rápidas de la envergadura de la de Asturias, León-Astorga, León-Benavente, de las Rías Bajas o la del Noroeste. Sin contar las gallegas, las asturianas y vascas del Cantábrico.
Jornada redonda de buenos propósitos, pues, aunque con diez o quince años de retraso. A la vez que a destiempo. Dado que estamos entrando en el tren electoral del 9 de marzo, en el que nos lloverán promesas a diestro y a siniestro para este proyecto. Pero, para las que propongo la presencia de nuestros abogados respectivos, así como una batería de notarios que levanten acta. Porque a los políticos de ahora ya no les valen los axiomas jesuíticos de hace 50 años: "Mira que te mira Dios, mira que te está mirando…". Y es que, aparte de descreídos, no tienen palabra de honor. Si lo sabremos los votantes.
