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O tan pronto nos manifestamos enardecidamente contra el envío de ejércitos a territorios ajenos, como alabamos esos mismos envíos a lugares semejantes y con el mismo cometido.
Ahora está de moda la Obamanía. En estos tiempos alborotadores y alborotados todos nos sentimos “Obamanistas” . No sé lo que hemos querido encontrar en el nuevo presidente americano. Puede ser que hayamos visto en él al prestidigitador que acabará con todos nuestros males, o que en su actitud veamos un rayo de esperanza con capacidad de transformar este endiablado mundo, o nos haya emocionado la singularidad de una persona de color dirigiendo las Américas y el resto del mundo, o simplemente sea el atractivo de un chico joven y guapo, sencillo en su porte, natural al hablar y con convicciones firmes.
Todos le hemos rodeado de una aureola mesiánica y desde nuestro Presidente Zapatero hasta el más acérrimo anticapitalista le hemos colocado en el pedestal de nuestros propios ídolos. Con un arrebato emocional se copian sus frases, sus gestos, su estilo y algunos osados líderes políticos hasta su imagen electoral.
Por supuesto que yo no pensaba sustraerme a esta corriente “obamanista” y me había hecho del club.
No solo ya estaba empezando a canturrear en la ducha la deliciosa melodía “My Country Tis of The” que le dedicó Aretha Franklin en su toma de posesión sino que esperaba con impaciencia la aparición de los consabidos vasos o platos de cerámica grabados con la imagen acaramelada de la pareja presidencial para comprar muchos y colocarlos en lugares importantes de mi casa. Tentada estuve de adquirir una buena camiseta serigrafiada, con la foto del Presidente americano mostrando esos maravillosos dientes blancos. para lucir en mi “footing” diario.
Pero algo me ha hecho cambiar de repente y sin que todavía tenga motivos para ello, abandono, ya tengo otro ídolo.
El otro día en un medio televisivo escuché una estupenda entrevista a una escritora que hasta entonces era para mi completamente anodina que nunca me había interesado y que por el contrario la había situado en el lado de los que se valen de su situación social para sobresalir profesionalmente. Carmen Posadas fue para mí una auténtica revelación. Su naturalidad y sencillez relatando su infancia familiar- descendiente de familia diplomática- y su postura ante la vida mostraron la categoría personal y profesional que lleva dentro.
Pero además -que osadía la mía- me sentí completamente identificada con su posicionamiento ante la situación de la mujer “en el primer mundo”, lo que ella entendía por feminismo, ajeno completamente a ciertos movimientos feministas actuales. Con qué encanto le contestó al entrevistador que ella no renunciaba a las “armas de mujer”.
Ví en ella una luchadora tranquila, dulce e infatigable y admiré sus reflexiones ante los momentos de adversidad por los que tuvo que pasar, sobre todo en las graves situaciones judiciales que padecieron ella y su marido Mariano Rubio, su renuncia a mantener cualquier rencor, su desahogo en la vida literaria y su postura ante la vida que la disfruta con los pequeños momentos sin ostentación ni avaricia.
En fín se nota que me he convertido en su fiel seguidora, y comienzo a expurgar en sus artículos, leer sus comentarios y disfrutar con sus libros. Lo siento por Barak Obama que ha perdido una fans.
