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OPINIÓN POR DIEGO MORENO
La hora de los valientes
La comparecencia del presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados constituirá...,
19/05/2010
TRIBUNA
...sin lugar a dudas, uno de los momentos más importantes de esta legislatura por la dificultad del momento y por la trascendencia de las medidas anunciadas. Con el tiempo, es probable que perdamos la percepción de la gravedad de la situación actual pero, sin embargo, siempre permanecerá en nuestra retina su rostro cansado y angustiado el día en que anunció el recorte drástico del gasto público y siempre pensaré en esa como ‘la hora de los valientes’.

Después de la reunión del Ecofin, dos cosas quedaban claras. En primer lugar, la urgente necesidad del Eurogrupo de acudir en ayuda de Grecia, comprándole la deuda, con el objetivo último de proteger la moneda común. Y en segundo lugar, reforzar la confianza del propio sistema, exigiendo a los países miembros la aprobación urgente de medidas que avancen más rápido en el cumplimiento del pacto de estabilidad presupuestaria. En ese sentido, España, cuya situación nada tiene que ver con la de Grecia, a estas alturas huelga decirlo, recibió un encargo más duro, no porque tengamos una economía debilitada, que no es el caso, al menos no más de la media europea (cabe recordar que nuestro déficit es muy inferior al de países como Alemania) sino porque un alto porcentaje de nuestra deuda se halla en manos del mercado exterior y en los últimos días hemos sido víctima de las amenazas de especuladores, que pretendían sacar rédito de nuestra economía sembrando la desconfianza internacional sobre ella. Por cierto, el recién estrenado Primer Ministro británico, David Cameron, anunciaba medidas de igual signo, supongo que a juicio de algunos, en un gesto individualista y de mera improvisación. Como en Portugal.

Pero no es mi intención realizar un recorrido por lo acontecido durante estos días porque las páginas de los periódicos ya lo ilustran suficientemente. Creo que en estos momentos, como parlamentario leonés del grupo que sostiene al Gobierno, debo realizar algunas reflexiones acerca de la idoneidad de las medidas y de las repercusiones que éstas tendrán  sobre la gente de a pie. En primer lugar, hay que decir que, en vista de lo acontecido, no sólo son adecuadas sino necesarias y muy urgentes, y que además es éste y no otro, como se ha sugerido desde la oposición, el momento en el que es posible plantearlo.

Después de apuntalar al sistema financiero de nuestro país para evitar que se derrumbara en los primeros compases de la crisis, después de asegurar los depósitos de los ciudadanos para que no cundiera el pánico y se produjese una retirada masiva de efectivo de las entidades españolas, después de compensar la caída de la inversión privada mediante un gran esfuerzo público, buena parte canalizado a través de los ayuntamientos, y después de que la economía comience a presentar síntomas moderados de recuperación, éste es, sin duda, el único momento factible para limitar el gasto público. Algunos dicen que debería haberse hecho hace año y medio, pero confunden lo que ellos hubieran deseado con lo que hubiese sido correcto, puesto que, durante todo ese tiempo, gracias a la inversión pública, se ha conseguido mantener la cohesión social y se ha propiciado el inicio de la recuperación económica.

Cuestión distinta son las partidas presupuestarias que se han visto afectadas. Y aquí entramos en la parte más dramática de la decisión, y que sin duda más pesaba sobre los hombros y el semblante del Presidente. A la espera de conocer los matices, todo apunta que las medidas afectarán a un gran número de personas, a las que nos costará mucho convencer de la necesidad de las mismas. Pero en este sentido, hay que recordar  algunas cosas. En primer lugar, que nos hallamos ante la crisis económica y financiera más grave de los últimos ochenta años y que no será posible transitar por ella sin reducir ni siquiera un ápice nuestro nivel y modo de vida. Durante estos meses de atrás, han sido las personas que han perdido su trabajo quienes han soportado las peores consecuencias, tan sólo atenuadas por las prestaciones por desempleo y por el resto de políticas sociales. Y ahora, toca al colectivo que cuenta con una mayor estabilidad en el empleo y con mayores garantías salariales realizar este sacrificio involuntario para contribuir a escalar la montaña de la crisis y, de ese modo, a seguir construyendo el proyecto colectivo de País.

Y en segundo lugar, no parece lógico pensar que precisamente, el Gobierno que ha impulsado la creación de un sistema público para la atención de las personas con algún tipo de dependencia, y el mismo que ha comprometido durante los últimos seis años el aumento considerable de las pensiones mínimas y no contributivas, ¡una media de un 30%, no lo olvidemos!, haya tomado estas medidas a la ligera y sin un mínimo de rigor. Nada más lejos de la charlatanería del Grupo Popular, que todos los días nos trae a la cámara nuevas propuestas que requieren gasto público y que de ser llevadas a la práctica no harían sino agudizar nuestra situación de déficit. Luego, en estos debates, propone soluciones tan serias como recortar las subvenciones a partidos políticos y sindicatos y unificar Ministerios (no sabemos si suprimiendo también las políticas que desarrollan) no alcanzando la suma de todas ellas ni una centésima parte de lo requerido. Pero esto ya no extraña a nadie y deja claro que los españoles no podremos contar en esta crisis con la colaboración de los conservadores puesto que se encuentran muy ocupados echando tierra sobre el caso Gürtel, alentando la causa contra Garzón o planeando su vuelta al poder, a lomos de la desgracia colectiva.

Cabe recordar que fuera de este recorte generalizado se han quedado las políticas del Gobierno que afectan a la juventud. De este modo, seguiremos contando con el mayor número de becas de toda la historia de España, recientemente dotadas con un 3,5% más para el curso 2010-2011, demostrando así el claro compromiso del Gobierno con la formación como pilar básico que garantiza el futuro de nuestro país a medio y largo plazo. Igualmente continúa en vigor la Renta Básica de Emancipación, que ayuda a que todos los días cientos de miles de jóvenes puedan continuar viviendo de un modo más independiente.

La actividad política, a pesar del desprestigio al que se ve sometida actualmente, requiere de dosis altas de responsabilidad acordes con la trascendencia de las decisiones que haya que tomar. Ésta, sin duda, requería de una dosis gigante y el Presidente del Gobierno, nuestro paisano Zapatero, ha demostrado, aunque con dolor, valentía para tomarla. Y esta es la hora de los valientes.

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