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El caso es que, ayer, vuelto a la feliz realidad cotidiana, comprobé el estado del mercado, de la inflación, del IPC, de la carestía de la vida, del deterioro y pérdida del valor de mi dinero y de la consiguiente caída de mi poder de compra, dejando un pastón tremendo en un supermercado, a razón de: pimiento rojo a 1,65 euros el kilo; pimiento verde de freír a 1,35; judía plana a 2,49; calabacín a 1,29; sandía a 0,95; y patatas nuevas a 2,99 la bolsa de 3 kilos. En fin, que es una gran pena que los alimentos básicos estén por las nubes; que los agricultores trabajen y suden para los intermediarios de cuello duro y blanco; que para poder llenar el carro de la compra tengas que ser rico y poderoso.
No creo que de esto tenga la culpa Alemania, por mucho que se empeñen en descalificarla esas dos docenas y media de enchufados tertulianos absolutamente cautivados por el atrevimiento y la ignorancia, al menos cuando abordan asuntos económicos. Se creen estos privilegiados “vividores” que lo mismo valen para un roto que para un descosido, para hablar de los resultados electorales y del sexo de los ángeles lo mismo que de la cacareada reforma laboral, de la crisis, y de la economía. Nadie les ha dicho (se lo digo yo ahora) que el que sepan hacer y estampar y lucir la letra o, bien redondita, sin el eficaz auxilio del canuto, no les califica en absoluto para hacer el cero, alargado, vertical, majestuoso, pues carecen totalmente de flexibilidad instrumental, de praxis y de destreza operativa. Y si no dominan el número cero ¿cómo se atreven con cifras de mayor cuantía…? «Jardinero a tus jardines», dice el refrán: pero no hay tu tía…
La opinión no es libre, la ignorancia y la tontería sí, sí lo son, y no es posible evitar que salgan por televisión a todas horas todos los días.
En fin, queridos lectores, que no quiero ahora amargarles la vida escribiendo acerca de “cuentas de resultados”, “balances”, “efectos zapatero” y demás desastres made in Spain, pero, eso sí, les dejo un buen consejo:
«No hagan ustedes ningún caso a los ignorantes mastuerzos que queriéndose presentar como ilustrados no alcanzan siquiera a comprender, ni por asomo, la diferencia tan sencilla y elemental (aunque sustancial) que existe entre “contar” y “contabilizar”».
Pues eso.
Con toda burbialidad.
