Opinión
OPINIÓN POR BEATRIZ SAN MILLÁN PÉREZ
La empatía 
Si tuviéramos que definir el término empatía nos daríamos cuenta de que algunas personas no habrían oído hablar de ella. Otras pensarían que es lo mismo que simpatía y otras, las más acertadas, lo definirían como “ponerse en el lugar del otro”.
23/05/2013
  Preparar para imprimir  Enviar por correo
LA NARANJA MECÁNICA
Pero la empatía no consiste sólo en pensar “si yo estuviera ahí” o “si a mi me pasara eso”... Esto sería más bien ponerse en la situación del otro. La capacidad de empatía va un poco más allá y consiste en ser conscientes de cómo es la otra persona y reconocer sus pensamientos, sus sentimientos, sus reacciones, etc. para saber lo que está sintiendo en una situación determinada.

Esta capacidad es la que nos hace ser seres sociales porque nos permite comunicarnos y entendernos. La comunicación no es sólo el mensaje que queremos transmitir sino que en la comunicación estamos cada uno de nosotros con nuestros anhelos, nuestras ilusiones, nuestro pasado, nuestras experiencias y nuestra forma de ser. Y esta misma capacidad es la que nos permite ser altruistas y desarrollar conductas de ayuda a los demás, respetar los derechos de los otros y establecer vínculos afectivos con quienes nos rodean.

Una de las situaciones en las que mostramos nuestra capacidad de empatía es cuando leemos un libro o cuando vemos películas. Somos espectadores y, por tanto, no estamos viviendo la misma situación que nos relatan. Sin embargo, rápidamente nos identificamos con uno de los personajes, normalmente con quien hace el papel de protagonista. A lo largo de la historia experimentamos las mismas sensaciones que este personaje e incluso anticipamos algunos sentimientos, ideas o acciones basándonos en su forma de ser. Por eso, los libros, las películas, las series o el teatro nos hacen llorar, nos emocionan, nos ponen en tensión o nos agitan por dentro. Incluso, cuando en la historia se trata algún tema controvertido o se relatan hechos que en otro momento juzgaríamos y castigaríamos en estos casos nos volvemos más condescendientes y “comprendemos los motivos  por los que actuó así”. Al conocer todas las circunstancias valoramos los hechos y los valoramos como si realmente fuéramos nosotros mismos, nos ponemos en ese lugar de verdad. Es más, muchas veces sentenciamos con expresiones del tipo: “le podría pasar a cualquiera.”

Esta capacidad de pensar en otros pasa por tener conciencia de uno mismo. Si no somos conscientes de quiénes somos, cómo somos, qué sentimos, cuáles son nuestras motivaciones, etc. será mucho más difícil que podamos pensar en los demás. Por lo general conocemos todas esas sensaciones y emociones porque las hemos vivido directa o indirectamente y por esto, también, somos capaces de reconocerlas en los otros. 

Existen personas que carecen de la capacidad de sentir empatía hacia nadie. Son las personas antisociales o los que, habitualmente, llamamos psicópatas. Esta carencia es la razón por la que son capaces de engañar, manipular, estafar, asesinar y hacer todo tipo de actos que calificaríamos como inhumanos. En realidad, estas personas no están reconociendo el sufrimiento de sus víctimas ni siquiera se plantean que pueda estar sintiendo nada, sólo buscan su propio placer y beneficio y tratan a los demás como si fueran objetos.

En cambio, algunos animales sí poseen la capacidad de ser empáticos, por ejemplo algunos simios (no todos) como los chimpancés o, algo sorprendente, los elefantes. Esta capacidad hace que puedan vivir en sociedad y establecer redes de comunicación y lazos afectivos entre unos individuos y otros del grupo. No se trata de la selección natural donde sobrevive el más fuerte sino que unos ayudan a otros para que sea la especie la que sobrevive en lugar de un solo individuo. Indudablemente, esto es más beneficioso a lo largo del tiempo.

Gracias a la empatía entendemos que los demás son necesarios en nuestra vida porque nos ayudan y nos complementan, lo que a su vez refuerza esta capacidad. Este famoso proverbio indio resume el artículo y define muy bien el término:

Antes de juzgar a una persona camina tres lunas con sus mocasines”.

Beatriz San Millán Pérez

psicobsm.com 

 

Más artículos del autor:
    El apego
    El miedo
    Los celos
  Preparar para imprimir  Enviar por correo