Opinión
OPINIÓN POR LUIS ARTIGUE
La Embajada de León en Madrid
Es como un caserón entrañable que huele a provincia del alma y a tinta y a mucha familia y a medio puro apagado recién masticado…
10/12/2014
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LA NOTICIA ILUMINADA DEL DIA
Ha envejecido mucho aquella novelita policial de Ricardo Magaz titulada LA EMBAJADA (Ed. Endymion), apelativo cariñoso y maximalista y románticamente contestatario con el que el escritor cepedano se refería a la sede de la Casa de León en Madrid –lugar acogedor y nostalgioso y conservado entre sombras como la buena cecina y los mostruos; lugar que algo tiene aún de madre de antes con batón y con rulos y ojos lagrimeantes- la cual se diría que está sita en la recoleta Calle del Pez desde que se inventó el catarro.

Ya se sabe: los lugares con poso y con memoria se asemejan siempre al golfo que se sube a las farolas para ver pasar la Historia.

Y en este sentido la Casa de León en Madrid, que fue ya refugio de talento en los posguerreros tiempos de estudiantes pícaros en la capital de España de pintores célebres como Modesto Llamas Gil, y que tuvo no poco de enclave neurálgico donde se ha aglutinado el verbo y el talento de perdurables escritores como José María Merino, Juan Pedro Aparicio, Julio Llamazares o Luis Mateo Díez además de otros empresarios y profesionales exiliados de esta tierra nuestra rica pero poco peleona, y mal gestionada, y mal tratada y por eso en perpetua recesión, ha adquirido ya hace mucho la condición de símbolo.

Una tierra, Azorín lo dijo, son las gentes con sus suelos y costumbres, y su memoria, y anhelos, son sus huellas y sus símbolos.

Pero viene ahora la Junta de Castilla y León así, como una señora gorda y sin frenos, o como ignorando que no se trata de una conquista sino de que dos regiones históricas han unido sus fuerzas para conformar una comunidad autónoma aunque esto sólo funcionará si la relación es simbiótica, a quitar la subvención de ese símbolo que es la Casa de León en Madrid. ¿El motivo? Que rehúsa pasar a ser la Casa de Castilla y León en Madrid...

Viene ahora la Junta de Castilla y León como un censor pedestre, o como un elefante en una pista de hielo, a pisotear una metáfora. Viene a fabricar la igualdad de añoranza por decreto igual que en los viejos tiempos de opiniones únicas y muertos afeitados por la luz de la luna.

Con el corazón en la mano y sin miedo a temblar y que se nos caiga al suelo leonés en el que hemos nacido solicitamos, con apasionamiento y justicia, que se reconsidere esa decisión autonómica y dejen en paz la Embajada.

Luis Artigue
www.luisartigue.es 

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