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A saber de qué serían capaces si no esperasen más que hacerse ceniza, que su amenazante -y para mí tan rico por su sencillez, certeza y liviandad- polvus eris et in polvus reverteris, si nada temiesen, si plusvalía alguna no esperasen. Más vale no pensarlo, da, dan, miedo.
No, no voy a responder. Que sobre su conciencia quede y que nada de ella les prive por el tiempo de los tiempos. Ni mi desprecio les brindo, refuerzo mis escasas certezas, agrando mi prevención. Y no les regateo mi generosidad. Aún siendo como soy, por mejor que ellos me tengo.
De ahí que les brinde, por si su creyente ceguera se la hubiese evitado, la posibilidad de leer el artículo que el teólogo laico español Mario Boero escribió bajo el título La cristología de José Saramago y que hoy he podido leer merced a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
Sin rencor, lo hago, con algo de pena y mucho de prevención. Mas también con la alegría de tener, por la actitud que crítico, una certeza más, un motivo más para defender y seguir a mi propio y libre albedrío.
