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Me asoma también a la memoria “ el pobre de la gabardina, otros le llamaban el barbas”, la calle fue su hogar durante más de 15 años, parecía formar parte del “mobiliario urbano” de la céntrica calle de Ordoño. Siempre impasible, callado, con la mirada perdida ante cientos de transeúntes que ya ni siquiera se percataban de su presencia. Su estancia favorita era la esquina del antiguo Banco Vizcaya y a menudo pernoctaba en el Albergue Municipal de la calle Panaderos. Conseguimos rescatar su pasado, cuando trabajaba de tornero en el País Vasco, cuando siendo joven su mente le condujo a la indigencia de vuelta ya en su tierra. Nos propusimos poner fin a ese sinvivir, muchas personas se volcaron en sacarle de la marginalidad y con muchos esfuerzos lo conseguimos. Tras una breve estancia en un centro especializado regresó al fin con su familia en un pueblo de la comarca de La Bañeza. Ya no es “ el pobre de la gabardina”, es un hombre que recuperó su vida.
Es el relato de hechos con protagonistas de carne y hueso, cuyo anonimato quiero mantener, hechos que revelan la cara oculta de los servicios sociales, y detrás mucha gente comprometida.
Son vivencias, podría contarles muchas más que nos obligan a seguir mejorando para que el ciudadano ajeno a principios como la igualdad y la solidaridad también sea partícipe de la acción social, que a mi humilde juicio debe ser un compromiso de todos. Sigo practicando la política, ahora desde la oposición, y me empeño en reivindicar un mayor reconocimiento de la labor que desarrollan los profesionales de los servicios sociales, siempre entregados a un trabajo para el que no se conceden reposos, y es que el ladrillo puede esperar, pero las personas que atraviesan por especiales dificultades necesitan el apoyo y la ayuda necesaria para poder disfrutar también del tan traído y llevado estado del bienestar.
Como responsable de los servicios sociales municipales durante más de nueve años puedo decir, porque he sido testigo de ello, que sus trabajadores se ven expuestos cada día a desagradables situaciones, desprecios, amenazas, incluso agresiones, lo que constata su vocación y coraje, y aún así son una “máquina” de sumar esfuerzos y dedicación a pesar de gente desaprensiva, gente que necesita ayuda pero que no sabe escuchar, sin olvidarnos de los que practican la picaresca y el engaño.
Alguien escribió que las horas son números inventados pero números que marcan el paso de la vida, una vida difícil para muchos leoneses y leonesas, de ahí el esfuerzo de los Servicios Sociales para que no se les escape el tiempo.
Ana María Guada Sanz
Portavoz del PP en el Ayuntamiento de León
