|
|

Un cabreo con todos los aditamentos que queráis ponerle, sobre todo, porque no dejo de ser un impositor de la entidad que, tanto en tiempo de actividad laboral como ahora jubilado, siempre ha tenido en sus quehaceres mis asuntos bancarios. Por lo que intuyo que parte de mis dineros (en débito o en ahorro) han ido a parar a la barbaridad firmada por Evaristo del Canto (muy buena la cuarteta de uno de los mejores dibujantes periodísticos de León, publicada en este periódico: “Con Dios me acuesto, / con Dios me levanto, / con la Virgen Santísima / y Evaristo del Canto) y compañía, para que Paco Fernández cobre su prejubilación o cese de actividad laboral, con el añadido de la coletilla de la Seguridad Social.
Me vais a permitir, mis queridos lectores, que ponga hoy y muchos días después el apartado del cabreo en el disparador. Además es que nadie se llama a andanas. Porque según un informe encargado por el tal del Canto, los más de medio millón de euros y su seguridad social son legales como el agua de una cascada de mierda.
Y no digo nada de los compañeros mártires del referido consejo de Caja España Duero. Todos a una y por separado han dicho que como es legal, aunque amoral, no se puede hacer nada. Y es que todos están a la sopa boba en un consejo de administración mal administrado, en el que no tienen ni prostituta idea de lo que van las finazas de una entidad que ha estado y está dando cabezazos contra las puertas del Banco de España para salir de un atolladero, a la que la han llevado esta caterva de inútiles y mediocres consejeros con su presidente al frente.
Como es legal e inmoral a la vez, Paco Fernández se quedará con los dineros de la caja que aportamos millones de ahorradores, impositores, deudores y desahuciados. Así que lo mejor es poner un poco de poesía en la decisión final, con una fábula de Samaniego que viene al dedillo: “Qué dolor, por un descuido. / Micifuf y Zapirón / se comieron un capón, / en un asador metido. / Después de haberse lamido / trataron en conferencia, / si obrarían con prudencia / en comerse el asador. / ¿Lo comieron? No señor. / Era caso de conciencia”.
Eso es lo que les debió llevar a la decisión final de aprobar la barbaridad en forma de jubilación o cese de actividad laboral de don Francisco Fernández. Aunque legal e inmoral, no dejaba de ser un caso de conciencia para llevarse la caja y toda la pesca, después de haberse comido el capón el interfecto.
Es curioso, sólo una consejera del estamento bancario, la presidenta de la Diputación, Isabel Carrasco ha pedido la vez y la palabra para poner a caldo al exalcalde. Una compañera de fatigas que también ha salido a los medios (de comunicación, no de la plaza de toros) por sus triquiñuelas con los dineros públicos para subirse el sueldo y otras bagatelas.
Y menos mal que alguien dio la voz de alarma. Sino el señor de las raquetas hoy sería diputado, concejal y secretario general provincial del Partido Socialista Leonés. Menos mal. Con todos los emolumentos disponibles para cobrar cada mes más dinero público. Un dinero que también me toca, pero menos, porque la difuminación de los impuestos parece que no nos hace tanto daño como ser una parte activa de Caja España Duero y Unicaja.
Hay que tener la cara más dura que el cemento armado para salir a la calle con ese estigma, del que se estará riendo en solitario de todos los impositores, ahorradores, deudores y desahuciados de la Caja y sus circunstancias. Al menos dejó el asador sin comerse, porque no dejaba de ser un caso de conciencia y poder tener además, una referencia de su ejecución laboral, política, sindical y tal. Sobre todo tal.
A joderse y aprender buenos oficios, tío.
