Opinión
OPINIÓN POR LUIS ARTIGUE
 La balada del Puente de los Leones
Tenía unos ojos negros como de hoguera recién apagada…
13/02/2013
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LA NOTICIA ILUMINADA DEL DIA
Sí, acabo de fumarme a solas el recuerdo de una muchacha en cierto modo sofisticada, de perfil vagabundo y con psiquismo sin contornos que tocaba el violín así, sin saber, en la Calle Ancha: en honor a las sensaciones potentes que nos regalaba entonces Julio Cortázar a aquella inmigrante sin posibles –con decir inmigrante hubiera bastado- la llamábamos la Maga.

Ella nos enseñó que el subdividido León, como el Jardín del Bien y del Mal, constaba de dos almas separadas por el río, el cual, ya se sabe, subraya limitaciones y límites.

Una vez, y con el corazón tiritando, la seguimos al concluir su errática jornada laboral y descubrimos que pernoctaba en un cajero compartido del excéntrico Barrio del Crucero: allí un nocturno abrigo de vino, besos y casi flores. Y nosotros obligados a la fuerza por lo real a rebasar el lirismo adolescente tras conocer así, sin anestesia, la tristeza y la derrota más humanas.

¡Ah, los pecados capitales de provincia! Recuerdo que regresamos del ya turbador más allá del río con el alma clasista y equivocada, o mascando una tristeza culpable, mientras atravesábamos esa estación de paso entre dos mundos llamada el Puente de los Leones…

Sin embargo es oportuno notar y anotar que, a pesar de todo, nosotros hemos crecido y León ha mejorado.   

Acabo de volver a decírmelo a mí mismo mientras,como quien entona la Balada del Paseo de los Leones, paseo por una Avda Dr. Fleming en la que ya no hay paso a nivel y desde la cual, a la altura del pequeño Palacio de Congresos, ahora, como indicando que León es cada vez más una sola ciudad, se divisa la Catedral. Y me he fumado el recuerdo de la Maga después de tanto tiempo entendiendo al hacerlo que yo, igual que mi ciudad, he crecido y ya no soy un niño...

No, no hay en mí ningún niño: tratar de recuperarlo engañado por la nostalgia sería tan inútil como entrar en un bar preguntando por un paraguas perdido para marcharme finalmente con el paraguas de cualquiera.

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