Opinión
OPINIÓN POR LUIS ARTIGUE
 José de León, domador de metáforas de alta resolución, acaba de regresar a León (valga la redundancia)
Fue José de León, nuestro pintor más internacional, quien como sacudiéndose la pelambrera del alma me dijo una vez con sequedad de santo una frase que me ha resultado valiosa: “la envidia es un elogio sincero”…
18/09/2013
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LA NOTICIA ILUMINADA DEL DIA

En efecto esto que escribo rendido a la pasión es un producto de mi envidia.

Y sí, José de León, tras vivir dos años en La India y otros dos en China, acaba de regresar a Carbajal de Fuentes con toda su simpatía, su amistad, su inquietud, su prisa y su burla del mundo a cuestas. Asomarse a sus cuadros siempre ha sido un poco participar del remolino lírico, vital y casi belicoso de su vida surrealistamente nómada, de la colisión cataclismática de gentes y teorías que pasan por su lado, de los libros y las iluminaciones que se repiten en sus ojos como en el espejo de un café-tertulia.

Los cuadros intimistas de este domador de metáforas de alta resolución en verdad son una buena forma de entremeter sueños en la aparente sensatez del mundo.

Los ojos de José de León, por cierto, son caligráficos como dos relojes de estación de tren antigua y eso parece corresponderse con su condición de pintor de visiones, o acaso se corresponde más bien con el hecho interno de que ha venido de Oriente más espiritual que nunca, un poco más armónico, más profundo, igual de loco estimulante y, desde luego, mucho más anacrónico.

Así le veo yo ahí, en su estudio de pueblo de labradores agrestes y señoras conventuales con mirada de copa de anís, cuando voy a verle para charlar de sus cuadros, de sus mundos, con motivo del catálogo que le estoy escribiendo para su próxima y más sorprendente exposición: le veo anacrónico como un príncipe obrero en la universidad del presente funcional y, por eso, fascinante.

Gracias a su viaje a las tierras del budismo zen y la meditación trascendental su arte se ha desprendido del obsesivo retraducir a Dali, Oscar Domínguez, Remedios Varo, Maruja Mallo y demás familia surrealista, y se ha imbuido de empatía, de metafísica, de religiosidad panteísta.

Hay mucho que hablar de los cuadros que se ha traído de China José de León, hay mucho que hablar de su viaje y de su regreso y de que el artista es aquel que no ha aprendido a quedarse…

Hay mucho que celebrar.

Luis Artigue

www.luisartigue.es

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