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OPINIÓN POR POLO FUERTES
¡Joder con el flete!, decía mi padre
Bueno, pues ya estamos otra vez en el embudo de la mentira...
09/07/2009
CON VENTANAS A LA CALLE
... El tontoelhaba de la Moncloa (con perdón para las habas, que son uno de los signos emblemáticos de mi pueblo, La Bañeza o al menos, así conocemos nosotros a las alubias) sigue encasillado en su negación o disimulo de la recesión que estamos padeciendo, lo mismo que hizo durante meses con la crisis que se nos venía, que nos llegó, que nos enredó un hostiazo del que no sabemos cómo vamos a salir.

Bien es cierto, que los agoreros de los idus de marzo, los economistas de carrera tampoco están para tirar cohetes en sus previsiones hasta ahora. Dijeron lo de la crisis, pero nos dejaron solos en el baile de números, poniendo escalones, intentando minorizar los palos. Después cuando empezaron a llegar las bandejas millonarias de parados, hasta el mismo ZP dejó por un momento a un lado su sonrisa morena y empezó a acojonarse. Pero poco, que conste.

Pero nada, hemos vuelto la burra al trigo. El flete de la Moncloa, el leonés de Pucela, José Luís Rodríguez Zapatero, por boca de la perseguidora del tabaco, del buen vino y de la buena mesa, Elena Salgado, ha dicho que el Fondo Monetario Internacional no tiene ni idea en eso, que ha dicho que España va a ser la última de la fila en salir de la crisis, si salimos. No señor, el Gobierno de ZP maneja otros datos, otros análisis, otros parámetros que dicen lo contrario, que no pasa nada, que son habas contadas (lo de tontoelhaba tiene ya un por qué), y ahí se queda en su desmesura.

Pero además, lo ha preparado todo para que durante el verano las cifras del paro le den un respiro, le abaniquen el trasero por ver si le vuelve a salir otra flor en el culo, como siempre y las cifras del paro se han invertido. Todo el mundo sabe, y este flete monclovita también, que son pan para hoy y hambre para mañana. Sin contar la pasta gansa pública que está desembolsando para poner bordillos, extender breas y arreglar malentendidos en los ayuntamientos, poniendo freno al desmadre de despido de las constructoras contratadas, más que engullendo parados de las oficinas de empleo.

Hace calor hasta en el tendido de jubilados donde me encuentro. Se empieza a calentar la noche oscura del alma y espero con desasosiego, con zozobra, la llegada del otoño cabrón en la que dicen las gentes de mal vivir, esos economistas agoreros de los idus de septiembre, que se volverá a disparar el paro. Cañones de despropósitos que, si alguien no lo remedia, podrían alcanzar hasta este tendido desde el que les escribo, echándonos a las tinieblas de las colas paradas a quienes ya cumplimos con nuestros compromisos laborales, solidarios y de la Seguridad Social.

Pero no pasa nada, lo dice Rodríguez Zapatero y su vicepresidenta económica. ¡Joder con el flete!, que decía mi padre cada vez que nos descubría in fraganti, en alguna faena fuera de lugar, en alguna pifia de estupidez. Me hubiera gustado hablar de vacaciones, del mar, de la montaña, de mi huerto (ese sí que tiene brotes verdes y más), de la gente que por estas fechas empieza a volver a mi pueblo, después de once meses de añoranza en la diáspora laboral. Pero, a la postre, cuando encuentras a alguno, pocos, de aquellos amigos que se fueron a trabajar fuera, volvemos al tema de la crisis, de todo está muy mal, de me dijo me dijo, que la abuela fuma, que el abuelo va a misa.

Sé que esta columna va a cabrear a muchos. Principalmente a un buen amigo que rinde honores de partido a Zapatero. Y lo siento en el alma. Aunque también sé que reconoce mis argumentos sin compartirlos. “¿Por qué no te metes alguna vez con Rajoy?”, me dice cuando nos vemos. Pues también tienes razón. Porque esto de la crisis es una razón de Estado y la oposición debería, tendría, es su obligación apoyar al Gobierno, aunque éste no se deje. El resto es palabrería parlamentaria o de ruedas de prensa sin preguntas, que esa es otra.

Sin embargo, son todos tal para cual. La máquina de hacer parados volverá a ponerse en marcha después de las vacaciones y ni ZP ni Rajoy habrán hechos señales de humo para intentar salir del túnel a los prados de brotes verdes, para intentar pararla. ¡Joder con los fletes! Que Dios nos coja confesados. Estaré atento a la jugada e intentaré tirar de la palanca de emergencia a poco que el tranvía del despropósito, de la desesperación, de la crisis y de la recesión se desboque, para pararme en cualquier descampado del camino, antes de su descarrilamiento total. Dies irae, dies illa, solvet saeclum in favilla (día de ira, aquel día reducirá al mundo en pavesas), dice el salmo sobre el fin del mundo.

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