Preparar para imprimir  Imprimir      Enviar por correo  Enviar por email         Cambiar tamaño de texto
OPINIÓN POR POLO FUERTES
Inoculados y liberados en política
"Los de nuestra generación estamos casi todos inoculados en política, liberados"...
27/05/2009
CON VENTANAS A LA CALLE
...La frase me la decía un buen amigo de León capital el otro día, en un reencuentro tras una decena de años sin vernos. “Sí amigo Polo, nosotros creímos que la política era otra cosa. Un servicio a los vecinos, al país (si llegaba el caso). Éramos unos románticos que salíamos de unas catacumbas dictatoriales y buscábamos otra forma de sociedad, con un nombre que habíamos estudiado bajo la manta, la democracia”.

Somos de esa generación que nació en la década de los 40 del pasado siglo. Una generación de posguerra que nos tragamos todo el franquismo, comulgando con ruedas de molino. Una generación que pasó del pite y las canicas al ordenador y a internet, del morse a los móviles de alta definición, de la taja de lavar a la orilla del río a las lavadoras y lavavajillas de programación enrevesada, agresiva.

La conversación adobó una comida multitudinaria para celebrar el nombramiento de Bañezano del Año 2008, en la persona de otro amigo común, Martín Manceñido Fuertes (mi tío Martín) por el periódico local El Adelanto, a base de alubias de La Bañeza, bacalao, tulipa de crema, yemas e imperiales. De chuparse los dedos, a pesar de la cosa cardiovascular.

Mi viejo amigo (por la cantidad de tiempo que llevamos siendo amigos, no por las edades, que conste) y yo recorrimos las andanzas en la capital de la provincia (Ayuntamiento del que fue concejal en los primeros albores de la época democrática), tanto antes de 1977 como después, cuando los alcaldes y los concejales, los diputados y los senadores ya llevaban en la solapa la chapa de elegidos por los bañezanos, por los leoneses, por los españoles.

“Tú supiste resistir a presentarte en alguna candidatura. Pero sé de buena tinta los movimientos que realizabas en la sombra. Como fontanero, según decíamos entonces. Hoy, casi toda nuestra generación está de vuelta de todo, vacunada, inoculada, liberada en política. Porque no pensamos nunca en la política como una forma de vida, como un trabajo remunerado (yo no cobré ni un duro mientras fui concejal), con seguridad social y todo, oye”.

Y, claro, llegaron las conclusiones. Porque esa profesionalidad de la política, ese durar y durar en un cargo, en un puesto, lleva a estar preocupado, afanado, desesperado por trabajar para seguir en el machito, por volver a ganar las elecciones o estar encuadrado en una lista, dentro de un puesto que pueda salir, sacar de nuevo el cargo, el puesto, la poltrona, el poder, la gloria.

Y, si llega el caso (que sabemos todos que sí ha llegado), otra de las conclusiones es la mentira, las promesas falsas, la demagogia, el disparate, el insulto. O peor aún, el delito, la corrupción, la financiación incorrecta, el robo. Es que el dinero fácil que está pasando a espuertas por esas manos de políticos profesionalizados es muy goloso. A pesar de los suculentos sueldos que se sacan de sus cargas (perdón, de sus cargos).

Por eso, a mi amigo y a mí nos siguen jodiendo los mítines de las campañas electorales, porque sabemos cómo se gestan, cómo se implantan las consignas, las frases, la literatura, la metáfora del atril de los gritos afónicos, de los insultos al contrario, de las investigaciones retorcidas en posibles historias del adversario para no dormir.

Y mucho más, en estas elecciones europeas en las que estamos metidos. “Joder, macho, los que no sepan qué es eso de las europeas no se van a enterar de lo que vale un peine, por lo que digan unos y otros y los de más allá en los mítines”. Unos siguen dando la vara con la crisis y sus consecuencias (que es verdad, pero no para meterlo en las peticiones del voto) o la gripe mexicana, o los abortos adolescentes, o las píldoras sin dorar. Otros sacando nuevas macanas de abortos, píldoras del día después de la coyunda, ordenadores para todos, propinas electorales y otros churros, para que la gente no hable ni piense en la crisis, en el paro, en la recesión. Los primeros buscando una victoria para restregársela al Gobierno por la cara como si fueran unas primarias de unos futuros comicios generales. Los segundos esperando también vencer, para amarrar un mínimo de tranquilidad  y seguir en sus trece, de ahí me las den todas.

Lo que pasa es que tanto unos como otros y los de más allá no van a contar la abstención, los que no votarán (a pesar de los datos dados por una consultora oficial). No señor. Si faltan a las urnas un 60 por ciento o más, no pasará nada. Contabilizarán los datos como si todo dios haya depositado su papela en las cajas de cristal (de plástico, más bien) y buena va, barbero.

Y es que los de nuestra generación (esto que viene no llegamos a comentarlo mi viejo amigo y yo, al que un cachondo director de un periódico le puso el apodo de un título de una celebrada comedia de Tirso de Molina, ya se había despedido, pero seguro que coincidiríamos en esto también), casi todos los de nuestra generación inoculada y liberada, sabemos que estas elecciones europeas son una especie de la jodimos, de colocación para medio centenar de viejos elefantes políticos, que ya no caben en la modernidad, en la mediocridad de las poltronas y hay que seguir pagándoles un sueldo (suculento, por otro lado). Bueno, y más cosas. Pero Europa está tan lejos… Tan, tan, tan… ¿Quién?, enséñame la patita por debajo de la puerta. Por eso, no me extraña que la casilla de la abstención sea la más votada.

Cuando escribo estas líneas se confirma la venida de José Luís Rodríguez Zapatero a La Bañeza, que aquel día adelantara soterradamente el alcalde José Miguel Palazuelo. Si tengo ocasión (y me dejan los escoltas) lo saludaré, como viejo compañero de debates y discusiones, en un bar de la Avenida de la Facultad, alrededor de un café con leche (de los de ochenta pesetas de entonces, y no  ochenta céntimos de euro de ahora) y le daré recuerdos de nuestro común contertulio, cuyas sentencias rellenan esta columna. Si no puede ser, que siga su camino mitinero y europeo.

Joder, qué rato.
 

Más artículos del autor:
Compartir noticia:            
Preparar para imprimir  Imprimir      Enviar por correo  Enviar por email         Cambiar tamaño de texto
Todas las noticias
Todas las noticias
Diseño WebGrupoSolnet Powered by
SPC v2009 ®