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OPINIÓN POR JUAN GARCÍA CAMPAL
In Memoriam Justo Fernández Oblanca
Cada vez soy más cobarde...
15/07/2010
DEL CUADERNO CASI DIARIO
... Cada vez me asustan más esas repentinas modificaciones de mi paisaje humano. Tienes cosas por ciertas, por inevitables, por previsibles y, sin embargo, su consumación siempre te golpea como algo súbito, violento.

Así me ha sucedido esta semana ante la muerte de Justo Fernández Oblanca, compañero de la Universidad, de los buenos y ciertos compañeros, y amigo.

Antes, al menos, socializaba la impresión, acudía a los ritos de pésame y despedida, donde, a veces, de tan hombres que somos distraemos los sentimientos que nos brotan desde lo más íntimo, le cerramos las puertas a muchas certezas, a esas que siente, e incluso niega, miedoso, el niño que guarda el hombre que somos.

Ahora, vengo sintiéndome incapaz de ello. Prefiero el paseo solitario, o el encierro en lo mejor de mi cueva, y recordando lo vivido y sentido con quien definitivamente se haya ido de mi presente, ajustarme las cuentas y rendirle mis mejores memorias y disculpas si proceden. Así hago con Justo estos días. Fueron años de coincidencia en cosas y casos de la casa universitaria, y también de las cosas privadas. Pensar en Justo, es tener conciencia de que si largo fue el tiempo, aún lo fue más su cotidiana bondad. Justo, para mí, actuaba con una prudencia y bondad, tan natural, tan innata que, a veces, me parecía desesperante. Y si por alguna razón atisbaba mi estado, lejos de cualquiera otra cosa, pronto se dispuso siempre a mediante una palabra, un gesto, un silencio como él justo, retornarme a la mesura y a la razón alejada de pasiones.

Seale leve la tierra al hombre bueno y a nosotros se nos alivie su ausencia y perdure su memoria. Que duda cabe que la Educación y el Magisterio queda en deuda con él. No se olvide. La humildad y el silencio del hacer de Justo para nada fueron sinónimos de inacción.

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