Opinión
OPINIÓN POR LUIS ARTIGUE
Humor crónico: Lolo y Fulgencio Fernández 
El humor es una mirada fulgurante, una luz que ilumina el mundo para hacerlo soportable. En este orden de cosas en León existía un humor crónico –el humor de La Crónica de León; el humor gráfico de Lolo y el columnístico de Fulgencio Fernández- que nos calentaba cada mañana el ánimo como un cargado café con orujo intelectual:...
31/07/2013
  Preparar para imprimir  Enviar por correo
LA NOTICIA ILUMINADA DEL DIA
... pensar que desde esta misma semana ya no existe La Crónica de León equivale a que en esta ciudad pasemos a vivir dentro de una de esas novelas de ciencia ficción distópica de Philip K. Dick en la que el mundo se ha vuelto loco… 

Sí, ha muerto La Crónica de León –descanse en paz- y la ciudad, sin esa presencia periodística diaria, y en especial sin el toque de humor que ese periódico incluía, va a engrisecer ante nuestros ojos como la barba de un brujo.

Y es que una ciudad con menos humor engrisece y va muriendo más deprisa como los hombrecillos de la novela de Michael Ende Momo cuando terminaban de apurar sus puros.

Pero este es tan buen momento como cualquier otro para expresar nuestra sentida gratitud por la bienhumorada forma de hacer periodismo inteligente que tanto Fulgencio Fernández como Lolo han practicado en esta ciudad durante tantos años.

Lolo, ángel doctorado en amistad y en mus, caballero sensible, engafado y gótico como salido de un comic, sembrador de imágenes, hombre de negro pero con alma blanca como un personaje de una novela de Mary Shelley que sí acabe bien, y Fulgencio Fernández, lo contrario de un metrosexual, tamborilero de la prosa, hablador ocurrente e irredento, barbudo sin comedimiento como un comunista de pueblo, sociólogo del surrealismo rural y experto en puticultores, son dos personajes impagables de esta ciudad y del periodismo de esta ciudad a los que nunca terminaremos de agradecer del todo las muchas sensaciones potentes que nos han regalado.

Vale, la crisis se lleva por delante a los mejores de los nuestros, pero, lejor de resignarse, toca luchar. 

De hecho no puedo creer que esta ciudad se pueda permitir que Lolo y Fulgencio no sigan trabajando e iluminándonos con su talento.

Pero ésa es la primera lección de la crisis, que hay que cambiar de lugar. No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis –dicen los clásicos-  es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias; la creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura...

A Fulgencio y a Lolo la crisis les ha fundido el humor y eso no podemos permitírnoslo.

Ningún momento mejor para decirles desde aquí, y sé que en nombre de mucha gente de esta tierra, GRACIAS.

Y seguimos.

Luis Artigue

www.luisartigue.es

Más artículos del autor:
    Dalí
    La distopía
    Igual
    Tar(jetas)
    Hilo de oro
    Chocar 
    ERE
  Preparar para imprimir  Enviar por correo