Opinión
OPINIÓN POR LUIS ARTIGUE
Hilo de oro
La poesía, que Ortega y Gasset definió como “una súbita descarga de emociones alusivas”, a mi juicio es lo que queda cuando la literatura se quita la ropa.
25/06/2014
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LA NOTICIA ILUMINADA DEL DIA
No creo pues, en lo referente a la poesía, en la supremacía del hermetismo sobre la claridad ni al contrario, sino que tengo fe sólo en la preponderancia de la calidad y en la interrelación lírica de todo lo que queda; lo que fermenta, y toca, y cura, y dura.

Sin embargo la bipolarización de los lenguajes poéticos ha traído consigo a su vez una misma escisión dual de los discursos críticos de pensamiento lírico, al cual, ya saben, asisto interesado pero no concernido salvo en lo que esto tiene de oportunidad para la independencia estética, que, como nos enseñaron los clásicos, es un terreno muy fértil.

Así las cosas, en cuanto que lector escogido de joyas de ambos bandos, tengo para mí que el pensador más agudo y preclaro de la actualidad en lo que se refiere a la línea poética más oscura es Tomás Sánchez Santiago –al cual debemos el mejor libro que se ha publicado sobre la poesía de Carlos Barral, un texto antiguo pero aún no superado, y, por referirnos a su trabajo crítico más reciente, acaba de publicar asimismo en Alianza Editorial una iluminadora edición comentada de lo que es más que una antología poética de Antonio Gamoneda, todo un resumen de la evolución de la conciencia del autor, y otra antología de semejante calidad de la poesía de José Ángel Valente en esa misma editorial-, y, en lo referente a la llamada línea clara, que engloba mucho más que la “poesía de la experiencia” mi pensador por excelencia, que es autor, por ejemplo, en la Editorial Cátedra de una meritoria edición crítica de la poesía de Luis García Montero y otra de semejante enjundia  centrada en la poesía de Joan Margarit, es José Luis Morante.

Precisamente José Luis Morante acaba de publicar en estos días, y también en el impagable sello Cátedra, una edición crítica de la poesía de Eloy Sánchez Rosillo titulada HILO DE ORO (ANTOLOGÍA POÉTICA, 1974-2011) que no debe de pasarles desapercibida.

Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948), uno de los poetas más destacados de su generación sin duda ya desde su primer y más machadiano libro MANERAS DE ESTAR SOLO (Premio Adonáis 1977), y que alcanza una de sus grandes cotas expresivas con el poemario LA CERTEZA (Premio de la Crítica 2005) es aquí apasionada y eruditamente presentado por el crítico introductor como un poeta meditativo en principio, elegíaco en un segundo momento y sosegadamente vitalista siempre, caracterizado en su magnética obra por la poética del instante único, de la memoria y de la emoción.

Sí, es el poeta de “las cenizas del tiempo”.

En la obra de este autor de referencia se aúnan en efecto el rigor métrico, el lenguaje cristalino, la emoción armónica y un clasicismo posmoderno en el sentir que le convierten en un manantial de agua fresca para el alma de sus lectores.

Les recomiendo por tanto ahora este libro, desde luego, pero permítanme terminar de hacerlo con un ejemplo breve, bellísimo, y emocionalmente ambivalente como la suerte o la memoria o la luz o la vida:

ALLÍ Y AQUÍ

Los grillos de la infancia no cantan allí solo;t

ambién cantan ahora, y al oírlos escucho

la música piadosa y dulce de la vida

y un cascabel de sombra y desamparo.

 

Luis Artigue

www.luisartigue.es

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