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Los bañezanos en general y yo en particular somos especialistas en estas pestes y sabemos que los investigadores oficiales se sacan de la manga una causa excusa y se quedan tan campantes. Aunque el olor seguía persistiendo. Porque veréis, mis queridos lectores, de sobra sabíamos todos los vecinos que los malos olores venían de las balsas de decantación de la azucarera de La Bañeza. Pero los investigadores de la oficialidad se emperraban en echar la culpa a tres o cuatro vaquerías (alguna de las cuales ya llevaba cerrada varios años) o de los orines que cada fin de semana recogía una céntrica plaza bañezana. Cuando se solucionaron las balsas de decantación, se solucionó el problema. Puede ser. No voy a ser un gafe para las pobres gentes de la capital de la provincia. Pero que se aten los machos.
Mi buen amigo Policarpo Navarro Sánchez, que es un experto en estas pestes, fue tajante cuando comprobó los olores vespertinos que asolan estos días las calles y plazas leonesas “No busques más, hay algo podrido en León. Algo podrido en forma de dineros de cuantiosas soldadas, de millonarias prejubilaciones, de asignaciones a directivos de entidades bancario-políticas, de falta de autocríticas de pérdidas de elecciones, de caídas de poderes politiquines, de falta inesperada de influencias, de…”.
Y se quedó tan pancho. “Simplemente he traducido bien el pasaje de Hamlet, que William Shakespeare escribió sobre el dicho ‘hay algo podrido en Dinamarca’ y no ‘algo huele mal en Dinamarca”. A tomar pol saco, oiga.
Como para quitarle la razón a este sociólogo de ancho europeo. Dicen las crónicas que, a pesar de que las boñigas puedan tener su peste, lo cierto es que la Guardia Civil sigue investigando, porque le huele que no es esta caca la causa, que cada atardecer, con la brisa del anochecer, las calles de León se llenan de una procesión de olores nauseabundos, que ponen patasarriba las pituitarias de los leoneses.
Hay que seguir mirando, investigando en los dineros diputacionados, en las prejubilaciones exalcaldesas, en las asignaciones de los ejecutivos bancarios de vía estrecha, en el apretado de narices de los socialistas de la provincia, que piensan que escondiendo la cabeza no se van a ver las carencias a las que han llegado en los dos últimos comicios, intentando llevarse al XXXVIII Congreso de Sevilla a los aplaudidores oficiales que den la responsabilidad del partido a viejos mandamases que han perdido elección tras elección o a la representante de un caduco zapaterismo, sin querer saber de terceras o cuartas vías.
Y eso huele, amigos lectores. Huele cada tarde noche en León y la provincia, sin que la dirección del Partido Popular en Valladolid y en Madrid metan mano a los 13 millonarios sueldos que cobra una sola persona, o al Banco de España que sigue sin meter mano en las cuantiosas prejubilaciones y asignaciones salariales de la caja que ya es banco, o al descabezado nacional Partido Socialista que no se ha repuesto del último estacazo electoral.
¿Las boñigas?... Bueno, a lo peor también huelen. Puede ser, oiga... Pero asta caca de la vaca, este abono de buena sementera puede enterrarse con una potente serie de vertederas. Mientras que lo que apunta mi buen amigo Policarpo Navarro Sánchez…, es más difícil de encontrarle sepultura. Requiescat in pace.
