Opinión
OPINIÓN POR LUIS ARTIGUE
 Guía de León para turistas y para turistas de lo propio
Como uno de esos edificios nuevos aunque construido para que parezca desgastado la vieja ciudad de León, tradición y modernidad en sus rincones,...
23/04/2013
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LA NOTICIA ILUMINADA DEL DIA
...atesora algunas rutas selectas para viajeros iniciados en el arte de enriquecerse inmaterialmente con los cinco sentidos. Con los cinco e incluso alguno más.

   León –ciudad urbana a su manera, eclecticismo poliédrico, suma de fuerzas, cruce de caminos y de épocas- es un espacio a la vez romano, árabe, judío, actual y vanguardista. Aunque probablemente su singularidad estribe en el curioso modo como conviven y se integran todos esos componentes en sus calles. Uno puede transitar esta ciudad transversalmente, cambiando de zona como quien cambia de emoción o de traje, y descubrir así las superposiciones de la historia de las cuales parecen impregnarse cada uno de sus enclaves y rincones… Por eso ésta es la ciudad de los mil ojos.

   Poseedora de importantes edificios monumentales ya muy conocidos como Palat del Rei, la Colegiata de San Isidoro, la Iglesia de San Marcelo, el Palacio de los Guzmanes, la Iglesia del Mercado –sita en medio de esa joya transtemporal que es por completo la Plaza del Grano-, el Palacio de Botines, el Palacio del Conde Luna, el Hostal de San Marcos y la Catedral, también han puesto en León su talento destacadísimos arquitectos contemporáneos entre los que se cuentan por ejemplo Alejandro de la Sota, autor del Edificio de Correos, y Mansilla&Tuñón que firman el diseño tanto del Auditorio como del MUSAC.

   Igualmente acaban de restaurarse los cubos de la muralla romana –al parecer la Legio VII fundó y dio nombre a esta ciudad-, este mismo año León preside la Red de Juderías de España –el León judío puede vislumbrarse en el entorno de Puente Castro y cuenta con un centro de interpretación en construcción- y está muy vivo aquí el legado mozárabe    –como ejemplos la Cruz de Peñalba que se encuentra en el Museo de Pallarés, el Cáliz de Doña Urraca y la Biblia del Año 960 en el Museo de San Isidoro, y el Antifonario en el archivo catedralicio-... Ciudad-puzzle... Encrucijada como la identidad y el mundo… Todas sus influencias sucesivas hacen de León una oportunidad para entender lo que todos somos deduciéndolo a partir de lo que hemos sido.

   Pero una ciudad no es sólo sus edificios como un ser humano no es su piel. En este sentido más encanto aún que el aspecto urbano de León tiene su personalidad nostálgica, orgullosa de sí misma, recelosa ante los cambios y la velocidad del mundo, obsesiva como un tumor en sus fijaciones y siempre instalada en una especie de eterno presente que parece ralentizar el tiempo. La ciudad de León, sólo a este lado del más allá como muestran algunos de sus escritores más imaginativos de la talla de José María Merino, Antonio Pereira, Julio LLamazares y Luis Mateo Diez por ejemplo, es, de forma posible y aparentemente normal, esa máquina del tiempo de la que habla la ciencia ficción.

   Y es que realmente en León el tiempo parece enlagunado. En este sentido una de las misiones no escritas del viajero selecto es encontrar a algún filósofo autóctono para hablar con él ante un buen vaso de vino -¿cómo sino puede decirse que se conoce un lugar?-. Así hay quien va al local estrecho, anacrónico e imprescindible llamado LA BICHA –Barrio Húmedo, Plaza de San Martín- atraído por la morcilla a la plancha, la panceta, el chorizo y el mejor pan frito con ali-oli de la ciudad. Pero, se lo recomiendo, no se pierdan al cocinero-camarero del local con patillas de Elvis, ojos como minas de carbón, maneras de legionario y mirada de asesino: es como un personaje salido de la novela El año del francés de Juan Pedro Aparicio. Se percibe con sólo mirarle que jamás ha llevado un chaquet ni jugado al squash pero en verdad es un sabio no erudito si se atiende a esas opiniones radicales, heterodoxas y estimulantes de quien ha sido educado en la universidad de la calle. Como los buenos poemas, ese tipo duro igual que el mango de su macheta no habla si no se le pregunta, pero es capaz de filosofar sobre cualquier cosa sin dejar de cocinar. Les reto: intenten ir a ese local a primera hora de la tarde, único momento en el que no está lleno casi hasta el techo. Y comerán de pie con dignidad de príncipes de pueblo. Y se reirán. Y comprobarán que conocer una ciudad no es atravesarla sino vivirla a través de los que viven en ella. Y conocerán bastante de la personalidad del lugar. Y se acordarán de mí. Y si el “bicho” está estresado quizá también hasta se acordarán de mi padre.

Igualmente hay paladares mucho más sofisticados, o almas más exquisitas, que acuden al RESTAURANTE AMANCIO (calle Juan Madrazo). Van alentados por la fama de que es el mejor restaurante de la ciudad, y que la cocina de autor del local, a medio camino entre la “nouvelle cuisine” y la cocina de pueblo, rebosa creatividad además de ofrecer unos acabados tan plásticos que uno no sabe si esos platos son obra de un cocinero o de un artista. Todo eso está muy bien, o quizá mejor que bien. Pero, como en el caso de La bicha, no dejen de intentar hablar con Amancio, que es la humildad personificada, manos de pianista, maneras de instructor de vuelo para hedonistas con clase, rostro de trabajador fatigado que aún preserva intacto el amor por su obra. Amancio, hombre de principios hondos aficionado al fútbol y a la vida ordenada, es un maestro del deleite y la observación.

   En efecto este tumulto civilizado llamado León, más que una ciudad monumental, ha de entenderse como un compendio emocional y emocionante o un paraíso del arte de vivir bien con poco. Lugar lleno de enclaves para el disfrute y el ocio; sitios bellos, apetecibles, hermosos, santos, raros, golfos, locos…

   De hecho uno transita por sus calles y se da cuenta de que en León el ritmo urbano parece muy acorde con los humanos ciclos naturales y mentales; que el desensimismamiento habitual de la ciudadanía hace difícil al viajero el pasar inadvertido o desapercibido; que estar en esta ciudad es formar parte de ella… Que León, en suma, te mira con mil ojos.

Dediquémosle pues a esta vieja ciudad renacida una visita por el tiempo que sea pero sin prisa, y así descubriremos o recordaremos que –todo es la suma integrada de sus partes y algo más, tal como nos enseña el postmodernismo- hay varias ciudades dentro de la suerte de caja china o de matrioska rusa que es esta impagable ciudad.

 

   UNA ESCAPADA AL INTERIOR: EL LEÓN ROMÁNICO

   La Avenida Ramón y Cajal debe su señorío de quiero y no puedo a que desemboca en la Plaza de Santo Domingo. Pleno centro. Pero tomada cuesta arriba, amén de sede de una de las mejores aunque menos conocidas pastelerías con obrador propio del lugar, es la puerta de entrada al León Románico.

   A mitad de esa avenida, ya peatonalizada, está el acceso en cuesta a esa plaza empedrada con terrazas, restaurante italiano y hostal para hippies con alma de señoritos -que en el fondo somos todos-, tiendas de artesanía, estatuas que dan cuenta de tradiciones antiguas como las Cabezadas y ese prodigio de sobriedad y belleza que es la Real Colegiata de San Isidoro de León. San Isidoro, joya del arte románico hispano, es colegiata por poseer un Cabildo Colegial de canónigos, y en el espacio que ocupan estos admirables, recios muros, se resume la historia de León de la Edad Media cuando era, dicen, el reino más poderoso de la península en consistente lucha contra los musulmanes; cuando sus monarcas se hacían titular Imperator Hispaniarum.

   Además del acceso por la Puerta del Cordero, obra maestra que influirá decisivamente en las iglesias románicas del Camino de Santiago, producen fascinación, ya en el interior, las altas bóvedas y los capiteles que coronan las columnas. Y, si la visita no es apresurada, además de la nave mayor y el crucero se ha de reparar en las capillas de Santo Martino –teólogo del Siglo XII-, en el panteón real con frescos originales del siglo XII, la torre del gallo coronado por una veleta del siglo X y, desde luego, el claustro y su museo que cuentan con tesoros dignos de tratar de ser robados en una película de Indiana Jones. ¡Viva la irrealidad!

   Visitar San Isidoro, escuchar ese silencio con ecos de música ascética, no es nada si uno no trata de captar además de la belleza esa atmósfera de sobrio recogimiento, de tiempo macerado, de serenidad densa que parece querer sintonizarnos el cuerpo con el alma… Visitar San Isidoro es una huída al interior.

   Detrás de la Colegiata y con Dirección al Instituto Legio se prolonga una calle semiescondida llamada Sacramento; una con pubs para jóvenes que tratan con alcohol las contraindicaciones de su adolescencia, librerías de viejo como la imprescindible CAMINO DE SANTIAGO (Felipe, el dueño, erudito al modo de los monjes bibliotecarios del medievo, amigo de gente rara y diversa, gurú de lo imposible cotidiano, es otro de los filósofos aborígenes capaces de hablar con un viajero sobre cualquier cosa, y explicarle así cuanto de esotérico hay en esta ciudad; en este mundo por el que uno camina tratando de distinguir a los personajes que estamos infiltrados entre las personas). En esa misma calle –oh, qué belleza- refinadas, delicadísimas tiendas de arte y artesanía como una que adoro llamada VOCES PROPIAS que ya ha cerrado pero su espíritu sigue ahí (Macu, la dueña, adorable loca, filántropa, cosmopolita, conversadora valiosa y existencialista alegre y energética, es otro personaje cuyo conocimiento resulta un privilegio, y no digamos ya si uno logra incorporarla al continente existencial de la amistad).

   Así llegamos a la Plaza Santo Martino donde, detrás de la San Isidoro, “con el culo pegado a la gloria” por decirlo con palabras de Pedro García Trapiello, se halla una hospedería en la que comer y alojarse es un placer restringido pero espiritual. Se necesita reserva previa, pero tanto el menú como la decoración y ambientación tiene algo de ascesis monacal y otro tanto de minimalismo vanguardista que, se lo aseguro, hacen que el lugar merezca mucho la pena.

   También hallamos al lado el Museo Bíblico Oriental, una entidad pedagógica especializada única en Europa, una porción de la ciudad de Jerusalén en León, en cuyo interior además de una biblioteca con piezas singulares para investigadores se imparten clases de acadio, sumerio, egipcio jeroglífico, escritura cuneiforme, latín, griego, historia bíblica y religiones comparadas… ¡Créanme que es verdad: León es así de raro! Actualmente, en su sala de exposiciones, hay una muestra titulada “El itinerario religioso de Alejandro Magno” inaugurada por su majestad la reina. ¡Pasen y vean y flipen!

   Mas no sólo de espiritualidad vive el hombre. Por eso, en la Plaza Puerta del Castillo -todo un anacronismo maravilloso y una de esas subversiones del tiempo a las que acostumbra esta ciudad- encontramos el MONGOGO… Un lugar tan contradictorio como imposible es el Mongogo… Se trata, aunque no lo parezca a juzgar por su estética, el atuendo de los camareros y camareras y el volumen de la música, de un restaurante de comida tex-mex: ciertamente la carta no podemos decir que sea muy amplia aunque les aseguro que se puede calificar de suculenta en su conjunto.

   Pero además es un bareto original y maravilloso de ambientación gótica, música punk, rock and roll y transh, y con un público excéntrico que bebe sexos, fuma flores y cigarrillos de hachís liados dulcemente, y el cual te mira -mientras cenas exquisita, deliciosamente- y a veces sientes miedo a que te vayan a tomar como rehén. Las camareras parecen actrices de un film de terror de serie B... Sí, igual que entrar dentro de un cuadro de Caravaggio y sentarse entre zoombies y arcángeles es visitar, en las noches del martes al domingo, este sitio que parece inventado y como fuera del tiempo… Pero les aseguro que se cena distinto, barato y bien. Eso sí, se ve de todo.

JUNTOS POR EL LADO MELANCÓLICO: EL LEÓN ROMÁNTICO

   Como las nubes del cielo cuando uno se tumba para mirarlas fijamente, el Arco de la Cárcel –o Arco de Santa María- es una metáfora de muchas cosas aunque realmente de ninguna. Y para mí ése es el enclave que marca el paso al León romántico, zona repleta de embrujo donde a la gente le gusta no sólo transmitir emociones sino principalmente dialogar. Por eso este lugar está repleto de cafés-tertulia, y restaurantes, y parques, y rincones propicios para compartir la confianza.

León es una escuela de ritmo vital y una universidad de la conversación amigable improvisada… León más que escrito es oral.

   Se entiende convencionalmente por centro neurálgico del León romántico el Parque del Cid, lugar para enamorados y niños, para proyectos y esperanzas, y realmente, en verano, parece un resumen del mundo. En ese parque sucede de todo: amores, conciertos, actuaciones improvisadas de artistas callejeros, delitos veniales y lecturas al aire libre en ese refugio de estudiantes que se fuman las clases; de soñadores que se fuman la realidad o la rutina.

   Frente a ese parque o mina de sueños a cielo abierto encontramos dos plazas conocidas por el nombre de sus mejores bares de tapas –no olvidemos en ningún momento que aquí las tapas son gratis con cada consumición-: La Plaza del León Antiguo, y la Plaza de la Ruta Jacobea… Lugares acotados en los que juegan los niños y fluye la vida siempre ajena a algún secreto… Cierta escultura bellísima preside una de esas plazas, y su estela se siente en las dos: “El adiós”, del escultor Amancio González. No se la pierdan.

   Y es que a veces, mientras pasea por cualquier ciudad actual, uno se pregunta: ¿cuál es exactamente la diferencia entre las farolas y las esculturas urbanas?

   Sí, hoy se impone incluso en el arte la utilidad frente a la espiritualidad, el diseño frente al sentimiento, la conveniencia frente a la pasión… Pero al menos uno aún puede pasear al caer la tarde por las calles de León como por las mansiones de los cuentos: viéndolo todo pero sin tocar nada. Puede avanzar y encontrarse, en esa plaza anexa al Parque del Cid, “El Adiós” de Amancio González: esa escultura de bronce en la que se ve al musculoso Gigante de Santo Domingo –otra de las esculturas del autor, ésta sita en la Plaza de Santo Domingo frente a la librería Pastor- sentado y con un pájaro muerto en la mano. Poesía hecha imagen. Detrás de la figura hay una dedicatoria escrita a fuego como todo lo que duele; como todo lo que cura. Dice: "A mi buen amigo José Gutiérrez. 1998".

   Ese gigante, ese hombre desnudo frente al mundo, parece un monstruo sensible: grotesca figura modelada que se retuerce sobre sí misma como las espirales celtas. Y sin embargo pasa frecuentemente desapercibida para los transeúntes acaso por su humildad, por su disposición, por no ser protagonista de un espacio –la plaza- sino espectador del mismo. Sí, cuando uno se acerca, toca la obra, lee la leyenda escrita en el lomo, cree descubrir en secreto el sentido del jeroglífico; la explicación de lo inexplicable. Y se imagina entonces un comienzo, una pandilla de barrio, un tiempo de avidez y experimentación, vivencias al unísono, preguntas compartidas, un muchacho amigo del escultor y muerto en plena juventud, en plena primavera...

   Uno siente entonces, viendo esa conmovedora obra con mensaje, como fluye en el interior de la misma y en el espectador activo el espíritu humano, la energía, esos valores capitales -como el de la amistad- que hacen girar al mundo sobre su eje, que ayudan a avanzar a la civilización y convierten el arte de la escultura en un idioma de todas partes. La canción de la materia…

   La escultura de Amancio González invita a sentir, a vivir, y acaso por eso uno entra con más ganas en el bar León Antiguo… Me lo dice el camarero dicharachero mientras me documento antes de escribir este reportaje: “aquí tenemos vino bueno, pero no le perdemos el respeto a la cerveza”… Aunque, en lo que se refiere a cerveza, el mejor local del León Romántico es LA CÉLTICA (calle Cervantes)… El León Romántico, además de un receso para los hombres de provecho, es la opción vespertina de quienes saben elegir.

   Este mundo peatonal presidido por cafés concierto como EL GRAN CAFÉ (calle Cervantes), locales de tertulias literarias, artísticas y de todo tipo como EKOLE (plaza Torres de Omaña) y restaurantes tranquilos, con buen gusto y razonable relación calidad/precio –les recomiendo ahora uno, El cortijo de Susi, además de emplazarles a que conozcan a Jesús, dueño de ambos, tipo aventurero, perspicaz e innovador cuyo espectacular don de gentes puede ser ejemplo de una nueva generación de leoneses que, con preparación, creatividad, nuevas ideas y visión del mundo, está revolucionando de forma constructiva la ciudad-.

   Pero aquí cambiar de zona es cambiar de emoción como si cerráramos un libro y abriéramos otro…

   Escuché una vez decir a Gabriel García Márquez que para conocer una ciudad no sólo hay que pararse ante sus rincones y monumentos, pasear por las calles, el mercado y mezclarse entre la gente: también debemos observar con perspicacia a sus indigentes porque en las ciudades los mendigos son ángeles infiltrados.

   Los ángeles infiltrados que pueda haber en León no son mendigos sino artistas que con frecuencia parecen figurantes en la Calle Ancha.

Bien lo dice el dueño de La bicha: “si a las Ramblas de Barcelona les quitas lo que les sobra, te queda la Calle Ancha”.

   Por eso la calle Ancha es mi lugar favorito de León, lugar de siempre donde los acordeonistas se dan la mano con la tranquilidad frente a ese museo de remedios y venenos, esa subversión del tiempo, ese rincón extraño y bellísimo llamado la FARMACIA DE MERINO: no dejen de entrar en dicha máquina del tiempo con aspecto de rebotica milenaria.

La calle Ancha es el río de la vida mientras los transeúntes hechizados van o vuelven de la catedral. Oh, una forma irrepetible de mirar al cielo es esta catedral. Lo escribió una vez Guillermo Díaz Plaja: “los leoneses poseen andares elegantes porque aprenden sobre estética al mirar la catedral”. Por eso conviene fijarse en los andares de los oriundos de esta tierra porque son en si mismos un idioma sin palabras… Avancemos: para eso también sirve andar.

   Más allá de de la calle Ancha el León Romántico se expande ni más ni menos que hacia el Barrio Húmedo, ese enclave emborronado con su regusto medieval, su condición de sobredosis vital y su Plaza del Grano     –reducto arquitectónico de genio bronco, belleza oxidada y recio tiempo detenido presidido por una fuente, un crucero, un sueño y una Iglesia que llaman del Mercado-….

   Hay más bares en el Barrio Húmedo que en toda Noruega, parafraseando a Joaquín Sabina, y tiene uno la sensación de que siempre están llenos y nunca cierran…

   El Barrio Húmedo lo inventaron a medias los demócratas, los epicúreos y los cuentistas y por eso, huyendo de la perfección que nunca se alcanza, allí se come imperfectamente, se bebe del mismo modo, se cuenta y se disfruta en medio de un trenzado de plazas empedradas y calles intestinales que de día son históricas y de noche revierten en fantasmagóricas.

Los leoneses conocemos cada bar por la tapa que en él proponen, y no profanaré ahora ese secreto aprendido con paciencia y sin inocencia. Hay muchos y son como la música de Vivaldi: matices hasta el infinito. ¡Ah, las tapas! ¡Los pecados de la línea! Unas más sofisticadas y otras más resultonas pero todas suculentas y gratuitas con cada consumición; todas con el propósito de que bebamos más de lo que esperábamos… Jefe, ponga otra ronda…. Sí, de mañana vinos, de tarde tapas, de noche copas y vuelta a empezar para que siempre gire la rueda de la dicha perseguida... Lo leí en una pintada de retrete del bar CASA BENITO: “no sé de dónde coño saca pasta la luna para salir todas las noches”.

Es hermoso el modo ése como, sólo separados por la belleza nostalgiosa y acogedora de la Calle Ancha, en esta zona se unen el romanticismo y el vitalismo… León es saber vivir.

AVANCEMOS SIN RIESGO HACIA LO OSCURO: EL LEÓN GÓTICO

   De noche la Catedral de León parece más que nunca el domicilio de un vampiro esteta, pero, como para eliminar tal maldición, le han puesto últimamente una iluminación que más que alumbrarla parece que la va a derretir. Sin embargo a horas intempestivas quitan ya esa sobredosis lumínica como por piedad y, desde dentro, iluminan las vidrieras que se vuelven entonces metáforas de la primavera en medio de la noche como la belleza en medio de este mundo. La catedral de noche es un misterio atávico como la propia luna… De día se impone la procelosa, irradiante, belleza de la piedra.

   Pero saber es completar. Por eso les cuento que se construye este soberbio edificio, esta rosa de piedra por decirlo con palabras de Julio Llamazares, sobre una antigua iglesia románica que a su vez ocupaba los solares del Palacio de Ordoño II (aún se conservan bajo el suelo catedralicio unas termas romanas). Comienza su construcción hacia el año 1.205 -estilo gótico radiante- bajo la inspiración de la catedral francesa de Reims pero esta, aunque más pequeña, en mi opinión resulta más inspiradora. Su planta es de tres naves, convirtiéndose en cinco en el crucero, y la nave principal esta cerrada por bóveda de crucería cuatripartita. Los empujes verticales descansan sobre pilares con columnillas, y los empujes exteriores descansan sobre arbotantes. Posee una girola con cinco naves semiexagonales en la cabecera, y en su conjunto es uno de los modos más sublimes que el ser humano ha alcanzado al evocar lo divino.

Pero el gótico, como el sexo, es algo emparentado con lo nocturno. Por eso protagonizan este lugar las sombras de colores. Sin olvidar la Plaza de Nuestra Señora de Regla que es otra de las conocidas joyas de León, y la Escuela de Arte, uno baja las escaleras de piedra milenaria y, tras la catedral, se encuentra con la música. El color de la noche… La parte trasera de la catedral está de hecho salpicada de curiosos bares musicales donde soñar con los pies.

Les recomiendo el PPOTOBELLO DEAN CLUB, en la calle San Lorenzo, que es un coqueto local de moda con música mod y jazz-mod en el que todo tiene cierto sonido de órgano hammond y de canción de los Who (no hay que olvidar que León es la tierra de Los Flechazos, uno de los grupos españoles clásicos y más importantes en lo que a música mod se refiere, y que aquí se celebra cada año un festival mod de fama nacional, el Purple Weekend).

   También me fascina y les fascinará sino por la música, que quizá también, al menos por la cuidada decoración otro local, el BIG JOHN´S en la calle los Cubos. Se trata de un sitio de ambientación como de una licorería neoyorkina de los tiempos de la Ley Seca con música swing, cool, be bop y hard bop y una terraza inmejorable por su perspectiva de la catedral y la muralla… Después del bar Plaza -un club en la Plaza Pícara Justina con cuidada decoración compuesta por instrumentos, portadas de discos clásicos y fotografías de coleccionista adicto en el que además sirven excelentes tapas de pan de centeno y queso azul- es el mejor club de jazz de la ciudad.

   Hay también un garito reciente y bien cuidado para beatlemaníacos, cafés sosegados como los atardeceres con estas maravillosas vistas y calles estrechas en las que la noche dota a las sombras de un misterio acogedor. Vestir de negro a altas horas en el León nocturno no difiere de ir desnudo… La pureza pecaminosa de la música está en esta zona de la ciudad en la que ser anacrónico se vuelve una ventaja; en la que todo el mundo se libera un poco porque sienten que la locura intermitente y controlada nos hace más divertidos.

   Hay una mezcla de libertad y clasicismo en esta zona de la ciudad que hace de sus noches algo raro, surrealista; algo difícil de entender y de olvidar.

 

ESTA CIUDAD HA CRECIDO TAN DEPRISA QUE SUS PADRES YA NO LA ENTIENDEN: UN TOUR POR EL LEÓN VANGUARDIASTA

   Como las cosas pueden girar al menos de dos maneras distintas, un día León decidió no seguir atrapado por la nostalgia y el pasado, y surgió, detrás de esa otra conocida Joya llamada Parador de San Marcos, el barrio de Eras de Renueva. Se trata de una zona residencial, hecha con tiralíneas por los ingenieros del mundo o algo así, con su extravagantemente acristalado edificio de la Delegación Territorial de la Junta, y su metálicamente azul Edificio Europa, otros dos de los destacados hitos de la arquitectura contemporánea en la ciudad.

   Pero en Eras de Renueva –bloques de pisos y bloques de pisos porque lo de trincar parece no tener fin- primaba tanto la línea recta, la geometría, la aritmética, las matemáticas y la frialdad que hubo que agitar emocionalmente un poco todo eso, y por eso nacieron el Auditorio y el MUSAC. Se salpimentaron con esculturas las rotondas, se llenaron de bares de tapas las calles y a la velocidad del rayo herido aquello se convirtió en lo que ahora es: el nuevo Barrio Húmedo de León donde la sofisticación y la vanguardia son otra forma de presentar lo de siempre.

Dos macrocentros comerciales le dan a la zona un toque consumista posmoderno: el León Plaza, en el que además de cierta librería –sitio insólito para toparse con una librería- se encuentra Wok, un restaurante oriental bouffete libre de comida fresca y sana que cocinan maravillosamente en el acto; y Espacio Ocio León, otro centro comercial que es el mismo de todas las ciudades repetido, y en cuyas salas de enormes pantallas pasan por las tardes el cine comercialoide del momento... ¿La globalización es uniformidad, propaganda y exhibicionismo?

   De los bares de la zona, como en el Barrio Húmedo, muchos están siempre llenos como el CHORCO y el MUSEUM pero no les pienso recomendar ninguno en concreto porque el secreto de venir es poder descubrir.

   Como las novelas de anticipación científica que nos presentan con frecuencia un futuro que nos pone los pelos como escarpias para que amemos de forma más denodada el presente, no puedo ni imaginar que el futuro se parezca a lo que nos muestra hoy el arte del futuro…

El centro de atención de Eras de Renueva es el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, el MUSAC.

Concebido como lo contrario de un cubata el MUSAC es un museo en el que impresiona mucho más el continente que el contenido, pues dentro casi todo son performances, videoinstalaciones, provocaciones, snobismos y tomaduras de pelo conceptuales que jamás tendrían salida ni sentido si no fuera porque cuentan, y a manos llenas, con el despilfarrado dinero público.

Uno visita ese museo con entrada gratuita y se da cuenta de que eso que llaman el arte contemporáneo parece una lengua culta y muerta en la que el pueblo no se expresa. O algo caro y excéntrico comprado con dinero ajeno que siempre una señora de la limpieza acaba tirando por error a la basura. Va tan deprisa este arte contemporáneo que el público no “superespecializado” hace tiempo que dejó de interesarse. Así las cosas, queda en torno a esa opción una élite vanguardista en la que se incluyen principalmente artistas “supermodernos” y asesores intentando hacer negocio con el dinero institucional para paliar la indiferencia del gran público: al contrario que en la democracia, en el arte mandan las minorías.

Y es que, como quien pone una máquina de café en el polo norte, el MUSAC es un museo de arte recién hecho pues se centran en “lo joven”. Nada de pintura ni de creadores ya canónicos, sólo lo que esté hoy de moda.

 

   Como una coctelera de contrastes, una ruta enfebrecida del pasado al futuro que no distrae del presente ni impide que lo sigamos apurando a conciencia, una multiplicación de procedencias, la ciudad de León se presenta hoy ante ustedes como esa aventura que prolongará sus emociones… Nada mejor ahora que todos queremos vivir a gusto y morir como pasajeros del Titanic, esto es, justo cuando mejor lo estamos pasando. Ya saben que en sus locales los camareros son seres humanos poseedores de algún saber secreto; que en sus calles las rarezas disuelven lo neutro; que bajo su cielo uno se olvida de la existencia de los techos.

Además tengan presente que, aunque dicen que en invierno el frío de León ahuyenta a los exhibicionistas, en verano esta ciudad se abre como una flor y se muestra así repleta de reclamos…

   La ciudad de León es una experiencia posmoderna que les recomiendo, y por eso este artículo quiere ser cebo, guía, aliciente, salvoconducto y mapa...

   Como peregrinos que duermen con la ropa puesta ya están listos para el viaje al interior humano de la ciudad de los mil ojos.

   De la separación podrán restablecerse, pero del encuentro apenas.

Luis Artigue

Luisartigue.es

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