Jueves 09 de febrero de 2012 | Actualizado a las 18:48 h.
Enamorados
«Galletas de San Valentín, un dulce perfecto para el 14 de febrero»
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Mi ramalazo pirómano (que lo tengo) ha quedado desabrido. Ya digo. Sin embargo, aunque sea de forma virtual, en la hoguera que he encendido a esta hora de las brujas, cuando el sol ha dejado de hacer la puñeta en los termómetros, quiero hacer una lista de espíritus malos para quemarlos, para abrasarlos (aunque prepare con ello un gran incendio forestal).
De pequeños, desde las primeras tardes de junio, a la salida de la escuela, los chavales de cada barrio de mi pueblo (La Bañeza) nos
dedicábamos a apañar leña, en forma de zarzas que íbamos segando con hoces ferruñosas. Después, con un gancho, arrastrábamos en polvareda la montonera hasta algún solar que nos dejaban para guardar de los ladrones de hogueras de San Juan, que también los había. Una leña que defendíamos con uñas y dientes, con piedras de cantería, tiradores de chinas y hondas de badana, a poco que la chiquillería de otra barriada intentara hurtar los zarzales, los cardos o los trastos viejos que, en la limpieza para la entrada del verano, iban dejando las amas del barrio.
Hoy aquellas hogueras bañezanas que llenaban de humos espirituales las noches previas a la fiesta de San Juan se reduce a solo una, en la zona del barrio de Las Malvinas, o a la que se hace el sábado anterior a la festividad de San Pedro, en el barrio de Labradores. Pero dejadme aportar mi granito de arena. Mejor dicho, mi montonera de leña virtual para quemar, para abrasar espíritus malos. Hoy quemaría, por encima de todo, el paro y a los que lo han ocasionado (cada cual que se apañe la responsabilidad que tenga de ello). Son los peores espíritus que, actualmente, están ahogando el solar en el que lo han guardado (casi como oro en paño) el Gobierno, los sindicatos y los especuladores.
Quemaría, sin lugar a dudas a esas mentes calenturientas por el odio que conforman las calaveras de escayola de los etarras, tras persistir en sus hogueras particulares de dinamitas y otros explosivos. Qué pena, Josefa (un gran chaval que lo mismo cocinaba un marmitaco que sofritaza las mejores carnes en las fiestas veraniegas de Rentaría), aquel amigo del caserío que al verano siguiente (de la década de los 70 del pasado siglo), cuando pregunté por él, me informaron que se había exiliado a Francia, porque era de Eta.
Explotaría botellas molotov de gasolina contra la intolerancia de Gobierno y oposición para sacar a este país del pozo en el que se encuentra, en vez de seguir (ambos) pensando, gritando, cizañando, mareando, jodiendo en la forma de arañar votos electorales, a más de dos años para los comicios. Ni los unos ni los otros piensan en los españoles. Ninguno. Solo en la forma de buscar una poltrona para seguir ostentando la vara del poder, que también quedaría chamuscada en esta hoguera sanjuanista virtual, a poco que se amontonaran las brasas incandescentes.
Volvería a usar mis tiradores de chinas para poner entre ceja y ceja a los responsables de cajas de ahorros y bancos que, después de gritar por activo y por pasivo que no pasaba nada, ahora andan como puta por rastrojo, con sus bolsillos vacíos y con el canguelo en los papeles para dar créditos e hipotecas a los que se los piden.
La hoguera sería enorme, peligrosa. Y con toda seguridad, los helicópteros que andan vigilando los humos en los campos, bajarían a poner una multa de padre y muy señor mío a este pirómano informático de perra gorda. Tantum ergo sacramentum… Jesús, que noche de inciensos.
