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OPINIÓN POR BOUZA POL
Fuego a Fraga
La Asamblea General de Pescadores de Buena Vista...
23/06/2009
BURBIALIDADES
... había aprobado, por unánime unanimidad, que don Manuel Fraga fuera reconocido como miembro de la asociación por partida doble: miembro numerario y miembro de honor. En consecuencia con tan sabia decisión, al amigo Manolo (como lo llamaba Cagaleta), se le concedía potestad para votar dos veces: «Cada  hombre un voto, sí, pero don Manuel era otro cantar…», había decidido y sentenciado democráticamente la asamblea general soberana…

Cierto era que la devoción al gran maestro Cagaleta estaba fuertemente afianzada y no dejaba lugar a dudas, ni a vacilaciones, ni a disidencias, pero a raíz de la última reunión  técnico-práctica en la que don Mingo Rebollal, concisa y claramente, expuso con absoluta brillantez sus temores sobre el lucio rubio y las depredaciones, algunos acólitos jóvenes habían manifestado al salir del cónclave alguna sombra de duda, de contestación y de irreverencia. ¿Qué era eso de levantar los anulares, los dedos peores, los más díscolos dedos y, además, para más fastidiarla, los de ambas las dos manos, a la vez y a un tiempo…? ¿Acaso no era aquella actitud del Maestro un asomo de tiranía que, sin venir ni a cuento ni a capítulo ni a praxis ni a colación —decía Paco Pincha, el arenero— se nos impone y se nos exige como si fuera el santo-santorum del arte de la pesca…?

—Paciencia, Paco, espera y verás por donde nos sale, que él algo trama. Todo lo tiene ya muy bien estudiado, seguro, y los resultados no tardarán— dijo Chano Ratita en plan conciliador.
—Xa o veremos— dijo Budín.
—Xa, xa, o que vos digades, pero a min púxome deberes e teño que practicar o dos anulares— murmuró por lo bajo mi amigo Manolo Charitas.
—A saber en qué argayadas andará o maestro…, a buen seguro que busca "atopar" la perfección, el buen atinar al poner la miruca y la gusarapa en el anzuelo, pienso eu— razonó con cierta solfa Manolo Serrano, el músico.

«A ti qué te parece, Carlitos…» me preguntó de repente don Alfredo Cela, alias Totó, mientras se quitaba las gafas, las humedecía con el vaho de la boca y las limpiaba en la pechera…

«Yo confío plenamente en el Maestro don Mon Cagaleta, él me aleccionó sobre los pescadores que vienen de León, y de Ponferrada, algunos de La Bañeza y Astorga, también de Bembibre, que siempre llevan un buen fajo de billetes en el bolsillo, sobre todo esos infelices que van con la mosca seca, ¡sí lo sabré yo, don Alfredo, que los fines de semana casi nunca consigo volver a casa con alguna buena trucha, de las grandes, pues todas me las van comprando ellos por el camino!», dije yo con claro entusiasmo, tratando de no desmerecer y de estar a la altura de las circunstancias y de los tan doctos compañeros…

«Bueno, bueno, pues habrá que prepararse bien para recibir como se merece a don Manuel Fraga Iribarne y otras hierbas…», dijo don Manuel Álvarez Díaz, alias Pelús. Pensé yo entonces que la buena amistad del maestro albañil Mon Cagaleta y el Ministro de Información y Turismo don Manuel Fraga, era cosa seria…, y venía de lejos, aunque algunos envidiosos murmuradores —que siempre hay— la  tomaran a rechifla y la pusieran de caldo y medio. Los más fieles incrédulos, incapaces de entender por las buenas, no querían aceptar que nuestra Villa era importante, respetada y querida por todo el mundo, pues su prodigiosa belleza y entusiasmada alegría soñadora era tan evidente, que  dedicó una calle y una fuente a la libertad… ¿Quién ha visto en El Bierzo, en León, en España, en Europa, en el Mundo, no uno, sino dos, dos monumentos permanentes a la LIBERTAD…?

Recuerdo que le pregunté muchas veces pero nunca quiso o pudo o supo sacarme de dudas. Ahora que lo cuento, unos pensarán que en aquel trance se puso nervioso, que perdió el control… Otros, como yo, más generosos y románticos, nos inclinamos a pensar que fue un gesto calculado, un buen detalle lleno de grandeza… El caso es que empezaban a volar los primeros años de la década maravillosa de los sesenta, y el Excelentísimo Señor Ministro, conocido entre los “feriantes de la zona” como “El pollo de Villalba” y “El repollo de Lugo” (también lo hay de asa de cántaro, pero gusta menos), “giraba visita” viniendo expresamente y a propósito a la sin par Villafranca, para inaugurar la restaurada Pila Bautismal donde cristianizaron a Fray Martín Sarmiento.

La comitiva de autoridades, y los que hacíamos bulto, bajábamos ya dejando atrás la Románica Iglesia de San Santiago (no sé por qué le suelen quitar el San), con su benefactora Puerta del Perdón, y nos dirigíamos al entonces Alberque de Turismo, hoy Parador Nacional. Llegando a la altura (más bien enfrente) del monumental Castillo de los Condes de Peñarramiro, a Don Manuel no se le ocurrió otra cosa mejor que sacar un cigarro y pedir fuego. Don Antonio Bouza González, alias Sapita, sacó inmediatamente una caja de cerillas, fósforos, o mixtos, y, encendiendo uno, le dio fuego a Fraga. Luego sopló la cerilla para apagarla, y se la guardó en el bolsillo y, ni corto ni perezoso, tiró al suelo, con cierta gallardía, la caja de cerillas que tenía en la mano izquierda…

Yo fui el único que vio aquel gran detalle. Desde entonces, con razón me considero un buen observador, que procura pasar desapercibido, y que a veces lo consigue. Mi vida es un cúmulo de maravillosas sobriedades, el único lujo “repelente” que me permito es el de los buenos detalles, como este que escribo. No me prodigo más por exceso de modestia…

Mi querido padre se guardó, a propósito, la cerilla usada, que hoy forma parte de mi patrimonio personal.

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