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OPINIÓN POR PACO LABARGA
Fenómenos paranormales
Hoy voy a recordar a Satanás, aunque yo prefiero llamarlo Sotanas'...
26/04/2011
ORO, INCIENSO Y BIRRA
...pues aunque en la grafía ambos términos sólo se diferencian en una letra y una tilde, las diferencias son mucho menores en cuanto al significado (diríase que son sinónimos).

Hoy voy a recordar a Satanás, aunque yo prefiero llamarlo ‘Sotanas’, pues aunque en la grafía ambos términos sólo se diferencian en una letra y una tilde, las diferencias son mucho menores en cuanto al significado (diríase que son sinónimos).
Memoria traigo pues del Diablo, porque no hace mucho me reencontré en el parque de El Retiro de Madrid con esa obra maestra de la escultura que es el Ángel Caído, de Ricardo Bellver (el autor del nada despreciable pedestal es Jareño). Esta escultura constituye un magnífico compendio de arte y acaso habría que restregársela por los morros a Eduardo Arroyo, más que nada por ver si muestra alguna vergüenza o arrepentimiento de sus vulgares moscas. Yo se la restregaría, incluso, al difunto Chillida, quien, sin criterio alguno, colgó de un puente madrileño una masa informe de hormigón a la que ampulosamente tituló La Sirena Varada (siempre creí que no hay que desperdiciar la oportunidad que ofrecen los puentes para colgar de sus pilares engendros inservibles, como los pintores, los escultores y los arquitectos contemporáneos).
En fin, el Ángel Caído no es, contrariamente a lo que muchos piensan y dicen, un monumento destinado a loar la figura del Diablo, aunque el atrevimiento del autor de dar un protagonismo absoluto al símbolo del mal y el hecho, tampoco despreciable, de que la glorieta donde se asienta el conjunto escultórico está situada a 666 metros sobre el nivel del mar han desatado la fecunda imaginación de los parroquianos, siempre proclives a las interpretaciones esotéricas (repare el sufrido lector con cuánta asiduidad convierte el vulgo en exotéricas las cuestiones esotéricas, como lo demuestra el gran éxito que cosechan los programas de radio y televisión sobre fenómenos paranormales, que no son más que eso, para-anormales).
En fin, no voy a referirme aquí al proceso de vaciado en bronce del Ángel Caído, pues la figura original era de yeso, ni a las dimensiones. Me quedo únicamente con la atormentada y estupefacta expresión del Ángel, que, un instante antes de tomar conciencia de su rebeldía, muestra asombro por haber sido arrojado del cielo como castigo por su arrojo (osadía).
Sin embargo, esta escultura me sugiere más cosas: Satanás, el expulsado, el rebelde, es un hijo de Dios, una creación del Máximo Hacedor, acaso la más hermosa de todas sus criaturas. En consecuencia, hete aquí que es precisamente Dios la fuente de donde emana o mana el mal. Querrán negarlo, mas no podrán (léase la impresionante cita del Libro de Job recogida al principio). Satanás fue creado en el mismo seno de la luz (con el permiso de Endesa e Iberdrola). De hecho, Lucifer (otro de sus alias) significa ‘portador de luz’, así como también es habitualmente aceptado en el pensamiento cristiano que Luzbel, que asimismo lo designa, significa ‘luz bella’.
Llegados aquí, hemos de preguntarnos junto con el profeta: “¿Cómo caíste, Lucifer; tú, que brillabas en la mañana?” (Isaías XV, 12). Un pequeño excurso: hay quien afirma que estas palabras de Isaías no se refieren propiamente al Diablo, sino al último rey de Babilonia (así lo sostienen nada menos que san Jerónimo, Cirilo de Alejandría y Eusebio, mientras que para Orígenes, Tertuliano, san Cipriano y san Ambrosio la referencia al Diablo es inopinable). Yo, como si de unas elecciones municipales se tratara, me abstengo de pronunciarme.

Sin embargo, hago notar que uno de los espejos en los que continuamente se mira Satanás es Jesucristo (señalado reiteradamente en los Evangelios, tanto Él como sus símbolos, como “Blanco de contradicción”). Esa imitación continua de Jesucristo por parte de Satanás es la que llevó a Tertuliano a llamar al Diablo “Simia Dei” (imitador de Dios). De modo que quienes por motivos de fe presumen de estar rendidos a Dios, acaso no sean sino acólitos (anónimos) de Belcebú (término en cuya raíz se sitúa el nombre de otro dios: Baal). Así, el mal no es más que otra forma de manifestación de Dios (yo creo que la más genuina). No en vano, Goethe le hace decir a su Mefistófeles (dirigiéndose al infausto Fausto): “Soy una parte de aquella fuerza que siempre quiere el mal y que siempre hace el bien”. Aterrador.

Cuando alguien proclama con ardor (en mi caso de estómago) su fe en Dios, ha de saber que también está rindiendo culto (y hasta analfabeto) al Diablo. Por eso yo me intereso sobremanera por las religiones, si bien abomino de la fe, porque, si por mor de la fe alguien logra que creamos cosas absurdas y aberrantes (como que la Virgen fue virgen antes y después de haber engendrado y parido), no le será imposible lograr que también hagamos cosas absurdas y aberrantes (como colocarnos un cinturón bomba y explotarnos, o sea, como hacen los empresarios con nosotros, los pringados trabajadores).

Que nadie presuma de ser mejor que otro por amar más a Dios, porque, se quiera o no, ello lleva implícito también amar al Diablo, amar el mal. Por eso cuando yo escribía, medio en broma, como siempre escribo, que Dios y Jesucristo son símbolos del mal, no era para que mis lectores se escandalizaran, sino para que reflexionaran, tal vez con escaso éxito. Esta era la explicación.

Pese a todo, yo descreo tanto de Dios como del Diablo. Ni siquiera creo que el número de la Bestia sea el 666, como proclama san Juan en su Apocalipsis. El número de la Bestia es el 091, si no al tiempo (véase lo que pasa en Libia y en Siria).

Por cierto, sobre el Diablo se ha escrito muchísimo, pero, de todo cuanto yo conozco, nada tan genial e hilarante como la Biografía del Diablo que escribieron mis veneradísimos y ya difuntos Tip y Coll. En homenaje a ellos voy a citar de memoria algún párrafo: “El Diablo, hijo de Lucifer y nieto de Luzbel era natural de un pueblecito costero de la provincia de Ávila, de padres muy humildes y madres muy ricas. Ya desde pequeño demostró ser un verdadero Diablo y sus padres no podían hacer carrera de él. A los ocho años en la escuela le sacó los ojos al maestro para presumir delante de los demás niños, que eran incapaces de matar a su padre sin causa justificada. Los padres del Diablo le recriminaron: Eso no se hace, ¿no ves que le puedes dejar ciego?. Ha sido sin querer. ¡Cómo que sin querer!. Sin querer el maestro. Y los padres rieron la ocurrencia del niño”.

No voy a seguir, podría recitarlo entero. Al final de la biografía, se preguntan: “¿Qué ha sido del Diablo, dónde está el Diablo?” y responden: “Hasta las próximas elecciones no podremos saberlo”. Pues eso digo yo también. 

“Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás” (Job 1,6)

El Ángel caído.


 

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