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![]() El Mago Chalupa recoge las cartas de los niños bercianos en un colegio de Ponferrada. (Foto: César Sánchez) |
Chalupa cogió el testigo de Azufrito, también mago y ponferradino aunque con mucho menos carisma, para a través de los micrófonos de Radio Juventud entrar en todos los hogares de la comarca cuando llegaban las navidades. Y es que esta emisora era la encargada de organizar la cabalgata de Reyes junto a la Organización Juventud Española (OJE). Con cada carta llegaba un donativo para el desfile en forma de billete de una o dos pesetas de la época, incluso algún padre generoso enviaba hasta un duro –cinco pesetas-.
“Se creó la figura del Mago Chalupa para que los niños enviasen las cartas a Radio Juventud de Ponferrada, yo las leía y el Mago Chalupa les contestaba”, explica la locutora y esposa del famoso Mago, Yolanda Ordás –porque los embajadores reales también se casan y hasta cinco hijas tuvo-. En la parte de atrás de cada carta que llegaba, los padres enumeraban los “defectillos” del niño, desde que se muerde las uñas a que es protestón, pega a su hermana o no acaba la cena.
Durante tres horas de programa radiofónico, Yolanda Ordás y Chalupa leían las cartas llenas de ilusión de los más pequeños, a los que recordaban que tenían que portarse mejor para que les llegaran todos los regalos. “Yo tenía un cajón de madera y eran miles de cartas, no sólo de los niños de Ponferrada si no de todo El Bierzo, de la zona de Valdeorras, Laciana y Cabrera, de los lugares a donde llegábamos, no había otra emisora más que la nuestra”, recuerda la veterana locutora.
A veces era muy complicado conectar con el lejano Oriente para poder hablar con el Mago Chalupa. “Para hacer el efecto de que estaba en Oriente y yo aquí, de que había mil dificultades para conectar utilizábamos un disco de efectos especiales, el ruido de la tormenta y hacíamos mil trampas con los pocos medios que teníamos para que los niños estuvieran intrigados, mordiéndose las uñas en casa porque no podíamos conectar con el Mago Chalupa, era una cosa preciosa”, confiesa.
Una inolvidable experiencia que sigue presente en el recuerdo de los niños de hace unas décadas, ahora ya padres que tratan de trasmitir a sus hijos la magia de Chalupa. Una de esas niñas se encontró hace unos días con Yolanda Ordás y le confesó que recordaba que cuando el Mago leía su carta “se metía debajo de la mesa porque, claro, le decía que ayer había roto un vaso, que no había tomado el desayuno, que había tirado del pelo a su hermana y, como todos, abría los ojos como platos al descubrir que sabía todo lo que hacían y cómo se habían portado”.

Yolanda Ordás, viuda de Ignacio Linares, el Mago Chalupa, con dos fotos antiguas. (Foto: César Sánchez)
Negro ‘Kanfor’
Pero el Mago Chalupa no sólo era el protagonista de las tardes en la radio, sino también el más aclamado en la cabalgata. “Se creó un lazo tan fuerte, que los niños cuando venía la cabalgata de Reyes al primero al que esperaban era a Chalupa”, asegura Ordás, que recuerda que se preparaban en unos almacenes que Renfe tenía en La Placa, “con los cristales rotos porque no estaba en uso”. “Maquillábamos a los tres reyes y a Chalupa allí, congelados de frío y con las manos ateridas”.
Chalupa era negro como Baltasar –para muchos no era realmente de raza negra sino minera y, entonces, era carbón lo que tiznaba su cara-. “No sé por qué surgió la idea de que fuera negro”, afirma la locutora, que explica que al principio lo maquillaba con una mezcla negra que preparaban pero que al sudar y con el roce se iba quitando y al besar a los niños “los dejaba hechos un carnaval”. Algo que preocupaba mucho al Mago “que al año siguiente hizo pruebas con todo lo habido y por haber hasta dar con el ‘Kanfor’ de los zapatos”.
Era el maquillaje ideal, no se corría ni manchaba, podía tocar a los niños y no los ensuciaba, pero también tenía un pequeño defecto. “Estaba quince días para quitar el ‘Kanfor’, en carne viva tenía la piel, no se podía ni tocar ni afeitar, lo pasaba fatal pero estaba feliz porque podía tocar los niños”, cuenta Yolanda Ordás, que destaca que hasta su hija Beatriz no reconoció a su padre estando en sus brazos. “Mamá, el Mago Chalupa tenía los ojos igual que papá, me llegó a decir, como tenía esos ojos tan grandes y expresivos, pero no lo conoció, lo que es la ilusión”, recuerda.

El Mago Chalupa, durante su recorrido por un centro docente de Ponferrada. (Foto: César Sánchez)
El relevo
Hace seis años, al primer Mago Chalupa se le encomendó otra misión y tuvo que ceder su testigo a otros que seguirán llevando su nombre para recoger las cartas de los niños, repartir caramelos y acompañar a los Reyes Magos en la cabalgata. Así, el Mago Chalupa continúa recorriendo cada diciembre todos los colegios de Ponferrada para que los más pequeños no pierdan el contacto con este personaje tan especial. Padres y profesores se encargan de despertar su curiosidad. No saben cuál es realmente su origen, pero tienen claro que “es Chalupa, que viene a por las cartas y da caramelos”, explica emocionado David, del colegio San Antonio.
Estos nuevos Magos tomaron el relevo de Ignacio Linares, para quien Chalupa fue “una segunda parte de su vida profesional, un papel que se tomó muy a pecho, estuviera como estuviera, incluso con fiebre”, afirma orgullosa su mujer. Y aunque ya hace algún tiempo que no está aquí, desde lo alto del Pajariel, la estrella del Mago Chalupa sigue brillando cada una de las noches de Navidad para velar por que los sueños y deseos de todos los niños de El Bierzo se hagan realidad.
