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No hay lugar a dudas que noticias como el recate de Irlanda, el impacto en los mercados financieros con las caídas en las bolsas, las subidas de tipos de la deuda española, los ataques al euro, los niveles de la prima de riesgo de España en máximos etc… como mínimo, ponen en alerta a los ciudadanos de que algo grave está pasando.
Casi a renglón seguido, y sobre todo los inversores, lo que se plantean, con mucho temor y desconcierto, es dónde invertir. La mayoría de los inversores españoles están acostumbrados a que su entidad financiera les venda productos concretos, sin analizar sus necesidades ni las múltiples posibilidades de inversión que existen en el mundo. La realidad es que la mayor parte de esos productos, que han vendido las entidades financieras a sus clientes, han salido mal o muy mal, no cumpliendo con las expectativas que tenían.
Las acciones de los bancos españoles, como las de la mayoría de los bancos mundiales, han caído con fuerza, dejando perplejos a los inversores que siempre pensaron que lo más seguro y rentable era tener acciones de bancos, y cuantas más mejor. Ahora ven, cada vez con más temor, que su patrimonio cada día vale menos y que las posibilidades de recuperación no están claras, algo que siempre sucedía en el pasado. Todo esto está sumiendo a los inversores en una profunda desconfianza, dado que no saben de quien fiarse, ante la transformación tan rápida que están viviendo, de todo lo que conocían hasta ahora en la forma de invertir.
Desafortunadamente todo lo que se avecina no es precisamente para mejorar esta situación de desconcierto entre los inversores. Como sabemos Basilea III tiene como objetivo que las entidades financieras se recapitalicen, y para ello tienen que hacer una campaña de captación de recursos en los mercados muy agresiva. La caída de los márgenes y el aumento de la morosidad les va a lleva a subir comisiones, a prestar dinero a un precio mayor, y a pagar menos por los depósitos. Esto les va a llevar a ofrecer a los clientes productos para cumplir sus objetivos, y no tener en cuenta las necesidades del cliente, en la mayoría de los casos. Por tanto ofrecerán más preferentes, harán más ampliaciones de capital, emisiones de bonos convertibles u otro tipo de deuda corporativa, así como productos garantizados.
Untitled from El inversor Inquieto on Vimeo.
Los inversores se van a encontrar en la encrucijada de seguir colocando su dinero en productos de esas características, que al igual que en pasado, decepcionarán a la mayoría de quienes los compren, o cambiar de forma drástica la forma de invertir su ahorro.
Sólo una minoría de inversores está haciendo lo correcto, cuando, desde hace años, considera que invertir requiere una estrategia de la mano de expertos que buscan en todos los mercados del mundo las mejores oportunidades, con la máxima seguridad, profesionalidad y ventajas fiscales, con vehículos como los fondos de inversión.
Dicha minoría se irá convirtiendo con el paso de los años en una mayoría, dado que ahora más que nunca, la cultura financiera, la inquietud por conocer otras formas de invertir, y el afán de preservación de los capitales, llevará a muchos inversores a ser implacables con la forma tradicional de invertir, o mejor dicho, de comprar productos financieros sin estrategia ni conocimiento de las características de los mismos. Más temas de actualidad en www.elinversorinquieto.es
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