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Mientras que en el año 2008 este colectivo sumaba 14.800 desempleados, el número se ha incrementado año a año durante la crisis y pasó a 17.100 en 2009 y 24.400 en 2010. Solo en el último ejercicio, el aumento de estos parados de larga duración fue del 24,6 por ciento, una evolución que evidencia claramente que la dificultad para encontrar un trabajo ha sido mayor cada día con oscuras expectativas, en paralelo al empeoramiento de la situación económica de la Comunidad y del país.
En función de los datos, la mujer sale muy mal parada. De los 30.400 que se encuentran en este contexto laboral y social, tres de cada cuatro son féminas (22.300), mientras que el resto, 8.100, son hombres. Un porcentaje que es más equitativo en España, donde el 62 por ciento de los 704.900 parados de tres años o más son hombres (438.500), y el resto, 266.400, mujeres.
Las Variables de Submuestra de 2011 de la Encuesta de Población Activa (EPA), demuestra que el escenario en el conjunto de España se ha comportado algo peor que en la Comunidad desde 2008, ya que este colectivo creció un 167 por ciento, hasta las 704.900 personas que llegaron a esta situación. Si se tiene en cuenta el último año, el incremento también ha sido importante, de un 43 por ciento más, por encima del 24,5 por ciento de Castilla y León.
En comparación con el resto de comunidades autónomas, Castilla y León es la séptima con mayor número de parados desde hace tres años o más, superada por Andalucía (189.400), que representa una cuarta parte del total nacional, Valencia (98.900), Cataluña (96.600 parados), Canarias (55.600), Madrid (47.100) y Galicia (34.300 personas). La región andaluza fue precisamente la que protagonizó el mayor crecimiento porcentual, con un 185 por ciento más desde 2008, y la Comunidad Valenciana, con un 237 por ciento más, similar a Madrid. Destaca también que, los asturianos que llevan tres o más años sin empleo, son los que más representan dentro del colectivo general de parados, con uno de cada cinco (21,1 por ciento), frente al 16,9 de Castilla y León y el 15,4 por ciento de España.
Una entrevista en cuatro años
De estas 30.400 personas, cada una de ellas esconde un drama familiar en las nueve provincias de la región. Tras 15 años trabajando ininterrumpidamente en los medios de comunicación, la salmantina Patricia Carnero se enteró por una compañera de que había sido despedida. Tenía 35 años y muchas expectativas por delante. Supuso que, más pronto que tarde, volvería a ejercer y se tomó los primeros meses como un descanso sabático. Han pasado casi cuatro años y en todo este tiempo ha realizado una sola entrevista para trabajar en lo suyo y otras seis en diferentes sectores. Ninguna la terminó de convencer e, incluso, en varias detectó que se trataba de una oferta engañosa. Ser parada de larga duración le ha permitido enfrentarse al creciente fraude de quienes intentan aprovecharse de la situación de necesidad de personas como ella. “Durante cinco días tienen al trabajador engañado hasta que éste se va, pero ya han logrado que alguien les haga el trabajo ese tiempo sin coste”, denuncia.
Asegura que es duro comprobar que no sale nada y aún más ver cómo se alejan y te dan la espalda “personas que antes te llamaban para pedirte favores”. “Cuando dejas de ser alguien para ellos, desaparecen”, apostilla, aunque prefiere quedarse con los nuevos amigos “de verdad” que han llegado en estas circunstancias y con el apoyo incondicional de la familia, que la arropa en los momentos complicados.
Ellos también son los que la animaron a no desvincularse del mundo de la prensa e ir hacia adelante con sus dos blogs, ‘aromasdesalud.com’ y ‘blogenboxes.com’, a través de los que explota sus principales aficiones y va logrando, poco a poco, fidelizar a más gente. Optimista por naturaleza e ilusionada con sus dos bitácoras, asegura que hay luz al final del túnel. Hasta verla seguirá visitando a diario la web de una conocida empresa de ofertas laborales y enviando currículos sin perder la esperanza.
Mientras tanto…
En su misma situación se encuentra su paisana Raquel Ramos, una psicóloga de 30 años que lleva tres desempleada y reconoce estar sorprendida porque nunca en este tiempo la hayan llamado del Ecyl para ofrecerle algo. Por eso, mientras buscaba y esperaba un empleo, optó por continuar con su formación y mejorar su currículum merced a diversas labores de voluntariado o a la realización de un Máster en Recursos Humanos.
Hoy por hoy prepara unas oposiciones de psicología clínica y no deja de darle vueltas a la cabeza. Reconoce que hay momentos “de crisis total” en los que la situación la supera y se desespera “encerrada en las cuatro paredes de casa y muy hundida”. A Raquel la persigue la idea de que cuando las cosas mejoren quizá tenga una edad complicada como para que la contraten. Nunca había vivido con esa incertidumbre porque, según recuerda, cuando la situación no estaba como ahora “después de un trabajo siempre terminaba encontrando algo aunque fuera de secretaria, recepcionista o vendedora, pero algo salía”. Además, cree que aspirar a un empleo y reconocer que estás preparando oposiciones pude llegar a ser perjudicial, “pero negarlo puede hacerle creer al empresario que en todo este tiempo no te has movido y eso da mala imagen”.
Once años en paro
Prudencia Alfageme nació hace 61 años en Belver de los Montes (Zamora) y lleva once en paro, ya que no considera “trabajo” los “saltos de mata en mata” que han sido sus múltiples empleos ocasionales. Ella quiere trabajar, pero no encuentra el sitio en el que poder hacerlo.
Y sabe lo que es trabajar. De hecho, antes de cumplir los catorce ya se había ido con sus padres a Barcelona, donde se colocó como dependienta de panadería y pastelería, ocupación que mantuvo durante años. “Me casé con 20, me divorcié con 22 y cometí el error de volver a Zamora. Si me hubiera quedado en Barcelona ya que había aprendido catalán, habría tenido muchas más oportunidades”, lamenta. Añade que durante este tiempo ha hecho “un poco de todo”, pero sin un empleo fijo, solo en tareas desempeñadas en hostelería, cuidando ancianos y en suplencias.
Ahora desarrolla labores de voluntaria ayudando a dar de comer a ancianos, sin remuneración. “Llegué a estar un año seguido en hostelería, pero he ido de un trabajo a otro sin saber cómo hacerlo de otra forma”, indica. Todo ello sin abandonar la formación, pues ha hecho varios cursos, principalmente como ayudante de cocina, “pero ni por esas”.
Prudencia subsiste como puede con los 426 euros de subsidio que cobra cada mes y, “mientras pueda evitarlo”, se niega a recibir ayuda de su hijo y de sus padres, “que ya tienen bastante con salir adelante con su pensión”. En cualquier caso, esta desempleada de larga duración reconoce “tener que cerrar la boca” con frecuencia cuando escucha las quejas de quienes sí tienen trabajo. “Mucha gente no valora lo que tiene. Tener un trabajo es un tesoro y más hoy en día”, destaca.
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