Jueves 09 de febrero de 2012 | Actualizado a las 18:16 h.
Enamorados
«Galletas de San Valentín, un dulce perfecto para el 14 de febrero»
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Eran tiempos difíciles. Casi tiempos revueltos. La escena mañanera se iniciaba poco después de las nueve de la mañana a las puertas de una cafetería (el 'Dorleta' se llama todavía) del final de la avenida de la Facultad, poco antes de entrar al curro en La Crónica de León. Una tertulia de finales de la década de los 80 y principios de los 90 del pasado siglo.
El chiste de Trapo era como el último chapuzón antes de iniciar la jornada. Siempre hacía reír. Y sino, estaba su risa cachonda para prender el gasógeno de la carcajada general. A la tertulia del primer café con leche y, quizá, el primer cigarro, asistían el director entonces del rotativo citado, Óscar Campillo, Domingo Fuertes (dueño de la práctica totalidad de la manzana edificativa en la que nos ubicábamos), el que suscribe y, si se terciaba (que casi siempre se terciaba), el hoy presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, que ya, de aquella, practicaba la elegancia social del gorroneo.
Compañeros y amigos seguimos siendo Pedro García Trapiello y yo. Nuestro saludo en persona es “hola Poloski” y “hola Petrovik”. Mientras que si es por teléfono, indefectiblemente, soltamos los dos al unísono un “laudetur Jesus Cristi. Aquí Radio Vaticano”. Y es que tanto a Pedro como a mí, dentro de nuestro anticlericalismo trabucoide, siempre nos han quedado un resto de exseminaristas radicales.
Sin embargo, el último chiste de Petrovik no me ha hecho ni puta gracia ni me he carcajeado, porque lo he tenido que leer en su Cornada de lobo de la última página de Diario de León, por partida diaria doble. Y no es lo mismo contados los chistes de Trapiello con su vozarrón episcopal de Briva Mirabent, que leído en papel de periódico. (ahora, en la distancia, solo me queda su columna, lo primero que leo del Diario de León y recluido en mi retiro escatológico para que nadie me pueda ver mis reacciones a sus maestrías periodísticas).
Y es que nunca se le dio muy bien a Trapiello la futurología. Sí ya sé que ha sido siempre más un deseo que se cumpliera aquella enorme pintada, que sobre el muro del pantano de Riaño, rezó desde los años 70, con enormes caracteres; “Demolición” (tengo fotos con mi mujer y mis hijos que, para la posteridad, nos hacíamos cuando viajábamos en verano a Santander por el puerto de San Glorio), que la realidad que nos contaba Pedrín en sus cornadas de lobo del 26 y 27 pasados.
Qué plasticidad, que trabajo periodístico de envergadura, qué manejo de las fuentes (de invierno), que último chiste de Trapiello. Pero lo que más me jodió es que concluyera la fechoría de aquel 25 de agosto del 2039 con un: “El presidente Zapatero, que cumplió este mes 75 años, se reafirma en el programa de inversión y desarrollo de Riaño…”.
Joder con el flete (Petrovik o Zapatero), que diría mi padre. Ha sido una puñalada trapiella si piensas que tenemos que seguir aguantando al leonés que nació en Pucela, sus elegancias sociales del gorroneo y la demagogia.
Sí, ya sé que enfrente no tenemos a nadie de quien fiarnos. Porque el otro leonés nacido en Pontevedra no ha tenido las agallas de plantar cara a su propio partido (PP) y al zapatoste ¿socialista? Pero es que 30 años más son una exageración, coño, Trapiello.
Por eso, estaré a la expectativa de nuevas revelaciones de Don Pedro García Trapiello. Al menos, después de que pase la diada de Rodiezno, en la que Don José Luís volverá a sacar a pasear su demagogia para decir que no hay nadie como él ni más guapo ni más sonriente ni más flete, mientras los sindicalistas y compañeros mártires socialistas aplaudirán a rabiar sus cuchufletas.
No jodas, Trapiello, actúa en las agujas y cambia de vía. Hazlo por este compañero y amigo que siempre nos encontraremos en un trabucoide exseminarístico Laudetur Jesus Cristi.
Amen

