Opinión
OPINIÓN POR LUIS ARTIGUE
El terremoto de Albacete y el terremoto de León
Los sismógrafos que miden la mala hostia de la tierra y los sismógrafos que miden la mala hostia de las personas...
25/02/2015
  Preparar para imprimir  Enviar por correo
LA NOTICIA ILUMINADA DEL DIA
...El Efecto Mariposa. Escribir es tratar de captar las interconexiones….

Me refiero a que ayer, al mismo tiempo que mi jefa me daba voces como una pastora con la cacha en alto, tenía lugar un terremoto en Albacete, tierra de navajas, ámbito del Quijote. Y a mí, en plena sacudida arrebatada, se me saltó la risa –soy de esos que viven tratando de que el fin del mundo les pille bailando- mientras me daba por pensar en lo divertido que sería escribir en cinco minutos un artículo sobre la relación entre ambos descontroles destructivos.

Allí estaba, ante mí –trabajo más o menos en el Castillo de Kafka- mi jefa como una sucursal de Albacete, y con la cabeza casi dentro del cuerpo, y, sí, dando voces igual que una loca ruda de alma como pidiéndome así entrar en este artículo que viene a ser ficción metafórica de la vida: eso, de la vida que, de por si, no tiene otra cosa que sacudidas ante las que hay que saber permanecer afirmado, y manteniendo el equilibrio, y sin perder una sonrisa que te ilumine el rostro.

En efecto se trata de saber aceptar los terremotos tal y como vienen.

Y, ya que la vida es teatro del absurdo con un punto de comedia, hay en efecto que aprender a que esa gente primaria que cree que tiene más razón porque da más voces no nos irrite sino que nos haga gracia. ¡Llenemos el mundo de sonrisas que apaguen los decibelios! ¡Viva la luz!

De hecho conviene de vez en vez enfrentarse a los terremotos y a los jefes rudos con pacifismo y sonrisas como lo supo hacer el genial Sancho Panza en Barataria cuando se le ordenó:

-¡Arrodíllate ante tu Rey!

Y Sancho, impertérrito, respondió:

-Yo sólo me arrodillo ante mi amo y señor Don Quijote de la Mancha.

-Arrodíllate ante tu Rey o te mando a dormir toda la noche en el calabozo.

Y Sanco Panza, sabiduría llana, ojos como túneles de luz bonachona, le contestó entonces con impecable dignidad a mi vociferante jefa:

-Puede mandarme al calabozo esta noche o todas las que quiera, pero lo de dormir, ¡eso es decisión mía!...

¡Qué hermosa es la ficción!

¡No dejen de leer al menos una vez El Quijote!

Luis Artigue
www.luisartigue.es 

Más artículos del autor:
    Dalí
    La distopía
    Igual
    Tar(jetas)
    Hilo de oro
    Chocar 
    ERE
  Preparar para imprimir  Enviar por correo