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Dicen de él, don Vicente, que es un hombre "muy sentido". No hay duda. Lo demostró el pasado viernes, día 22, al recoger, en el Teatro Campoamor de Oviedo, junto a algunos jugadores, el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes 2010 concedido a la Selección Nacional de Futbol.
En esta España nuestra que normalmente guarda las buenas palabras para las despedidas, para los adioses, y, en especial, las mejores loas para los adioses definitivos como social y políticamente correcta puesta en escena de los sentenciosos y agudos dichos "al enemigo puente plata" y "el muerto al hoyo y el vivo al bollo", este hombre, que cual esfinge no dejó traslucir alegría alguna hasta que no nos entregó a todos la de ganar el mundial de Sudáfrica, no tuvo duda alguna de, en emocionante momento de gloria, acordarse de Luis Aragonés, y, saltándose protocolos y conveniencias, materializar su pensamiento y su sentimiento yendo a buscarlo, atrayéndolo al primer plano del homenaje y compartiendo con él dicho momento como reconocimiento de que el trabajo cuyo fruto se celebraba no había sido solamente de él, Vicente del Bosque, y sus jugadores, sino también del de su antecesor en el puesto de seleccionador nacional.
Realmente hay que ser "muy sentido" y bondadoso para saber ponerse en el lugar del otro y más en los momentos de público reconocimiento. Lección de señorío, ejemplo de árbol que no impide ver el bosque, de hombre que al pronunciar palabras como valores, esfuerzo, sacrificio, talento, disciplina, solidaridad y modestia las renuevan de contenido y no las deprecian con su manoseo como tanto patán nos tiene acostumbrados.
Todo un señor del bosque nacional este Señor del Bosque, don Vicente.
