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OPINIÓN POR PACO LABARGA
El planeta de los nimios
Al final, son las cosas más ridículas, insustanciales y nimias...
05/08/2010
ORO, INCIENSO Y BIRRA
... (no en vano este es el planeta de los nimios) las que más tiempo ocupan en la vida de un ser humano. De este modo, lo más trascendente, es decir, comer, joder, cagar y emborracharse, son actos a los que dedicamos relativamente poco tiempo si lo comparamos con el tiempo que perdemos hablando de política, de toros, de fútbol y de esas otras ocupaciones de medioburgueses ociosos y adocenados (entre los que me cuento) que son la literatura, la religión y el arte.

Incidiendo en ello, debo proseguir con la matraca poetística y, a fuer de iconoclasta, ser honesto y pedirle sinceras disculpas a Juan Carlos Mestre, porque el hombre me hizo saber que andaba un tanto dolido por el ambiguo título de la anterior entrada de mi blog. En honor a la verdad, es un señor muy educado y me trató con más afecto y simpatía de los que seguramente merezco.

En cualquier caso, jamás pretendí insultarlo a él y mucho menos a su madre (no es hijoputa quien de puta nace, sino quien putadas hace). Lo único que pretendí fue hacer mofa de ciertas expresiones que juzgo alambicadas, melifluas y afectadas, y en las que Mestre, al igual que tantos otros, abunda sin justificación, así como de los actos y reconocimientos sociales anodinos y ramplones, como la ceremonia que tuve la desgracia de tragarme el pasado día 26 de julio, en la que a Mestre lo nombraron Hijo Predilecto del Bierzo.

En esos actos el personal entontece y hasta los políticos, esos robots del posibilismo y las encuestas, se empeñan ñoñamente en pergeñar estúpidas loas y panegíricos a la figura de un poeta al que probablemente no han leído ni piensan leer en su puta vida. Por si ello no fuera suficiente, se ponen a emular al homenajeado y a ejercer ellos mismos de poetastros improvisados con el fin de ver quién escupe la metáfora más rebuscada o la imagen más epatante y, claro, quedan como el puto culo. A estos ‘vates retros’ (Satanás) habría que decirles: “¿De verdad sabes lo que es cagar?, bueno, pues hablar es lo mismo, pero por la boca, algo totalmente natural”.

No son sólo los políticos ni los poetas los que entontecen, haciendo entontecer, de paso, a sus congéneres bípedos (simios y nimios). Sin ir más lejos, unos días después del dislate ceremonial del Hijo Predilecto, hube de acudir, para mi desgracia, a la inauguración en el castillo de Ponferrada de una interesante exposición permanente de ediciones facsímiles de importantes códices miniados medievales. Bueno, pues más de lo mismo, tuve que aguantarme las ganas de vomitar ante lo empalagoso de los discursos: el del director de los museos de Ponferrada, cuya única función debiera haber sido presentar a los intervinientes, fue larga, cargante y tan autocomplaciente que parecía mismamente que el susodicho pretendiera chupársela en público a sí mismo y, aprovechando, también al alcalde y a la concejala de Cultura. La intervención del donante de la colección de facsímiles también fue inaguantable, pero a éste bien merecía la pena soportarlo por razones de fuerza mayor (‘dineris causa’).

En fin, que tras la poesía hay mucha mierda encubierta y hay mucha mierda encubierta de poesía: en cuanto aparece un claro de un bosque (si es un hayedo miel sobre hojuelas), un promontorio o una piedra que sobresale del terreno, allí se sube cualquier juntaletras a declamar, como si los árboles y los pájaros tuvieran culpa alguna de las aficiones literarias de un tío de Villafranca, por poner un ejemplo.

Jamás he denostado la poesía de Mestre, porque, entre otras cosas, me la sudan directamente la de Mestre, la de Gamoneda, la de Pereira y las del resto. Yo soy muy maniático y mis preferencias y referencias son escasísimas y en algún caso bizarras: Rumí (Mevlana), Farid Ud-Din Attar, Homero, Esquilo, Góngora, Fernández de Andrada (el otrora Anónimo Sevillano), Borges y poco más. Además, cuanto más viejo más pellejo y más restrictivos se vuelven mis gustos. Así que no hay lugar a la duda, cuando me meto con un autor siempre es un tema personal, nunca me meto con su obra, casi siempre execrable, salvo excepciones que confirman el periodo, digo la regla.

Veamos algo de lo que nos largó Mestre en el gran día de su homenaje como Hijo Predilecto: “No soy yo el Hijo Predilecto, sino lo que significa en todo caso la poesía como continuidad de una manera de estar en el mundo, de una conducta, un acto de aquellos que se aferran con las manos desnudas al relámpago de la palabra para restituir el sentido perdido por el abuso que tantas veces ha hecho el poder de las palabras”. Item más: “Detrás de un poeta están todos los poetas que han escrito antes que él. Están todos aquellos que han tenido sueños”. Otrosí digo, “La vida carecería de sentido sin resistencia al mal”. Más aún: “Tal vez la conducta de un poeta no sea otra que la de mantener inmaculada y pura la sonrisa de los muertos, la de hacer resistir al olvido, volver a hablar con la voz prestada por aquellos que tuvieron que callar tantas veces cargados de razón, en suma, los olvidados y humillados de la historia, las víctimas, los vencidos, los que aún siguen esperando en las cunetas de la historia la mano salvadora de las palabras que restituya la dignidad perdida en nuestra lengua y la memoria de nuestro idioma”.

Mestre, como Gamoneda y tantos otros, se autoproclama el gran paladín de los sin voz, de los olvidados, de los humillados y de los que aguardan en las cunetas de la historia. Primero: y mis cojones treintaitrés. Segundo: la voz de los vencedores ha inspirado siempre mejores composiciones y poemas que la de los vencidos; léanse, si no, la Iliada o Los Persas. Tercero: en general, la venganza, la violencia, la traición y la sangre han sido mucho más fecundos poética y artísticamente que el perdón y la mansedumbre, léanse, si no, La Biblia, la Orestiada, Macbeth o Beowulf. Cuarto: la concepción del oficio de poeta como “una manera de estar en el mundo” es pura demagogia sin equivalencia real: Quevedo era un verdadero cabrón y Unamuno un tipo egoísta y pagado de sí mismo. Juan Ramón y Panero, unas malas personas... y suma y sigue. La poesía, como toda la cultura, es algo propio de los hombres, no de los animales (¿podría un mono escribir la Orestiada?). A partir de ahí, no hay que ser una buena persona para ser un gran poeta o un gran artista. Más bien hay miles de ejemplos de lo contrario. Es más, la defensa del bien absoluto contra el mal, de la que también presume Mestre, es una visión simplista y maniquea, porque no hay bien y mal de forma absoluta y perenne. Que diga eso Benedicto XVI pasa, porque es un viejo acabado y cínico, pero Mestre, no me jodas, un hombre como tú, que presume de destilar pureza intelectual...

(¿Podría un simio escribir la Orestiada?, pues eso)

Mestre puede ser en la vida lo que le salga de los cojones, porque además le sale muy bien y vive de ello con gran reconocimiento social y político. Pero de ahí a que yo tenga que admirar su grandeza y la de su obra por el mero hecho de que lo premió Alberti (a quien no admiro nada) o lo reconocieron Ursinos y Pereira, me parece un tanto excesivo. Y lo de la gran trascendencia del poeta y del acto poético no se lo cree Mestre ni harto de vino del Bierzo. Por todo ello y ante tan ‘rimbomburrias’ y vacuas palabras y proclamas a nadie ni debe extrañarle mi difidencia.

Por el contrario, tanta ‘logorrea’ me hace añorar al parco, pero preciso, Khayyan, a quien yo profeso mayor fidelidad que a Mestre, a Carmen Busmayor y a todo el elenco de escritores y pensadores del Instituto de Estudios Bercianos juntos, entre otras cosas porque ya está muerto y no busca ni premios ni reconocimientos. Bueno, pues Khayyan escribió en el siglo XI esta pavorosa rubai (cuarteta iraní):

“El mundo inmenso: un grano de polvo en el espacio.
Toda la ciencia de los hombres: palabras.
Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas: sombras.
El fruto de tu constante meditación: la nada”.

Así que si Khayyan dijo esto en el sigo XI, qué cojones voy a decir yo, que aunque sea sapientísimo y docto como el propio Del Bosque no me jacto de mi ignorancia y sólo busco un poco de alcohol y de alpiste con que tapar estas vergüenzas. Mestre, querido, perdóname, porque no sé lo que digo. Así que, que pase de mí este cáliz y que rulen de una puta vez los porros y la jarra de cerveza, eso sí, bien fría, que entre todos me tenéis la cabeza como el estadio del Valencia: ‘m’estalla’.

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