Martes, 22 julio 2014Actualizado 21:08
León  Despejado
29
11

  
Leonoticias
Preparar para imprimir  Imprimir      Enviar por correo  Enviar por email         Cambiar tamaño de texto
REPORTAJE 
El ocaso del circo
La crisis se ceba con el mundo del circo, que agrava su situación con un 70 por ciento menos de ventas que en 2011
  Vote:    
Resultado: 4,6 puntos4,6 puntos4,6 puntos4,6 puntos4,6 puntos   14 votos
L. Sierra        01/07/2012
No corren buenos tiempos para el mundo del circo. La crisis también se ha cebado con este mágico mundo. Hace meses que no se llenan las funciones y los aplausos son menos sonoros que hace años. Propietarios, domadores, payasos y artistas esperan cada tarde un público cada vez menor. En el último año, la venta de entradas ha caído en picado con un 70 por ciento menos de entradas que en 2011. Una pirueta mortal que podría acabar con compañías como ‘Circo Holiday’ con seis generaciones a sus espaldas y una trayectoria de décadas en el norte del país, y Castilla y León.

Justo Sacristán, uno de los propietarios de ‘Circo Holiday, -una de las más famosas y veteranas compañías de España- recala desde hace unos días en la capital burgalesa en su particular casa, el circo ambulante que desde que tiene uso de razón conoce como hogar y en el que trabajan alrededor de 70 personas. Como cada mañana, repasa con su hermano Ramón todos los quehaceres de la jornada. La función comienza por la tarde pero hay mucho que hacer.

Dar de comer a los animales y ajustar un nuevo graderío son los principales cometidos de una jornada como otra cualquiera. Hay que dejar todo listo para que a las 20 horas pueda comenzar una nueva función y nada falle. “Aquí sabemos a qué hora nos levantamos, pero no cuándo nos vamos a la cama. Siempre hay mil cosas que hacer”, comenta Justo en declaraciones a Ical, mientras echa un vistazo a la venta de entradas y torna su gesto. “No hay muchas ventas hoy. Hoy tampoco ha habido suerte. Últimamente esto ya no es lo que era”, lamenta con sinceridad.

En plena temporada, y en un primer balance, Justo mira con recelo al futuro. “Venimos de las ferias de San Bernabé, en Logroño, y con 27.000 euros de gastos hemos sacado 5.000 de taquilla. Un desastre”, explica. Las pérdidas son cuantiosas, aunque los herederos y sexta generación de esta familia de artistas confían en que las cosas remonten y el mundo del circo “pueda volver algún día a ser lo que fue” y no tengan que llegar a plantearse “temas más serios”, como un hipotético cierre.

La familia Holiday es muy amplia. Una treintena de artistas compuesta por domadores, payasos, trapecistas y virtuosos de otras artes escénicas a la que ha de sumarse un conjunto de trabajadores que compone un número de 70 trabajadores. Una gran familia que, pese a las apreturas económicas del momento, sigue recorriendo el norte del país con la misma ilusión y con la esperanza de que ferias como Santander, Palencia o Salamanca les den un respiro a sus malogradas nóminas. No cabe otra opción más que “tirar para adelante”.

Los cocodrilos, una de las atracciones del circo. (Foto: Ricardo Ordóñez)

Seis generaciones

Antonia Barniol una de las primeras escalatorres, modalidad de los volatineros consistente en subir escalando las torres de las iglesias y Juan Aguilella, quien durante la guerra civil cambió su apellido por el de Sacristán comenzaron la andadura. Bisabuelos del padre de Juanjo emprendieron en una complicada época una aventura titiritera que les llevó a recorrer gran parte del norte del país. “Eran los auténticos titiriteros que iban por las calles trabajando en posadas, en cuadras y en la calle”, recuerda. De origen riojano, el que comenzase bajo el exótico nombre de ‘Circo Tokio’ con la ayuda de un grupo de payasos, es en la actualidad una compañía mundial en la que trabajan artistas de distintas nacionalidades y que dan vida a un espectáculo en el que los artistas se siguen jugando la vida en arriesgados números o en el adiestramiento de pesados animales como los elefantes.

Juanjo y su amplia familia son el resultado de una peculiar estirpe, aún no extinta, que lleva en las sangre el serrín, como les gusta decir. “Yo nací en el circo junto con mis siete hermanos. No conocemos otra vida. Yo aprendí antes a ser payaso que a andar”, bromea. Eran otros tiempos, “nosotros no fuimos a la escuela, directamente comenzamos a trabajar aquí y aprendimos un oficio que no cambiamos por nada del mundo”, añade.

Una vida dura que les lleva a pasar las 24 horas del día en la carpa y si no es en la carpa, en la carretera. “Hay gente que tiene el circo como un negocio y que vive en hoteles. Nosotros no, vivimos para el circo y dormimos, comemos, trabajamos y vivimos aquí”. Una vida muy distinta a la de cualquier persona que, sin embargo, no les hace estar alejados del mundo.

Hijos de trabajadores del circo, con una cría de tigre. (Foto: Ricardo Ordóñez)

Que empiece la función

El redoble del tambor anuncia una nueva función. La luz ilumina la carpa y la magia inunda un graderío con capacidad para mil personas que en los últimos meses apenas llena un centenar. El espectáculo es muy variado. Con una duración de dos horas y cuarto, permite a los espectadores disfrutar de números de luz y láser, malabarismo, equilibrio y trapecio sin olvidar a los payasos. También hay muchos números con animales con actuaciones de camellos, un elefante, camellos, cocodrilos, avestruces, bisontes, ponis, caballos y reptiles.

Un amplio abanico para el que son necesarias muchas horas de trabajo y dedicación. Especialmente en el traslado y alimentación de los animales, con mayor atención a algunos peligrosos como los cocodrilos, que se encarga de alimentar el propio Juanjo, cuyos brazos lucen alguna que otra mordedura de este animal. “Nosotros les domamos y alimentamos porque es mucho más barato que si tenemos que contratar a alguien”, agrega.

En este circo animales son casi o más importantes que las propias personas y se van renovando continuamente. “Les tenemos alquilados porque nos sale mucho más rentable”, confiesa Juanjo. De este modo, cada semana el circo arrenda los animales más exóticos y de mayor coste en el mercado, de modo que en caso de enfermedad o cualquier otro problema, la función puede seguirse realizando “sin parar ni un solo día”.

Taquillas del circo Hollyday. (Foto: Ricardo Ordóñez)

Había una vez…

El circo es uno de los elementos más comunes a la infancia de todos los españoles. Quien más, quien menos ha cantado alguna vez la canción de los payasos de la tele y se ha emocionado al recordar aquella vez que su padre o su abuelo le llevaron a ver, en vivo, lo que solamente podía verse en la tele. Una sensación diferente que hizo que niños de distintas generaciones se ilusionasen en torno al mundo del circo.

Hoy las cosas, parecen bien distintas. “Los niños no vienen al circo porque hemos permitido que lo vean todo por Internet y parece que eso les vale”, lamenta Juanjo. “Yo soy el primero que permito que mis hijos tengan ordenador, pero hay que sentir y ver, y eso solo se consigue en una carpa”.

Pese a los cambios en el mundo, ‘Circo Holiday’ es uno de los pocos circos tradicionales que operan en el país. Alejado de conceptos más vanguardistas como ‘El Circo del Sol’, que para los que trabajan aquí “engañan al público”, ofrece un espectáculo “real” en el que los artistas se juegan el pellejo. “Nuestros artistas hacen el doble y hasta el triple salto mortal”, subraya Juanjo.

Crisis y futuro

El año 2011 fue uno de los más complicados para el mundo del circo. Pese a ello, se crearon diez nuevas compañías familiares que han ampliado la oferta de un mundo circense en el que, sin embargo, no crece la demanda. Una paradoja que afecta a pequeñas compañías como ‘Holiday’ al repartirse una cartera de clientes cada vez menor y a la que es cada vez más difícil sorprender.

Con estas premisas y unas cuentas cada vez más negativas, los verdaderos amantes del circo miran al futuro con recelo. “Para colmo el Ministerio de Cultura nos ha quitado la única ayuda que teníamos y cada vez priman más las ayudas a compañías de otros países como Francia e Italia. No nos están ayudando nada”, puntualiza Juanjo.

La noche cae en la carpa. El bullicio de las fiestas de la capital burgalesa se aleja de la tranquila vida de la familia ‘Holiday’, solo alterado por las risas de los pequeños de la saga que juegan con una nueva mascota, un cachorro de león de apenas 40 días al que pronto pondrán a trabajar. Es la última incorporación a un mundo de profesionales, herederos del vodevil y el teatro de variedades, que se niega a desaparecer con crisis o sin ella.

Vote:    
Resultado: 4,6 puntos4,6 puntos4,6 puntos4,6 puntos4,6 puntos   14 votos
Compartir noticia:
Preparar para imprimir  Imprimir      Enviar por correo  Enviar por email         Cambiar tamaño de texto
Todas las noticias
 
Gestor de contenidos
desarrollado por
Powered by
SPC v2012 ®