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Una vez cerrada en Zamora, la muestra se trasladará al Museo de León, donde permanecerá abierta desde el 30 de julio hasta el 28 de agosto, antes de pasar al Monasterio de Carracedo (León), lugar en el que se convertirá en exposición permanente desde el 3 de septiembre.
La muestra, que utiliza profusamente las nuevas tecnologías, se centra en los monasterios del oeste de Castilla y León y ofrce una visión pormenorizada del de Santa María de Moreruela, ubicado en Granja de Moreruela (Zamora). Los soportes tecnológicos empleados van desde las audioguías, que permiten conocer la historia de cada monasterio y sus espacios de mayor interés, a aparatos como lectores de MP3, teléfonos móviles o dispositivos de localización por satélite, entre otros.
Además, la tecnología ‘bluetooth’ hará llegar a los teléfonos móviles una guía con fotografías y textos de cada uno de los monasterios cistercienses, con solo activar en modo visible esa función en el móvil y aceptar la correspondiente instalación de la guía.
Por otra parte, existe la posibilidad de visitas panorámicas de 360 grados de algunos de los monasterios más destacados, al poderse seleccionar y mover con el ratón las vistas desde en el menú de la aplicación, así como pasear por el exterior e interior del monasterio reconstruido en su época de máximo esplendor.
“Hemos conservado las ruinas existente en la actualidad para una mayor fidelidad del modelo”, apuntaron las mismas fuentes. En este sentido, se puede pasear y mirar hacia arriba y hacia los lados y permitir a otro usuario que desde otro ordenador pueda entrar en el mismo mundo virtual y hacer una visita conjunta del mismo con la utilización de la voz en tiempo real.
Las nuevas tecnologías ofrecen también un audiovisual, que explica el mundo del Císter con un texto que sigue las pautas y las horas de la regla monástica, y una visita en tres dimensiones del levantamiento virtual del monasterio de Santa María de Moreruela con la ayuda de gafas 3D.
Los sistemas empleados para difundir el patrimonio cultural permiten que personas con diferentes capacidades puedan acceder a los productos culturales “según sus necesidades”, según indicaron las mismas fuentes. “Los contenidos son más accesibles, más ecológicos, al reducir la utilización del papel a temas específicos, y más universales, al permitir el acceso a millones de usuarios en la red sin costes añadidos”, añadieron.
