Opinión
OPINIÓN POR BEATRIZ SAN MILLÁN PÉREZ
El miedo racional y el miedo al miedo
El miedo es una de las emociones básicas que siente el ser humano. Es una emoción que aviva nuestro instinto de supervivencia y nos predispone a estar alerta para huir y protegernos.
12/06/2014
  Preparar para imprimir  Enviar por correo
LA NARANJA MECÁNICA
El miedo existe desde que existe el ser humano y se activa cuando notamos una amenaza sobre nosotros. Cuando creemos que algo malo nos puede pasar nuestro organismo se acelera e, inmediatamente, busca maneras de ponerse a salvo, bien sea huyendo, escondiéndonos o preparándonos para atacar.

Aunque también el miedo nos puede paralizar e impedirnos tomar decisiones prácticas. Así, si es demasiado intenso el miedo que sentimos lo podemos considerar terror. Y el terror nos puede causar un bloqueo mental y físico. Puede hacer que ante la desgracia nos quedemos quietos y no podamos pensar en posibles alternativas para emprender la huída y escapar del peligro inminente.

Existen miedos reales y miedos que no son reales. El miedo real es el que sentimos hacia cosas peligrosas, como por ejemplo, ante animales que nos pueden causar graves lesiones, ante armas u objetos peligrosos, ante enfermedades terminales, etc. Es decir, la causa de esos miedos es algo racional porque el daño es probable y a lo largo de la historia así ha sucedido.

En cambio, el miedo no real proviene de nosotros mismos. Es fruto de nuestra baja autoestima y de nuestra inseguridad. Algunos ejemplos de miedo no racional son el miedo a tomar nuevos caminos, a emprender, el temor a que nos pueda ocurrir algo malo aún en una situación de seguridad total o el miedo al futuro y a vivir sin preocupaciones.

Todo esto hace que no podamos disfrutar de nuestro día a día sin estar alerta o sin pensar que todo es demasiado bueno para que siga igual. Nos crea supersticiones y pensamientos aciagos. Y, sobre todo, el miedo nos quita libertad.

Una vez que sentimos ese miedo irracional y huimos nos sentimos aún más vulnerables y menos capaces de enfrentarnos a él. Por eso, cada vez se acentúa más la intensidad con la que sentimos ese miedo y la preocupación y trataremos de evitarlo con más ahínco. Se inicia, así, un círculo vicioso de huida y escape que cada vez abarca más aspectos porque cada vez sentiremos temor por más cosas. 

El miedo llega a ser incontrolable y se convierte en miedo al miedo y hace que percibamos el mundo como un lugar peligroso y la vida como una continua huída de los peligros y las preocupaciones. Llega un punto en que no sabemos qué hacer porque ya no encontramos recursos para protegernos, podemos estar completamente aislados y el sentimiento de miedo sigue creciendo.

La única salida es enfrentarnos a ese temor que nos persigue y ponerle límites. Ser capaces de hacerle frente y tomar el control de la situación nos ayudará a ver que somos capaces de tomar decisiones racionales. Adoptar una postura de afrontamiento en lugar de huída mejora nuestra autoestima y nos da seguridad porque nos deja comprobar que realmente tenemos herramientas para hacer frente a los temores que nosotros inventamos. Y de esta manera nos llenaremos de fuerzas para continuar nuestro camino vital sin miedo, sin preocupaciones y con la certeza de poder enfrentarnos a las dificultades que nos vayan surgiendo.

Sólo enfrentándonos a los miedos irracionales podremos detener esta espiral que nosotros mismos hemos creado y vencerlos para recuperar nuestra libertad.

Beatriz San Millán Pérez

@PsicoBSM 

http://psicobsm.com/ 

https://www.facebook.com/Psicobsm

Más artículos del autor:
    El apego
    El miedo
    Los celos
  Preparar para imprimir  Enviar por correo