|
|

En mi pequeña huerta de regadío, jardín del edén al lado del paseo fluvial del amado Burbia, tengo puesta una selecta gran variedad de árboles frutales de los que depende parte de mi tiempo y de mi felicidad cotidiana. Desde este lugar delicioso (donde disfruto tanto como el burro del señor Luis Nixo en el “prao” en sus buenos tiempos) siento desfilar, al natural, a su aire, a mucha gente de cualquier lugar de España y del mundo. Aquí, muy cerca de la bonita playa fluvial, en la gloria, me entretengo, aprendo y disfruto hablando con la gente que pasa. Es tan grande mi dependencia afectiva y emocional a este maravilloso entorno villafranquino que sin él seguramente se deterioraría mi buena salud mental, mi ilusión, mi entusiasmo…, por eso tengo que denunciar una vez más la negligencia de la Confederación Hidrográfica Miño-Sil que nada hizo durante el verano para reparar el muro-dique-escollera que protege el paseo fluvial y mi huerta de los bravos ataques del Burbia, que ya el pasado invierno derribó un trozo de él e hizo un boquete socavón muy considerable. Si algo grave sucediera, ni el ayuntamiento ni la confederación podrán lavarse las manos, pues quedan debidamente informados públicamente.
Lamentablemente ha cambiado tanto la vida rural que ahora los nuevos ricos madrugan mucho para molestar al vecino y, sin darse cuenta, a primeras horas de la mañana, apenas ha despuntado el día, ya están ellos muy afanados gozándola con el cortacésped, la desbrozadora y la motosierra de gasolina. Y, además, para más inri, hasta se permiten el atrevimiento de aconsejarme que yo haga lo mismo…, y me deje ya, de una maldita vez, de sudar tanto con la hoz, el hocín o el “foucín”. No son capaces de entender estos atentos forofos de la modernidad y del progreso que pueda haber gente como yo, tan rara, a la que le gusta el silencio, el esfuerzo físico, el doblar los riñones sin molestar a los vecinos con ruidos infernales de motores y contaminación de humos.
«Si quieres ser feliz procura depender lo menos posible de tu prójimo», escribió Bouza Pol, y también: «No hay peor enemigo que el vecino», sobre todo cuando el vecino es un complicado “borrico” que tiene poco que perder. Lo he aprendido desde niño y, desgraciadamente, me ha tocado venir padeciéndolo, unas veces “tragando” por mor de la buena convivencia y otras “protestando” para no dejarme pisar, pero no hay tu tía: los necios siempre son perseverantes. Por eso me pregunto muchas veces ¿cómo es posible que no haya una ley clara y contundente que impida que el propietario de una casa pueda tenerla abandonada durante años, hasta la ruina, y mientras esto sucede esté causando daños cuantiosos y graves problemas a los vecinos colindantes…? Y lo mismo digo en relación con el que padece algún tipo de trastorno, como el llamado “Síndrome de Diógenes”, que acumula toda clase de materiales y de basuras.
En fin, que me disgustan los ruidos y me gusta la paz, la tranquilidad, la concordia. Soy de pueblo y mi mejor antidepresivo es la actividad física y mental en el campo, en la tierra que tanto amo.
Con toda burbialidad.
