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OPINIÓN POR POLO FUERTES
El hermano del hijo pródigo
Cuenta el bueno de San Lucas en el capítulo...
30/01/2011
CON VENTANAS A LA CALLE
... quince de su evangelio una hermosa parábola, la del hijo pródigo, que no voy a descubrir ahora aquí. En síntesis viene a decir que hay más alegría en casa por el hijo (de puta, seguro) que vuelve al redil, después de armarlas pardas por ahí, que aquel que ha permanecido bajo la atenta mirada del jefe y llevando las broncas y hostias correspondientes. Mecagüenlaaaaa.

Bueno, viene esto a colación para ilustrar un viejo pensamiento al que no dejo de darle vueltas y vueltas y vueltas. Desde hace unos años, los ayuntamientos o pueblos a punto de desaparecer por falta de niños, jóvenes y mayores están dando una serie de dádivas para repoblarlos como sea. Una especie de que vuelvan los hijos pródigos que se fueron marchando, huyendo de la miseria, o los hijos de estos hijos. Mientras que los que quedaron no han tenido ni un mínimo de afecto, a pesar de que gracias a su constancia, el pueblo frenó como pudo su irreversible desaparición (algunos no han podido llegar a la meta y han caído bajo la piqueta del olvido y la desidia vecinal e institucional).

Qué bien verdad. Para el hijo pródigo el mejor ternero y los mejores condimentos porque ha vuelto al redil, estaba perdido y ha sido hallado. Mientras los que quedaron sentados a la vera del camino de la desaparición de la desesperación, ni un miserable cordero para mojar el pan y comer con tenedor y paso atrás las escaseces del día a día.

Hay más, oiga. Llevo muchos, más de cuarenta años apuntado a la misma entidad bancaria para lo bueno (casi nunca) y para lo malo (lo normal), aunque haya cambiado dos veces (o tres) de nomenclatura. He tenido (o tengo, no sé muy bien) escuálidos ahorros en alguna cuenta de larga duración. He cobrado las nóminas de mi trabajo durante más de cuarenta y cuatro años, ahora cobro la pensión (congelada y todo, señor Joaquín), pago religiosamente (es un decir, porque mecagüenlaaaa) hipotecas, recibos, tarjetas… ¿Tú crees que me ha dado la susodicha entidad bancaria un lapicero, aunque sea para llamarme tonto? Tan sólo un bonito y coloreado calendario a final de año y, buena va barbero.

Sin embargo, para atraer más clientes ponen en marcha cada poco una serie de promociones, regalando desde alfombras a microondas, desde vajillas a ordenadores portátiles, desde la luna en verso al lucero del alba. Ahí tenéis otra forma de hijos pródigos y de hermanos del susodicho hijodeputapródigo.

Voy más allá. Creo que pase de 40 años los que llevo cotizando a la misma compañía de telefonía, fija y ahora fijaymóvil. He padecido esperas de sobrecargas de líneas y aguantado insolencias de telefonistas (también lo contrario). Me costó un huevo y la yema del otro conseguir lo del adeeseele (ADSL) y el teléfono gratuito para el territorio español, pagando la tira de pasta al mes. Sufro constantemente la lentitud de Internet, porque si quiero poner más velocidad, es cuestión de pagar tres, seis, o nueve euros más y te meten la directa (a lo pero torcida, pero te la meten). Bueno, cosas del directo.

Pero ¡ay salao!, llega el hijo pródigo que ha estado de cuchipanda por otras telefonías y le dan el oro, el moro y la madre que los parió. A nosotros, a los de toda la vida, ni un triste cordero para comer con los amigos. Hace poco, pregunté en la calle a un compañero de chateo qué le pasaba, que le mandaba correos electrónicos y me los rechazaba. La respuesta me dejó un tanto intranquilo: “Me he dado de baja, para poder acceder a las promociones que tiene la compañía y apuntarme a una tarifa mucho más barata, pero con mejores prestaciones”.

¡Ay salao! El compañero se había apuntado a ser mejor un hijo pródigo que a seguir y seguir aguantando marea de ser hermano del hijo pródigo. Mecagüenlaaaaa. Al final tendremos que optar por lo del prodigio de darse de baja y después de alta para seguir botando en la cama elástica del pin, pan, pun, que es de la misma raíz que pródigo. Hijo, por Dios.

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