Opinión
OPINIÓN POR LUIS ARTIGUE
El diablo en cada esquina
No hay que pecar -pero si así lo desean en estas páginas encontrarán no pocas maneras de hacerlo- dejó
22/07/2015
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LA NOTICIA ILUMINADA DEL DIA
escrito el Arcipreste de Hita en su célebre Libro del Buen Amor … Igualmente, señoras y señores de la sala, no hay que delinquir, sí, hay que tratar de mantenerse dentro de la ley, desde luego, pero si desean cometer delitos en la última novela de Jordi Ledesma titulada EL DIABLO EN CADA ESQUINA encontrarán todo un catálogo de formas y maneras de poner en práctica el dudoso arte de la delincuencia mayor… Si además, estimado lector, eres de los que prefieren los impactos visuales a los impactos verbales, éste es tu libro.

En efecto hemos de reconocer que la novela negra con prosa funcional y cinéfila influencia ni siquiera del llamado fílm noir sino de los thriller taquilleros, acaso la más común hoy en las librerías, por lo general es tan efectista como resultadista. Por eso nos sorprende y revitaliza éticamente el notarialismo social ideológicamente cargado, el afán de crear salvajes frescos sociológicos y el psicologismo matizado e inquietante con el que abordan la ficción criminal algunos escritores del perdurable hoy como Cristina Fallarás, Carlos Salem, Carlos Zanon y Marta Sanz…

Pero el cine desdeña cada vez más el poliédrico y profundo poder de la palabra en detrimento de la imagen, y eso está calando en la literatura.

En este sentido llama la atención de la nueva novela de Jordi Ledesma EL DIABLO EN CADA ESQUINA (Ed. Alrevés) que huya de la estructura lineal, a pesar de que empiece de modo clásico por la presentación del personaje y la recreación de ambiente, a la hora de introducirnos, mediante una prosa borisvianesca amiga del realismo sucio, en su historia repleta de policías corruptos, putas y adicciones pero a su vez centrada en describir y reflejar de modo coral y trepidante distintas posibilidades de la degradación humana, sí, como pulpa y motor del envenenamiento moral de una ciudad (Barcelona).

Es pausado el comienzo, la descripción de un hijo de papá llamado Esteban y su caída paulatina en los infiernos de la delincuencia y la soledad, y lenta la presentación de los otros tres personajes principales –Jorge, policía de hígado perjudicado y corazón vencido por la ambición, Humberta, chica colombiana y frágil que avanzó por la vida portando el corazón en la mano hasta convertirse en una licenciada en derecho a roce llamada Dulce y Santi, traumado soldado cuya biografía anímica le hace desembocar en el crimen organizado pasando de militar a sicario- y los cuatro secundarios, pero todo lo demás en estas páginas va como un tren bala japonés: se trata de un relato-puzzle trepidante pero sólo estructuralmente consistente –al terminar de leerla advertimos que la importancia que el arte tiene en la trama va parejo a la estructura de historia encadenada con forma global de mosaico o tabla de El Bosco- con una hechura coral al servicio de una trama no exenta de mil puntos de giro argumental que, a pesar de acercarnos a seres de psicología y conducta extremas en medio de una ciudad tan moralmente degradada que en sus calles el mal resulta conveniente socialmente, nos inquieta sobremanera al dejarnos claro que todo sucede o puede suceder aquí y ahora, a nuestro lado...

Pero, a pesar de la plasticidad de las escenas de desmedida violencia, de la frescura y trabajada corrección, y de los no pocos destellos felices de las tramas, del naturalismo salvaje de ciertas escenas y diálogos siempre dan la sensación de obedecer a una fórmula.

Sin embargo aunque hay quien diría que nos encontramos ante una novela sin mundo propio que recrea una ciudad acartonada y posee la estructura y la readaptada textura de Pulp Fiction de Quentin Tarantino; o quien diría que en esta novela impactante y veloz dicha velocidad hace que se resientan por momentos la sintaxis y la prosa; yo me quedo con la habilidad para la documentación social y sociológica y con la finura moral que este prometedor autor muestra y demuestra… El mal acecha… Esta novela lo deja patente de modo fehaciente… ¡Cuídense!

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