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Ayer, señor alcalde, que había quedado yo con la dama más hermosa y gentil de León, con la Pulchra Leonina, casi llegué tarde a la cita por culpa de estas dichosas (creo que lo son) tachuelas, o tachuelones: da gusto verlas, o verlos, en perfecta formación de marcha, en fila india, guardando entre sí, entre ellas, la misma distancia…
Empecé a contarlas, como siempre, y al llegar al final ¡qué horror!, sólo me salían ciento cuarenta y tres, ¡ostras, don Paco! —me dije— que nos han robado una, y di la vuelta inmediatamente, contando para atrás y, gracias a Dios, ¡qué alegría! me había equivocado yo en la cuenta (y eso que soy de ciencias y experto contable), pues estaban todas, las ciento cuarenta y cuatro. Os confieso que jamás me alegré tanto de mi propia equivocación pero, no obstante, quise asegurarme bien, y volví a contarlas otra vez al retomar el sentido original de mi camino hacia la cita maravillosa.
No sé que tienen estas tachuelas, o tachuelones que, a mí, al menos, me pueden retrasar o estropear una cita. Bien mirado (siempre miro bien), yo creo que tal vez sean un hermoso canto a la aritmética, a la geometría, a la simetría, a las ciencias exactas y, además, una llamada permanente al diálogo, a la amena conversación, al intercambio de opiniones y de pareceres con los turistas que se paran y preguntan, y hasta se hacen cruces: ¡Jesús, María, y José, ¿qué será esto?!
Y tú, o sea yo, les contesto (no sé que harán los demás interrogados) según me cuadre, pero siempre digo algo bonito, algo nuevo, pues estas tachuelas tienen además la virtud de motivar mi creatividad, de engrandecer mi pensamiento, de magnificar mi expresión oral y corporal.
Vivimos tiempos tan así (no me atrevo a calificarlos con rotundidad) que hay todavía en León, señor alcalde, mucha gente que no conoce La Colegiata de Villafranca, pecado que se puede entender hasta cierto punto, pero lo que no tiene explicación posible es que haya algunos leoneses de la ciudad y muchos de la provincia que no conocen, que no disfrutan con la contemplación más o menos extasiada de estas hermosísimas tachuelas tan chulis, como dice mi nieto cada vez que va saltando de una a otra.
No se preocupen tanto, señores ediles, que la vida es así y hay mucha ingratitud, mucha incomprensión y, claro está, todavía puede quedar por ahí alguna gente rara que se pregunte: ¿Para qué sirven o servirán estas tachuelas-tachuelones…?
¡Qué bonitas son las doce docenas!
Escribo siempre con toda burbialidad, y más hoy que cumple Leonoticias.com un día y tres añines.
¡Felicidades!
