Opinión
OPINIÓN POR BEATRIZ SAN MILLÁN PÉREZ
 Día Internacional de la Mujer
El día 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer. Ha habido una larga lucha...
07/03/2013
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LA NARANJA MECÁNICA
...hasta conseguir que esta celebración fuera considerada a nivel mundial. Poco a poco, se han ido logrando derechos que para los hombres son inherentes por el hecho de ser seres humanos con capacidad de raciocinio como el derecho al voto, al trabajo remunerado, a la independencia económica…

Algunos de los argumentos que se han dado a lo largo de la historia son: “no son tan inteligentes como los hombres”, “no están preparadas”, “no sabrían organizar su vida y se echarían a perder”, “si dejáramos estas decisiones en manos de las mujeres todo se iría al garete”, etc.… O aquellas tan sorprendentes que encontramos en creencias antediluvianas como que las mujeres son seres inferiores y, en algunos casos, las consideran al nivel de los animales o se escudan en que carecen de sensibilidad. 

Habitualmente, se ha considerado que la mujer es el sexo débil y de ahí viene la explicación por la que no pueden cobrar el mismo sueldo que un hombre por su trabajo. Tienen menos fuerza y por tanto son menos productivas. Quizá podría ser una excusa difícil de discutir en épocas en las que el sustento económico eran la agricultura y la ganadería y el bien más preciado la fuerza física.

Pero la realidad del asunto es que la mujer se ocupaba de la casa y de los hijos porque, por supuesto, era su deber. Y además, como “no trabajaba” debía echar una mano a su marido con las tierras o el ganado porque “el pobre trabajaba de sol a sol como un burro”. Además, como su labor era meramente colaborativa y no suponía la misma carga física que la de sus cónyuges estaba más que justificado que aún estando embarazadas fueran a ayudar hasta el mismo día del parto. Y tenían suerte si se les complicaba un poco y se veían obligadas a guardar reposo, no sin arriesgarse a que las llamaran vagas y confirmaran así su condición de sexo débil.

Aquellas que trabajaban en fábricas no corrían mucha mejor suerte. Si faltaban al trabajo dejaban de cobrar los días que estuvieran ausentes con las consecuencias subsiguientes para la economía familiar. Y no hablemos ya si el marido era un borracho conocido de la ciudad que se gastaba el jornal en la taberna mientras en casa le esperaba la retahíla de hijos.

 En la actualidad (y en el mundo “desarrollado”), ya no es muy frecuente el trabajo físico y muchos empleos suelen ser un poco más cómodos pero las diferencias salariales continúan existiendo. ¿A qué se considera ahora debilidad? ¿A la inteligencia? ¿A la capacidad de atender al público? ¿Quién decide que intelectualmente son inferiores? Un dato académico es que desde hace algún tiempo las mujeres ocupan una proporción mayor en los estudios universitarios que los hombres (y no sólo estudian carreras de letras que, supuestamente, son las más fáciles).

Otro dato, es que los altos cargos de las empresas siguen dominados, en su mayoría, por el sexo masculino. Principalmente porque nuestra sociedad aún sigue creyéndose eso de que un hombre llega a ocupar un puesto importante porque es muy válido pero una mujer “a saber lo que habrá hecho para llegar tan arriba”…

Lamentablemente aún seguimos encadenados a viejos mitos. Por un lado, están los prejuicios de quienes contratan por pensar que no están capacitadas para desarrollar una labor de tanta responsabilidad o que no sabrán hacerse respetar. Y, por otro lado, están ellas mismas minadas por el sentido de culpabilidad que se desprende de dedicar tanto tiempo al trabajo y restárselo al que conceden a sus hijos y a su casa.

¿A su casa? Inconscientemente, desde pequeños seguimos inculcando esa idea absurda del cuidado y la responsabilidad de la casa a las niñas. Seguimos siendo más condescendientes con los niños y aplaudimos los esfuerzos de ellas por cooperar en las tareas del hogar. Sin hablar del tipo de juguetes que se regalan cada año.

Para terminar, no olvidemos a las mujeres solteras, divorciadas, separadas, etc. que se encargan de cuidar ellas solas de sus hijos. Intentan trabajar el máximo número de horas para poder mantener con su sueldo (muchas veces inferior) a su prole y, además, intentan estirar las horas del reloj para poder disfrutar y educar a sus hijos.

Por estas y por muchas otras razones es más que necesario que se les dedique un día en el calendario.

Beatriz San Millán Pérez

psicoBSM.com

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