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Y no hay un día de mucha afluencia de gente que no se produzcan atropellos. Y no les hablo de uno ni de dos, ni siquiera de diez, son muchos más. Realmente son incontables. Pero lo que sí se sabe es que hay choques que llevan a más de uno directo al hospital.
Todos los esquiadores cuentan con el riesgo intrínseco que supone la práctica de este deporte pero lo que nadie espera es que termines en una camilla porque una persona sin sentido común acabe chocando contra ti, tirándote por los suelos.
Esa es la principal razón de tantos atropellos, la falta de sentido común de muchas de las personas que suben a la montaña.
Y yo me pregunto, ¿Quién controla el aforo de esquiadores en las pistas?, acaso no está regulado el aforo o la capacidad de clientes que puede tener un bar, un restaurante y hasta una piscina. ¿A qué velocidad está permitido bajar dependiendo del nivel de dificultad de la pista y quién permite a principiantes deslizarse por lugares por los que no están capacitados?
Estos son los verdaderamente peligrosos, los que pueden abalanzarse por detrás de nosotros o de nuestros hijos y nos pueden causar graves daños. En otros países europeos como Francia existe algo que se podría denominar en España la policía de pistas.
Tienen autoridad para retirar el forfait a aquellos que no cumplen ciertas reglas y que pueden llegar a ser peligrosos para el resto de los esquiadores. Creo que nosotros en San Isidro y en el resto de las estaciones de España, necesitaríamos una normativa al respecto, y me consta que los responsables de la estación están realmente preocupados por los atropellos que se dan casi a diario en sus pistas.
Está claro que existe un vacío legal que hay que tapar cuanto antes. Así que si sube a esquiar, tenga mucho cuidado de que nadie le tire, pero sobre todo, utilice su sentido común. Recuerde que se sube a disfrutar y no a competir. Y, sobre todo, que San Isidro es un lugar de ocio y no un circuito de velocidad.
Que sean felices.
